Caracas, 11 de febrero de 2026.- “En comuna uno se siente en familia; trabajamos juntos por nuestros proyectos y por el bienestar de la comunidad. En la sociedad eso no se ve, porque cada quien va por lo suyo”. Estas fueron las palabras del campesino Albeth Rafael Guédez al marcar la diferencia entre vivir en comuna y hacerlo fuera de ella.
Su testimonio nace desde la Comuna Socialista Tierra Gayona, un territorio conformado por 29 consejos comunales y 2685 familias, cuyas prácticas se han ido convirtiendo en una lección de agroecología territorializada y de reproducción de la vida. Esta comuna está ubicada en la vía principal de la carretera trasandina, parroquia Guarico, municipio Morán del estado Lara, a 1100 metros sobre el nivel del mar, en la zona alta del sur larense.
En ese espacio comunitario, la producción de alimentos se ha convertido en una práctica cotidiana que articula saberes campesinos, organización popular y defensa de la madre tierra.
Albeth Rafael Guédez explicó que su experiencia dentro de la Comuna Socialista Tierra Gayona ha estado centrada en la producción de alimentos inocuos y sanos, libres de pesticidas y químicos. Su trabajo se ha enfocado especialmente en el cultivo de hortalizas, en particular la lechuga repollada, y más recientemente en la producción de café.
Recordó que su participación en la comuna comenzó con la formación de los consejos comunales durante el gobierno del presidente Hugo Chávez. Con el tiempo, ese proceso organizativo derivó en la constitución de la comuna, un camino que —según dijo— resultaba “lo más viable para una producción sustentable y sana”, orientada a garantizar alimentos para las mesas de las familias del territorio.
El comunero larense relató que proviene de una familia de agricultores: es el antepenúltimo de diez hermanos, todos dedicados al trabajo de la tierra. Contó que cuando comenzó a sembrar lo hizo bajo el modelo convencional, pero incluso antes de la Revolución ya se preguntaba cómo transformar ese sistema hacia uno más saludable.
A propósito de lo anterior, Guédez dijo que ese cuestionamiento lo llevó a indagar en la agroecología, un camino que ha ido recorriendo, poco a poco hasta asumirlo como práctica.
Entre los aprendizajes más importantes, el larense destacó que la agricultura agroecológica enseña a cuidar a la madre tierra, proteger los suelos, la biodiversidad y el agua, bienes esenciales para producir alimentos sanos.
Explicó que su transición comenzó al observar el desgaste de los suelos causado por el uso prolongado de pesticidas y agroquímicos. Ese proceso de reflexión lo llevó a encontrarse con personas con conocimientos agroecológicos que lo apoyaron en el cambio de un método a otro. Desde entonces, ha trabajado con microorganismos de montaña, bacterias y hongos como Bacillus thuringiensis, Trichoderma, Beauveria, entre otros, además de abonos orgánicos y prácticas como la cobertura del suelo y la sombra en el café. Indicó que con estas técnicas han avanzado mucho, aunque —manifestó— aún queda camino por recorrer para seguir produciendo de manera sana.
El campesino Albeth Rafael Guédez expuso que al inicio obtenía los microorganismos necesarios para la agricultura agroecológica gracias a un amigo de la misma parroquia, quien los preparaba y se los hacía llegar porque también trabajaba en esa práctica. Con el tiempo, dijo, también los adquirió en algunas tiendas comerciales cuando no tenía disponibilidad para el momento.
Señaló que, gracias a la inoculación de los suelos, hoy necesita aplicar “menos guarapo”, porque los suelos han mejorado notablemente.
Guédez comentó que actualmente está dedicado a la caficultura —además de mantener parte de la producción de hortalizas—, aunque reconoció que el tiempo no siempre le permite abarcar todas las labores. Aun así, continúa sembrando maíz, auyamas, caraota y algunas especies como la canavalia, conocida como toddy blanco. Destacó que esta planta funciona como un “susurrador natural” que perfora el suelo con sus raíces, mejora su contextura, aumenta la esponjosidad y favorece la retención de agua, una práctica que describió como “sembrar el agua”.

Trabajo comunitario en el territorio
Albeth Rafael Guédez, integrante de la Comuna Socialista Tierra Gayona, declaró que su participación no se limita a la producción; también ha sido invitado a escuelas para dar talleres, charlas y conversatorios sobre agricultura, especialmente agroecológica, con el fin de que los niños aprendan desde temprano la importancia de cultivar de manera sana.
Narró que comparte estas prácticas tanto con algunas familias de la comuna como con su propia familia, que vive agrupada en una extensión de una hectárea y cuarto. Dijo que en ese espacio cultiva en la zona de los tolares y en los terrenos disponibles.
Guédez señaló que las prácticas agroecológicas han ido aumentando en la zona de Morán. Recordó que, desde que comenzó con este enfoque, insistía a sus amigos dedicados a la caficultura, a las hortalizas y a otros rubros que era necesario cambiar, porque la agricultura convencional acaba con los suelos y enferma a las personas. Para él, la transición hacia la agroecología es indispensable para lograr “suelos sanos, plantas sanas, alimentos sanos, hombres sanos y mujeres sanas”.
Sobre las dudas iniciales de otros productores con respecto a la agroecología, Guédez contó que muchos le preguntaban cómo se trabajaba ese método. Él les daba orientaciones y los animaba a comenzar. Recordó que, en plena crisis económica producto del bloqueo imperial, llegó incluso a reunir orina para preparar abono foliar, una práctica que —explicó— resulta muy buena para las plantas. Apuntó que algunas especies pueden recibir ese abono por vía foliar y otras directamente en el suelo.
El café como oportunidad para sanar los suelos
El campesino larense Albeth Rafael Guédez explicó que su motivación para trabajar con el café —junto a un grupo de personas de la comuna— surgió al observar que la producción cafetalera había decaído en el territorio.
A su juicio, ese deterioro estaba directamente relacionado con las prácticas de cultivo: la tala de árboles, así como el uso de glifosato y otros químicos que dañaban los suelos. Indicó que estos métodos provocaban deslaves, poca retención de agua y la ausencia de raíces que sostuvieran la tierra, problemas que se repetían cada vez que caía un “aguacero”.
Frente a ese escenario, insistió en que era necesario “cambiar para bien”, mejorar y cuidar el territorio. Por eso decidieron enfocarse en el café como un rubro estratégico para contribuir con la madre tierra, aplicando prácticas como la cobertura del suelo, que comparó con la piel del cuerpo humano: “Si se quita, se sufre; lo mismo ocurre con la tierra, porque los suelos son vivos (no muertos), y sin vida no producen”.
El comunero alegó que, tras analizar las condiciones del territorio, concluyó que es necesario sembrar todas las variedades de café bajo sombra. Advirtió que traer variedades que no son autóctonas conduce a repetir los errores del pasado, porque la gente tiende a sembrarlas a campo abierto, tumbando árboles y profundizando el daño a la madre naturaleza.
Desde su perspectiva, trabajar con café bajo sombra es la vía coherente con la agroecología; permite mantener la cobertura del suelo, diversificar las plantas, favorecer el enraizamiento y contribuir al secuestro de carbono, un aspecto que considera fundamental ante los efectos de la crisis ambiental global.
Guédez comentó que el café requiere un manejo muy riguroso, porque “el grano de café es un grano que se contamina con cualquier cosa”. Por eso, aunque aún no cuentan con una cadena de producción completa, están montándose en ese camino para alcanzar los estándares necesarios y consolidar una verdadera producción comunal.
En relación con la articulación del proyecto cafetalero con las escuelas, Guédez detalló que actualmente están dando talleres en las escuelas de la zona, con el objetivo de formar y educar a los estudiantes en el camino de los huertos agroecológicos. Su intención es avanzar “con más ahínco y amor” hacia las metas que se han propuesto como comuna.
Al ser consultado por la periodista Nerliny Carucí sobre el tipo de instituciones con las que trabajan, precisó que por ahora están vinculados con escuelas básicas en la parte rural.
Saberes ancestrales y salud natural
Al referirse a los aprendizajes heredados de los antepasados, Albeth Rafael Guédez, campesino larense, explicó que en la Comuna Socialista Tierra Gayona existe una iniciativa impulsada por un grupo de personas que trabajan con medicina natural.
Detalló que se están realizando formaciones en las escuelas para enseñar a quienes estén interesados en la salud basada en prácticas naturales. Precisó que en esos talleres han participado personas provenientes de las zonas más altas de la montaña, portadoras de conocimientos ancestrales que ahora se están multiplicando para el bien comunitario en distintas poblaciones de la parroquia Guarico y en parroquias vecinas.
Guédez destacó que estos grupos se están formando en medicina natural, utilizando hierbas y diversas formas de curación tradicionales, similares a las que practicaban chamanes, curanderos y parteras. Alegó que el objetivo es promover una salud preventiva, que permita no depender de los productos farmacéuticos de la medicina occidental que, según señaló, generan adicción y suelen ser recetados “casi de por vida”.
Para el comunero, recuperar estas culturas y sus prácticas —como las de los gayones, pueblo ancestral de la zona— permitiría mantener a la población más sana, siempre acompañada de una buena alimentación con productos sanos y de un cuidado integral que también incluye la salud mental. En sus palabras, se trata de evitar “llenarse de tanta chatarra”, especialmente en lo relacionado con el sistema digestivo.
Sobre las escuelas con las que están trabajando, Albeth Rafael Guédez puntualizó que actualmente participan en actividades formativas en la Escuela Manuel Gil El Alto, ubicada cerca del pueblo, en el caserío. También mencionó la Escuela Granja Guarico, donde están iniciando un programa y en la que ha participado impartiendo algunos talleres. Señaló que, aunque al principio la participación es limitada, “poco a poco más gente se va sumando a esta dinámica”.
Sembrar conciencia desde la escuela
Al hablar de la experiencia de compartir con las nuevas generaciones, Albeth Rafael Guédez explicó que en los talleres comienzan conversando con los estudiantes sobre la tierra, el suelo y sobre las plantas y las distintas semillas, insistiendo en la importancia de cuidarlas.
Comentó que muchos alumnos muestran interés, hacen preguntas y buscan saber más, lo que permite que estos niños y adolescentes vayan construyendo una base de conocimiento que, en el futuro, pueda convertirse en una herencia de saberes “como una parte ancestral, pero con un bien común para mejorar nuestro sistema de vida”.
El comunero indicó que ya existe un huerto escolar, y relató que debía hacer presencia en la Escuela Manuel Gil El Alto para impartir un taller sobre cómo germinar semillas, incluyendo el trabajo con semillas sexuales y asexuales, para que los estudiantes continúen ampliando sus conocimientos. Aseguró que ha visto que esta experiencia les gusta y los motiva a seguir aprendiendo.
Vivir en comuna
Sobre lo que significa vivir en comuna, Albeth Rafael Guédez expresó que para él es “vivir en humanidad, en asociación, el vivir viviendo para conseguir la felicidad plena”.
Sobre cómo se materializa esa convivencia con familiares, vecinos y personas que piensan distinto, el comunero larense señaló que la clave está en mantener una comunicación asertiva, capaz de llegar incluso a quienes aún tienen dudas o no muestran interés. Considera que esa comunicación es fundamental para construir la capacidad de convivir “en un mundo mejor”.
Guédez narró que en su comuna cuentan con un juez de paz. Además, recordó que cada persona tiene su forma de pensar y vivir espiritualmente, y que lo importante es que exista respeto para poder convivir en comunidad.
En cuanto a la gestión de la comunicación dentro de la comunidad y las familias, manifestó que participar implica también ponerse en el lugar del otro para comprender los problemas que puedan surgir.
Reconoció que algunas personas pueden resolver sus dificultades con mayor facilidad, mientras que otras necesitan apoyo para comprender situaciones que desconocen por “ignorancia”. Aclaró que cuando habla de “ignorancia” no se refiere a una ofensa, sino a la falta de conocimiento en ciertos temas que impide fluir como individuo dentro de un tipo de sociedad que aspira a mirarse horizontalmente, en igualdad, para alcanzar el buen vivir que desean en la comuna.
Un llamado a cambiar el sistema
En su mensaje final, Albeth Rafael Guédez expresó su deseo como ser humano, como guariqueño y como hijo de la tierra gayona. Invitó a las personas a tomar conciencia sobre los problemas que atraviesa el planeta, desde las guerras hasta las consecuencias de la crisis ambiental global, que —dijo— han traído tantas tragedias. Para el larense, ha llegado el momento de repensar el futuro y mejorar las condiciones de vida mediante prácticas sanas, especialmente en la agricultura.
Guédez insistió en que cualquier persona, independientemente de su oficio —sea maestro, doctor, abogado o trabajador de cualquier área— puede aportar si actúa con amor al prójimo, de manera desinteresada y no movida únicamente por lo material, sino por la humanidad. Solo así, afirmó, se podrá avanzar hacia un mundo mejor.
El campesino recordó las palabras del comandante Hugo Chávez al afirmar que “un mundo nuevo y mejor es posible”, y que no hace falta cambiar el clima, sino cambiar el sistema.


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