Caracas, 15 de septiembre de 2026.- “Las decisiones, la soberanía, como acto de tener la libertad y el derecho a decidir el destino, están en las bases populares. En el pueblo radica el poder”. Así lo manifestó Guillermo Barreto, investigador venezolano, al reflexionar sobre la organización y la formación comunitarias.
Barreto señaló que el tránsito hacia una democracia participativa y protagónica, tal como se ha ido viviendo en el país, constituye un cambio profundo y revolucionario. “Significa acabar con estructuras coloniales que tienen siglos y toda una base filosófica que viene de la Ilustración”, explicó.
Aunque este proceso es complejo, Barreto destacó que en Venezuela se dio un paso decisivo con la promulgación de la Constitución de 1999, que diferencia claramente entre poder constituyente y poder constituido. “El poder constituyente es permanente porque es el poder del pueblo, quien tiene la soberanía. No son los gobernantes, son los pueblos”, recordó.
Indicó que, aunque el Estado liberal-burgués continúa existiendo con sus estructuras tradicionales —ejecutivo, judicial, legislativo, alcaldías—, en paralelo se ha fortalecido un poder que nace desde la base territorial. “Se empieza a fortalecer un poder que viene desde el territorio, que comienza como consejo comunal y evoluciona a comunas”, explicó.
Según el investigador, la organización popular y su capacidad de decidir sobre su propio destino generan una fortaleza esencial ante cualquier amenaza imperialista.
Ruptura con la democracia representativa
Barreto, quien es biólogo con doctorado en Ciencias, recordó que, según la Constitución de 1961, contemplaba que “la soberanía residía en el pueblo, que la ejercía a través del voto”; mientras que la Constitución de 1999 introduce un cambio decisivo: “La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo”.
La palabra intransferiblemente, subrayó, marca la ruptura con la lógica representativa tradicional. A partir de ese ideal, explicó Barreto, se desarrolló un conjunto de leyes del poder popular que definen la relación entre las comunas y las instituciones del Estado. “Lo que se está es tratando de facilitar la articulación entre una cosa y la otra”, apuntó.
No obstante, dijo que esto no se da de un día para otro, “porque es un cambio sobre la idea de gobierno, la idea de soberanía, la idea de independencia. Lo que sucede es que no necesariamente el poder constituido lo entiende y se establecen tensiones y se establecen contradicciones, que es normal; no es un fracaso de la revolución que haya contradicciones, disyuntivas y complejidades. Si no hubiese contradicciones, no habría revolución, aseguró.

Tensiones entre poder constituido y poder obediencial
Durante su participación en el programa “En clave comunal”, Guillermo Barreto declaró que las tensiones entre el poder constituido y el poder obediencial “tienen que ver con los proyectos de desarrollo, con los financiamientos, con quién maneja el dinero de los proyectos”, señaló.
Barreto subrayó que el punto de estas tensiones “es quién decide, y ahí son importantes dos factores: que el alcalde o la alcaldesa lo entiendan, y si no lo entienden, que la organización popular se imponga diciéndonos: Nosotros somos el poder, nosotros detentamos la soberanía”, expresó.
Para él, la legitimidad reside en “la asamblea [de pobladores y pobladoras] que es el órgano máximo de decisión. Cuando las decisiones las toma la comunidad, lo que sea que se haga tiene legitimidad”.
Para reforzar el anterior planteamiento, Barreto citó al filósofo Enrique Dussel y sus tres principios éticos de la política. El primero es la reafirmación de la vida: “Por ejemplo, un proyecto para generar agua potable a la población, por supuesto que reafirma la vida, siempre y cuando se tengan en cuenta las capacidades territoriales y se respeten los ciclos de la madre tierra”.
El segundo principio es la legitimidad: “La legitimidad solamente se logra con la decisión asamblearia, con la decisión colectiva”. Y el tercer principio es la factibilidad: “Si nosotros decidimos que vamos a montar una represa para tapar el agua del Guaire, y entonces ese canal del Guaire lo vamos a hacer como un parque. Eso no tiene ningún sentido, eso no es factible; eso es populismo, eso es demagogia. Entonces eso no es ético. El proyecto tiene que ser factible”.
Colonización mental y modelo civilizatorio en crisis
Guillermo Barreto, docente de la Universidad Nacional de las Ciencias, manifestó que el primer desafío para reflexionar las necesidades reales de las comunidades es reconocer la colonización mental que condiciona nuestra forma de relacionarnos con el territorio y con la madre tierra.
“Primero, darnos cuenta de que estamos colonizados mentalmente. El proceso de colonización son 500 años de imponer unos saberes, un conocimiento y una visión de mundo. Y esa visión de mundo ha demostrado, porque lo estamos viendo, que conduce a la muerte, al desastre; es un modelo de muerte”, aseveró.
Destacó que transformar esa visión requiere un trabajo de formación, discusión y debate dentro de las comunidades, “que contrarresten las narrativas colonizadoras que están destruyendo la Tierra”.
Indicó que una transformación verdadera exige revisar los currículos educativos, pues allí se reproduce la visión de mundo que sostiene el modelo dominante.
Para Barreto, lo esencial es asumir la urgencia del cambio. “Tenemos que cambiar el sistema, tenemos que cambiar la forma en la que vivimos en el mundo. El sistema dominante nos está llevando al desastre”, reiteró.

Revolución cultural
El investigador Guillermo Barreto comentó que la revolución cultural en Venezuela ha avanzado, “quizás no tan rápido, con algunos retrocesos, pero sí hemos avanzado”. Resaltó que, en comparación con otros países de la región, Venezuela presenta un nivel de organización y conciencia política superior.
Enfatizó que la formación comunitaria es un componente clave. “En formación necesitamos fortalecer, necesitamos acelerar los procesos porque la formación es crucial para tomar esta decisión. Hay que profundizar los procesos de formación tecnopolítica”, opinó.
Barreto insistió en que la formación debe ser integral. “La formación implica conocer la historia, los procesos sociales, la geopolítica. Conocer cuáles son los intereses que se manejan para entender los procesos que estamos viviendo, para entender en qué momento estamos, qué estamos viviendo y cómo podemos avanzar”, disertó.
Autoformación para fortalecer la organización popular
Guillermo Barreto, investigador del Instituto Tricontinental de Investigación Social, hizo hincapié en que “la organización se hace más fuerte cuando hay más formación, porque hay más conciencia de lo que se está haciendo y por qué se está haciendo”.
Explicó que el Instituto Tricontinental de Investigación Social es un colectivo de investigadores e investigadoras con presencia en Asia, África, América Latina, Estados Unidos y Europa. “Nace como una necesidad de promover la investigación de las contradicciones de este sistema. Conocer el capitalismo y sus contradicciones, conocer las luchas de liberación que ha habido en el mundo. Hay que estar conscientes de nuestro pasado, de nuestros ancestros, de las luchas que se han dado, y reconocerlas y aprender de ellas. Y estudiar el futuro deseado. El futuro como algo que somos capaces de construir”, dijo.
Expuso que los textos eurocéntricos muestran el capitalismo como producto de un proceso de avance de la humanidad. “Como si no hubiese posibilidad de otro modelo. Y el que no se amolda a este modelo no ‘progresa, se queda en el atraso, en la barbarie’. Pero nosotros vemos que el futuro es algo que no existe, sino que construimos. Y tenemos el derecho a decidir qué futuro queremos construir”, acentuó.
Barreto recordó que el Instituto Tricontinental surge en 2015 tras el encuentro internacional Dilemas de la Humanidad, donde movimientos sociales, partidos y sindicatos del mundo acordaron tres decisiones: “Crear la Asamblea Internacional de los Pueblos, una plataforma que actualmente cuenta con más de 200 movimientos sociales, organizaciones y partidos del mundo. Se toma la decisión de generar un instituto de investigación de los procesos sociales. Ahí nace el Instituto Tricontinental y se llega a la decisión de conformar una red de escuelas de formación. Es decir: se reconoce que la formación es vital para que estos procesos marchen de manera coherente, de manera firme”.
Recalcó la importancia de las escuelas de formación inspiradas en la educación popular de Paulo Freire y en la teología de la liberación. “Nosotros tenemos que apoyar y acompañar este tipo de escuelas de formación, donde no es solamente un participante que va y recibe una clase de un tema: es más que eso, pues la idea es que se formen personas para ser activas, para fortalecer sus organizaciones y fortalecer la lucha de liberación”, señaló.
Guillermo Barreto señaló que en Venezuela existe una experiencia de formación vinculada directamente al poder comunal: la Universidad Nacional de las Comunas (Unacom). “Tiene una sede bellísima en Carabobo, aunque la Unacom está extendida por todo el país, donde la comuna es la universidad; tanto su sede central como los distintos territorios constituyen espacios estratégicos que pueden dar un impulso muy grande a estos temas de formación, de formación tecnopolítica”, consideró.
Alertó que las comunas más organizadas tienen una gran carga de trabajo —distribución de alimentos, producción, seguridad, salud, censos— y “ muchas veces no tienen tiempo para sentarse a estudiar”.
En tal sentido, Barreto insistió en que la formación debe asumirse como parte del trabajo político cotidiano. “Nosotros tenemos que ser conscientes de que la formación es también parte del trabajo político. Si mañana tengo que organizar bolsas de comida para repartirla, eso lo tengo que hacer, pero también tengo que tener una hora, dos horas para estudiar y para debatir con mis compañeros y mis compañeras. En la medida en que uno tome eso como parte de la labor, eso va a promover muchísimo la formación y va a fortalecer la organización popular”, reiteró.

Trascender la formación libresca
En conversa con la periodista Nerliny Carucí, Guillermo Barreto, quien es colaborador visitante del Centro de Estudio de Transformaciones Sociales del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), habló sobre los desafíos de la autoformación comunitaria, donde superar la formación exclusivamente libresca es uno de los retos.
Destacó que las escuelas de formación que trabajan con metodologías de educación popular, inspiradas en Paulo Freire, rompen con el modelo tradicional del pupitre y el libro, y se centran en la praxis: “Implica mucho más práctica, mucho más debate, entender que se está en un colectivo, que se trabaja por un colectivo, y que no solamente es el libro, sino que es entreayudarse”.
Mencionó que, en estas escuelas, el aprendizaje incluye tareas colectivas. “En estas escuelas de formación, por ejemplo, ahí los estudiantes tienen que pasar por la cocina, porque no es que alguien te lo va a hacer a ti. Y por sembrar alimentos también, porque a veces nos desconectamos de la tierra. Eso hay que hacerlo, una escuela que tenga un terreno donde se pueda sembrar, y que tú puedas decir que la comida de un curso la sembraron los estudiantes del curso pasado, y que el curso presente siembre para la comida del curso siguiente. Esto, además, te involucra con la tierra, te involucra con lo que es el alimento, que es algo que la modernidad nos ha separado, ha bloqueado esa conexión”, dijo.
En consecuencia, para el biólogo, sembrar y cocinar son actos pedagógicos que permiten comprender el territorio vivo y romper con dinámicas colonizadoras. En sus palabras recordó el pensamiento educativo del maestro Simón Rodríguez: “El trabajar es ‘aprender-haciendo’”.
Invitó a “ubicar temas que le interesen a la comunidad, para leerlos y discutirlos, y cuando se discuten temas [como el imperialismo, el Superniño, la crisis climática global], es importante que no sea alguien que explique el tema, sino que entre todos discutan el tema, y lo comparen y lo analicen en función de lo que están viviendo en ese momento”.
Romper las cadenas coloniales que aprisionan la mente
Referente al actual contexto mundial donde la guerra cognitiva, la inteligencia artificial y las redes sociales digitales moldean en la humanidad un razonamiento automático, el investigador Guillermo Barreto reiteró que la clave está en fomentar el pensamiento crítico por medio de la formación popular.
Ilustró que en el caso venezolano existe una experiencia fabulosa, la Alianza Científico-Campesina, que es de organización popular alrededor del alimento, alrededor de la siembra y de la protección de la semilla nativa, de la semilla afrodescendiente, campesina. “Es una experiencia que trasciende la visión colonial”, expresó.
Para culminar su intervención, Guillermo Barreto manifestó la importancia de la descolonización en los pueblos, pues “va a permitir liberarnos de las cadenas que tenemos en la mente, para poder accionarnos y construir el futuro que deseamos”.


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