Investigador Éder Peña: “La comuna es la contrarregla frente al ‘estado de excepción’ global”

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    Investigador Éder Peña: “La comuna es la contrarregla frente al ‘estado de excepción’ global”

    Caracas, 21 de enero de 2026.- “La espiritualidad comunitaria ha sido, históricamente, la trinchera de resistencia de muchos pueblos y naciones, porque es allí donde la globalización y el capitalismo han dirigido con mayor fuerza sus ataques”, así lo dijo el investigador venezolano, Éder Peña.

    Durante su participación en el programa “En clave comunal”, Peña señaló que el llamado “tablero geopolítico” —la forma en la que se han configurado los países en el mundo— atraviesa actualmente un punto de inflexión.

    Explicó que, durante los últimos 30 o 40 años, la globalización se consolidó como un proceso que penetró todas las dimensiones de la vida humana, hasta el punto de reordenar incluso a la propia madre tierra, un fenómeno que diversos autores han denominado ‘Capitaloceno’.

    El analista geopolítico afirmó que este largo ciclo de globalización produjo un resultado inesperado para las élites occidentales. Mientras estas proyectaban un escenario de predominio unipolar y de imposición de los valores liberales y capitalistas, el propio proceso neoliberal terminó generando multipolaridad; es decir, la emergencia de nuevos polos de poder como China, India y Rusia. Venezuela —subrayó— se encuentra inscrita en ese marco de disputa global.

    En este contexto, interpretó la agresión militar a Venezuela por parte de Estados Unidos, el pasado 3 de enero, no como un intento por reinstalar su visión unipolar del mundo, sino como una respuesta directa a la multipolaridad, amparada en la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) publicada en diciembre. En ese documento, recordó Éder Peña, Estados Unidos reafirma que considera el hemisferio occidental como “su” hemisferio y que no permitirá la presencia de competidores extrahemisféricos. “Hoy no hay reglas”, citó.

    Aclaró que la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) no implica un repliegue estadounidense hacia su hemisferio, sino la continuidad de acciones de sabotaje y de mecanismos de presión en distintos puntos del planeta.

    Éder Peña vinculó esta lógica con la acción contra Irán, con posibles intervenciones futuras en África y con la forma en que fue “extinguida” la Franja de Gaza, hechos que, a su juicio, evidencian un reacomodo del poder más que una retirada estratégica.

    Advirtió que, en este contexto, es posible que en los próximos días se observen respuestas materiales, más allá de las narrativas diplomáticas o mediáticas, como parte de esta disputa global en curso.

    La necesidad de “re-existir”

    Para Éder Peña, especialista en agroecología insurgente, la dominación imperial no opera únicamente sobre los territorios y los bienes esenciales de la naturaleza, sino también sobre la forma en que las personas piensan, sienten y organizan la vida.

    Explicó que en Occidente existe una manera de existir “divorciada de la especie humana y de la cultura humana”, moldeada por las élites económicas y políticas.

    Estas élites, afirmó, han influido durante décadas en la forma en que las sociedades se comportan, comen, responden a las crisis e incluso imaginan el futuro, mediante discursos “ilusorios” que reproducen escenarios hollywoodenses.

    Frente a ello, insistió en la importancia de “re-existir” ―retomando la expresión de Porto Gonçalves― como un acto de retorno al territorio y a la vida comunitaria.

    El miedo como herramienta de colonización digital

    En relación con las redes sociales digitales y la inteligencia artificial generativa, el analista Éder Peña afirmó que su primer efecto es inocular el virus del miedo. Explicó que este miedo se manifiesta en múltiples dimensiones, desde jóvenes que se deprimen al compararse con vidas idealizadas en las redes sociales, hasta la manipulación del discurso liberal sobre los derechos humanos, que —según señaló— solo se aplica a ciertos sectores de la población.

    Peña denunció que ninguna ONG de derecha ni transnacional ha defendido los derechos humanos de las personas afectadas por los bombardeos recientes, porque “para ellos no existen”. Añadió que, en la lógica de las potencias, la receta para consolidarse como tales es siempre la misma: “Menospreciar al débil”.

    La ilusión del progreso

    Éder Peña, investigador del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), expresó que los relatos imperiales sobre el progreso y los derechos humanos funcionan como mecanismos de seducción global que ocultan profundas desigualdades.

    Señaló que basta observar el modo de vida de la clase media estadounidense —no de los ricos, sino de quienes mueven la economía mundial mediante su consumo— para comprender que se trata de un modelo imposible de universalizar.

    “Tú le estás diciendo al resto del planeta que va a vivir como ellos, como la clase media estadounidense: que va a tener uno, dos o tres carros en su casa; que contará con agua todo el día; que dispondrá de electricidad para derrochar; que con solo aplaudir se enciende la luz, la cocina, la nevera, lo que sea. Pero el planeta no tiene capacidad para que todos vivamos así”, expuso.

    El analista recordó que hace una década se estimaba que se necesitaban tres planetas y medio para sostener el nivel de vida estadounidense, pero hoy su cálculo asciende a siete planetas Tierra. Explicó que este modelo no solo devora a la naturaleza no humana, sino que exige erradicar culturas y pueblos.

    Ante esto, destacó que la historia reciente de Venezuela ha sido una larga marcha de resistencia, ejercida tanto de manera consciente como inconsciente. “Hemos estado resistiendo a esa especie de aplanadora que nos han querido pasar por encima”, afirmó.

    Recuperar el sentido comunitario

    A juicio de Éder Peña, la primera tarea de los pueblos frente a la agresión militar, política, tecnológica y simbólica es renunciar a la creación del otro. Retomando a Enrique Dussel, explicó que la “invención del otro” como extraño o distante es una trampa que fragmenta. “Hay que bajarse de esa nube y recuperar el sentido comunitario”, apuntó.

    Advirtió que, si cada ser humano se convierte en depredador de otro, no se estaría ante una tercera guerra mundial, sino ante un escenario aún más grave: “Estaremos más fragmentados, más atomizados, y no seremos nada”.

    Recuperar la historia raptada

    Frente a la pregunta de la moderadora del programa y periodista Nerliny Carucí sobre cómo recuperar la historia arrebatada a los pueblos, Éder Peña enfatizó que está en “recabar los datos, los datos que nos hacen únicos, como país, como nación”.

    Precisó que esos datos no están únicamente en los archivos formales, sino en la música, en la cultura, en el conocimiento, en la creación, en las formas de sembrar, en las maneras de movilizarse y hasta en los chistes.

    Aseguró que este es un momento decisivo para asumir una identidad profunda y no superficial: “Si hay un momento para ser realmente venezolano, es hoy”.

    Construir un relato desde lo comunal

    Para Éder Peña, uno de los aprendizajes comunicacionales fundamentales frente a la agresión sostenida de Estados Unidos y a los procesos colonizadores que Europa ha ejercido durante más de cinco siglos es la necesidad de construir un relato propio. “Tenemos que construir nuestro propio relato —¡y lo tenemos construido!—. El problema es que ese ejercicio vicioso de responder siempre a lo que dicen en contra de nosotros nos mantiene entrampados”, aseguró.

    El investigador insistió en que Venezuela posee un acervo narrativo valioso: “Tenemos mucho que aportar como discurso, como relato, como historia, como narrativa”. Ese potencial —dijo— debe proyectarse al mundo desde la autenticidad del pueblo venezolano, un pueblo que trabaja, que construye y que encuentra en las comunas un espacio para cultivar esa identidad.

    Éder Peña argumentó que cada comuna está profundamente vinculada a su territorio, lo conoce y reconoce sus necesidades. En ese proceso, herramientas como los mapas de sueños y las cartografías son esenciales. “El mapa de sueños es el dibujo de la realidad posible que cada comuna va construyendo”, señaló. En cambio, la cartografía recoge “la historia de una comunidad, donde hay gente, sentimientos, historias comunes, familias y tensiones”, dijo.

    Subrayó que estas prácticas forman parte del método de la Revolución Bolivariana, un método latinoamericano que parte de la realidad concreta. Por eso, señaló que cuando actores externos intentan imponer políticas, la comunidad debe contrastarlas con su propia experiencia: “No hay nada mejor que estar apegado a la realidad”.

    Destacó además la autenticidad de los líderes comunales, convencidos de las posibilidades reales de sus territorios. Esa conexión profunda —“la gente casada con lo que su territorio es”— constituye, a su juicio, la base de la construcción comunal. Aunque reconoció que aún falta mucho por hacer.

    Para el investigador de IVIC, el escenario global marcado por la violencia, la agresión y la imposición de la fuerza como norma, la Comuna venezolana representa exactamente lo contrario. “La contrarregla: la comuna es la contrarregla”, enunció.

    Subrayó que, aunque entre los países prevalece la fuerza como ley, las comunas deben ser espacios donde esa lógica no tenga cabida. “Las comunas no pueden ser espacios donde la fuerza sea la ley”, insistió, definiéndolas como territorios que encarnan una alternativa ética y política frente al orden global dominante.

    Deber ético de la comunidad investigadora

    Sobre el papel de la comunidad científica venezolana en el escenario actual, el mensaje del analista geopolítico Éder Peña es claro: “Aterrizar”. Con esta palabra sintetizó la necesidad de que investigadores e investigadoras toquen tierra, abandonen las pretensiones abstractas asociadas a las tecnologías del mundo moderno y orienten su trabajo a mejorar las condiciones de vida de los venezolanos y las venezolanas.

    Éder Peña insistió en que la investigación debe pensar en las generaciones futuras y en los desafíos que enfrentarán, desafíos que no se limitan a figuras políticas como Donald Trump, sino que incluyen la crisis ambiental global y la pérdida de biodiversidad. “Cómo estas generaciones van a poder comer, van a poder vivir en condiciones de crisis ambiental global”, planteó como una de las preguntas centrales que deben guiar la producción de conocimiento.

    El investigador señaló que este aterrizaje implica también reconstruir la escuela como centro de vida comunitaria y reconstruir la universidad como espacio para la discusión, el debate y la construcción del conocimiento. Subrayó que la comunidad científica venezolana debe “desertar de la alienación en la que se encuentra” y asumir una ciencia orientada a la vida comunitaria.

    En su reflexión, el investigador Éder Peña explicó que actualmente están desarrollando una investigación sobre la historia de la ecología en Venezuela, y ese trabajo ha revelado un patrón: “Siempre fue una ciencia subsidiaria”.

    Señaló que gran parte del conocimiento producido en el país fue exportado y quedó fuera del alcance nacional, disperso en bibliotecas de Alemania, España y otros países. Aclaró que no se trata de documentos recientes en inglés, sino de materiales del siglo XVII y XVIII escritos en otros idiomas.

    A su criterio, el verdadero propósito debería ser darle valor al conocimiento que ya existe en el país y aprovecharlo de una manera “cercana a la naturaleza y no distante de la naturaleza”.

    El desafío de transformar la academia

    Sobre los métodos contemporáneos de dominación colonial, Éder Peña señaló que estos mecanismos no solo operan en los medios de comunicación, sino que están profundamente arraigados en la academia.

    “Esos métodos están en la academia, están en las universidades”, afirmó, advirtiendo que es allí donde se forman los profesionales que luego reproducen el miedo como norma. Según explicó, muchos estudiantes y docentes actúan condicionados por el temor a ser sancionados por pensar o expresarse de manera distinta: “El profesional sale con el sello del miedo, porque yo dije tal cosa o me atrevía a pensar de tal manera”.

    Sostuvo que el problema se encuentra “en el origen”, en la estructura misma de la formación académica.

    Al cerrar su intervención, Éder Peña dirigió un mensaje directo a las comunas del país: “¡Levantemos la cara! ¡Mantengamos de pie! Seamos valientes, seamos creativos y seamos sinceros, seamos auténticos”, expresó.