Caracas, 11 de agosto de 2026.- Para el científico Éder Peña, lo que estamos viviendo hoy con las olas de calor en el territorio nacional son las manifestaciones de un Niño que se intensifica por los síntomas de una crisis civilizatoria integral. La preparación de la Comuna venezolana para enfrentar a lo que mediáticamente se le denomina “Superniño” se inscribe en un contexto de vulnerabilidad estructural que no puede resolverse únicamente con acciones corticales y de gestión de la emergencia, porque se trata de una crisis cuyas raíces profundas requieren transformaciones radicales.
Esto fue lo que dijo el investigador venezolano, Éder Peña, durante su participación en el programa “En clave comunal”, que tuvo como tema de conversa los retos de la preparación comunitaria de Venezuela para enfrentar el Superniño y el contexto de vulnerabilidad ecológica estructural.
El biólogo explicó que el nombre del Niño surgió de la experiencia de los pescadores de Ecuador y Perú, quienes observaban que el calentamiento de las aguas del Pacífico este coincidía con la época navideña. “Como ocurría cerca de Navidad, empezaron a decir que era el Niño que venía. Cuando este proceso se invertía; es decir: cuando había enfriamiento de la costa, empezaron a decirle la Niña”, señaló.
“Cuando comenzó la navegación española y portuguesa en América, los pueblos indígenas de Perú y Ecuador ya tenían conocimientos y registros propios del Niño; incluso contaban con preparación para este tipo de fenómeno y con señales que tenían que ver con la temperatura”, adicionó.
Peña aclaró que, más que un calentamiento, el Niño es una oscilación del perfil térmico del océano Pacífico. “Hay diferentes temperaturas y esas temperaturas modulan muchas cosas, la humedad de los vientos; eso determina cómo son las lluvias, las temperaturas tanto oceánicas como terrestres. Los cambios de presión en la superficie oceánica con respecto a la atmósfera también determinan las lluvias, determinan incluso los huracanes, pero también determinan las sequías”, explicó.
Detalló que el fenómeno se activa cuando la llamada “piscina caliente” —una masa de agua cálida ubicada frente a Australia, Japón y el sudeste asiático— se desplaza hacia el este. “En realidad, nada se mueve; lo que se mueve es la temperatura, y esto cambia también los patrones de lluvias en unas partes del planeta y en otros produce sequía. Eso es lo que se conoce como el Niño, esa oscilación de ese perfil de temperatura en el océano Pacífico”, precisó.
Antecedentes en Venezuela
El investigador caraqueño recordó que Venezuela ya vivió una experiencia crítica en 2016, cuando la presencia del Niño afectó la represa de Guri y otros embalses del país. “Tuvimos limitaciones en el acceso a servicios públicos”, señaló.
Éder Peña indicó que en 2026 se habla de Superniño porque se anticipan sequías y lluvias extremas. “Lo de Superniño es una construcción mediática, es un nombre para denominar a una situación extrema del fenómeno; es como cuando tú dices un supertifón, no existe un supertifón, existe tifón o un superhuracán que en realidad es un huracán que tiene sus características exacerbadas, de alta velocidad. En el caso del Niño, se espera que las sequías sean muy extremas y que las lluvias también sean extremas”, dilucidó.
El Niño y el calentamiento global
Éder Peña explicó que los científicos del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) dicen que el calentamiento global no produce el Niño, pues este fenómeno ya existía desde hace tiempo. “Lo que sí ocurre entre el Niño y el calentamiento global es que, por el calentamiento global, las manifestaciones del Niño son mucho más exacerbadas. También se dice que, si la frecuencia y la intensidad de este fenómeno ocurrían cada cinco años, seis años, ahora puede ocurrir cada tres años”, acotó.
El investigador indicó que esta intensificación no depende únicamente del calentamiento global, sino también de cambios en otros componentes del sistema terrestre. “Uno de ellos es lo que llaman la corriente del vuelco meridional, que es una corriente que circula por el Atlántico, como una especie de correa de transmisión de aguas calientes y aguas frías; su energía ha ido mermando, y eso también está amenazando de alguna manera la normalidad que tenemos como clima”, comentó.
Impactos
Éder Peña señaló que, en la vida cotidiana, los efectos del Niño y del Superniño deben entenderse desde la interconexión de los sistemas que sostienen la vida. “Lamentablemente, la ciencia [moderna] se ha prestado a compartimentar este fenómeno; es decir: la economía es una cosa, la alimentación es otra, la salud es otra. Quien vive la vida real, sabe que todo está interconectado: la salud tiene que ver con la alimentación, la alimentación tiene que ver con la agricultura; se establecen redes que van afectando unas a otras”, indicó.
Peña, dedicado al estudio de procesos socioambientales, argumentó que las sequías extremas reducen la producción agrícola. “Si se ve mermada la producción agrícola, se ve mermado también el acceso a los alimentos, pero también se ven mermadas las fuentes de agua; es decir: el acceso al agua es también limitante. En el caso de Venezuela, que la mayoría de su energía es hidroeléctrica, se ve afectada también la electricidad, y si se ve afectada la electricidad, se ve afectada la comunicación, se ve afectada la producción de alimentos también. Se va creando como una viralización compleja de un problema”, sostuvo.
Éder Peña explicó que los cambios abruptos asociados al Niño y al Superniño tienen una relación directa con los ecosistemas y la biodiversidad. “El patrón agrícola que nosotros utilizamos, que es el monocultivo, está basado en la deforestación. Cuando esto ocurre, los bosques son sabanizados; es decir: pasan de ser un entramado de árboles a ser un entramado de hierbas, de plantas herbáceas, que son altamente combustibles. Las altas temperaturas terminan produciendo, además casi siempre con intervención humana, incendios forestales”, detalló.
El investigador advirtió que estos incendios no solo afectan sabanas y áreas rurales, sino también bosques, zonas urbanas y periurbanas. “Lo estamos viendo en Europa con incendios incontrolables”, dijo.

Crisis ambiental global, agua y límites planetarios
En conversa con la periodista y moderadora del programa Nerliny Carucí, el biólogo caraqueño Éder Peña manifestó que la crisis ambiental global no es únicamente climática. Ahondó que el término cambio climático “se lo puso un político, pero no es cambio climático, es calentamiento global, porque la manifestación son altas temperaturas, pero además hay pérdida de biodiversidad por múltiples razones, y una de ellas es el patrón agrícola. Pero ese mismo patrón agrícola ha puesto a circular dentro de los ecosistemas del planeta altas cantidades de nitrógeno y fósforo. Eso es lo que se llaman ciclos biogeoquímicos”, subrayó.
Peña explicó que el exceso de nitrógeno y fósforo afecta las aguas. “Afectan las aguas porque aumentan la disponibilidad de nutrientes y rompen el equilibrio que hay entre las comunidades acuáticas. Entonces tenemos problemas también en los cuerpos de agua, en el acceso al agua dulce, porque lagos y ríos terminan siendo contaminados por eutrofización masiva. La eutrofización es la abundancia de nutrientes, produce la abundancia de organismos, sobre todo fotosintéticos, algas, y eso hace que las aguas terminen, a lo largo del tiempo, perdiendo la disponibilidad de oxígeno y el agua ya no es potable, ya no sirve para los peces, hay un desequilibrio”, afirmó.
El investigador recordó que la humanidad ha vivido durante el Holoceno dentro de nueve límites biofísicos que garantizan la habitabilidad del planeta. “Ya la especie humana ha traspasado siete de esos nueve límites”, alertó.
Venezuela, crisis hídrica y la ocupación del territorio
Éder Peña, quien ha acompañado a las comunidades en el tema de la gestión ambiental, la planificación y el tema de la cartografía territorial, expresó que la crisis ambiental global se expresa en Venezuela como un efecto sistémico. “Es decir: hay una viralización que se mete en todos lados el problema, porque nosotros también tenemos cuerpos de agua contaminados, problemas para el acceso al agua”, declaró.
Detalló que para que un litro de agua llegue a Caracas se requiere una enorme inversión energética. “El patrón de ocupación del territorio venezolano no es el óptimo, no permite que tengamos acceso al agua de una manera que no demande tanta energía y tanta infraestructura, porque las ciudades nuestras se han hecho en lugares muy altos, en donde el agua de los ríos de montaña no es suficiente y para que un litro de agua llegue a Caracas, la cantidad de energía fósil que hay que invertir: petróleo y gas; además, inversión en infraestructura, construcción de represas, construcción y compra de tuberías, compra de maquinaria, esa es la expresión de la crisis hídrica que ha tenido Venezuela, que en realidad no es una crisis, sino es una condición, nuestras ciudades nacieron así, nacieron con esa condición moderna/colonial”, expuso.
Frente a la idea de la ONU sobre una bancarrota hídrica global, el biólogo venezolano puntualizó que las demandas de agua de las sociedades modernas son mayores que lo que pueda otorgar la naturaleza no humana. “Hasta que la naturaleza [no humana] no deje de ser considerada mercancía, pues seguiremos en esa dicotomía”, aseguró.
Los desafíos de la ciencia moderna ante la crisis ambiental
El analista geopolítico Éder Peña manifestó que la ciencia moderna enfrenta grandes desafíos frente a la crisis ambiental global, porque “no puede resolver los problemas con la misma lógica que los ha generado”.
Explicó que buena parte de la ciencia moderna ha operado bajo jerarquías, “en función de agendas que parten de intereses concretos, intereses transnacionales, y una ciencia [moderna] que también se ha vestido, de alguna manera, de actor, de solucionador de algunos problemas que se han generado dentro de su misma lógica. Es decir: todos sabemos que la ciencia [moderna] ha sido impulsada, fundamentalmente, por la guerra, y que además ha partido de esta dualidad entre naturaleza y cultura, naturaleza y especie humana”, apuntó.
Esa lógica, afirmó, además ha contribuido a la construcción de un modelo agrourbano industrial que “concibe la naturaleza como un escaparate, un clóset, una alacena de la cual tomas recursos sin devolver más que basura”, refirió.
El investigador advirtió que, cuando la ciencia moderna aborda los problemas generados por sí misma, lo hace de manera forense: “Ya está hecho el mal. Cuando ofrece soluciones, las soluciones son dentro de esa misma lógica; es más energía, más acumulación de capital en las mismas manos”.
La comunidad como horizonte de sentido ante la crisis ambiental planetaria
Éder Peña afirmó que uno de los asuntos centrales para enfrentar la crisis ambiental planetaria es la reconstrucción de la comunidad, una tarea que no corresponde solo a la ciencia, sino a la humanidad toda.
Advirtió que, si se mantiene la mentalidad de guerra contra la naturaleza no humana, cultivada por las redes sociales digitales, la música, el cine y la televisión, se seguirá profundizando el individualismo, la alienación y el divorcio del otro. “Si solo nos interesa lo que nos da placer temporal, vamos a seguir ahondando en esta crisis”, señaló.
Peña sostuvo que la crisis ambiental planetaria es un síntoma, una fiebre que revela una enfermedad más profunda: la crisis de sentido de la humanidad. “Cuando tú estás enfermo, te da fiebre; es como la corrupción, la corrupción es un síntoma del sistema, pero el sistema es una enfermedad más grave. La crisis ambiental planetaria es una crisis de sentido de la humanidad; es lo que está demostrando esa evidencia, que lo que no hay es un horizonte de sentido, no sabemos a dónde vamos como especie. El sistema nos está llevando como ovejas al matadero”, disertó.

Mapa de sueños
Éder Peña afirmó que, ante la crisis ambiental global y la carrera desenfrenada hacia la muerte que ha provocado el sistema dominante, la Comuna venezolana cuenta con una herramienta poderosísima: el mapa de sueños. “Las comunidades tienen ese método de soñarse a sí mismas, de decir lo que quieren ser en el futuro”, comentó.
El especialista en agroecología insurgente señaló que, aunque algunos se burlaron cuando Hugo Chávez habló del gallinero vertical, lo que realmente estaba planteando —y lo que el pueblo ha ido construyendo— es la idea de soñarse vivos, en movimiento, en construcción, haciendo realidad sus proyectos. “Y eso tiene que ver con el territorio, con los servicios públicos, con el modo como se educan y crecen nuestros niños”, dijo.
Subrayó que el mapa de sueños es una herramienta excepcional porque casi ninguna comunidad en el mundo decide cómo quiere ser, cómo quiere vivir o cómo quiere crecer. En contraste, aseguró que las comunas venezolanas han comenzado a hacerlo.
Recordó que en Venezuela no se habla solo de vivienda, sino de vivienda y hábitat. “Eso tú no lo vas a conseguir en muchos sitios del planeta”, aseveró.
Planificar en colectivo: pensar, construir y soñar como comunidad
Éder Peña afirmó que uno de los desafíos centrales del mapa de sueños en tiempos de guerra cognitiva y colonialidad es asumir la incertidumbre como un valor. “Porque cuando tú te enfrentas a la incertidumbre, tú te tienes que hacer preguntas, y cuando tú te haces preguntas tienes que conversarlas, tienes que manifestarlas, y ese diálogo, esa conversa, esa construcción, esa discusión, que a veces trae peleas, a veces trae contradicciones, es un valor en sí”, expresó.
El analista manifestó que los conflictos comunitarios se resuelven con comunicación: “Yo hablo, tú hablas, yo escucho, tú escuchas, todos escuchamos. Una comunicación no solo entre seres humanos, sino también con la madre tierra”.
Advirtió que vivimos en un planeta donde el mandato ha sustituido al diálogo, y que esa lógica es origen de conflictos. “Debemos retornar al diálogo, a la construcción de los sueños, a la planificación en colectivo, a pensar y construir en colectivo, siendo pueblo, comunidad, hermanos, amigos, pobladores, hijos e hijas de la Tierra”, propuso.
El investigador añadió que este proceso debe acompañarse de preguntas prácticas sobre la vida cotidiana: “Cómo recolectamos agua, cómo la reservamos, cómo ahorramos energía, cómo usamos la energía, cómo evitamos que los alimentos nos enfermen, cómo comemos sano. Son preguntas que parecieran existenciales, pero son preguntas que en cada comuna se deberían estar discutiendo, generando alternativas, y a eso es a lo que apunta el Estado comunal”.
El valor de la producción comunitaria
El biólogo caraqueño aclaró que el Niño y el calentamiento global no producen terremotos. “Lo que sí tiene que ver el Niño, el calentamiento global y los terremotos es que de alguna manera estamos siendo convocados a mirar más hacia la naturaleza [no humana], a estar cada vez más conscientes de que está allí y se está manifestando. Es un planeta que se está moviendo y que está vivo. Pero de ahí a que los terremotos se producen por calor no es cierto, no está probado. Es parte del metabolismo de la Tierra”, expresó.
Éder Peña afirmó que la construcción comunal, especialmente para combatir la pobreza, debe partir desde la reproducción de la vida. “Más allá de hablar de pobreza y riqueza, de lo que hay que hablar es de la vida como un valor. Nosotros tenemos que preservar la vida toda, amar y proteger a la madre tierra. Tenemos una responsabilidad con las generaciones que vienen después de nosotros, nuestros hijos, nuestras hijas, nuestros nietos y nuestras nietas. Y esa construcción tiene que darse en colectivo”, expuso.
El investigador señaló que los temas ambientales son estructurales y existenciales, y que cada acción cuenta. “Nadie puede pensar que en el patio de su casa, porque tiene sembrado un cebollín, una albahaca, esa sea una solución a todos los problemas del mundo; es cierto, pero no deja de ser una solución. Alguien me preguntaba: ¿Qué haces tú para contrarrestar al niño? Respondo que yo no tengo que hacer nada, porque somos nosotros los que tenemos que hacer, no yo solo. Las soluciones individuales no nos han llevado a nada. Es decir: nosotros tenemos 40 años reciclando, 40 años desconectando el cargador, la licuadora, el televisor para ahorrar energía, mientras las élites del planeta hacen lo que quieren. A nosotros nos dicen: Apaga la luz de tu casa. Sí, yo la puedo apagar, pero yo sé que no estoy solucionando el problema”, disertó.
Peña sostuvo que el verdadero desafío es demoler el sistema dominante que produce la crisis ambiental. “¿Cómo hacemos para demolerlo y quedar vivos? Ese es el verdadero desafío. Porque el sistema no se va a dejar demoler. Entonces cambiar el modo de producción y el ideal de la producción”, dijo.
La política como faro de la comuna
Éder Peña afirmó que pensar la comuna es fundamental porque, más allá de avanzar como bloque, la discusión política es el faro que permite aterrizar el proyecto comunal. “La política es el faro de la comuna”, declaró.
Destacó que las comunas venezolanas están llenas de gente brillante en el pensar, y que el hacer es el complemento natural de ese pensamiento. “El hacer es materializar todos esos sueños y luchar para que se hagan realidad”, afirmó. El investigador llamó a recuperar los valores del sentir y del amor, tanto por la madre tierra como por el otro. “Todos los tenemos incorporados, solo tenemos que recuperarlos y manifestarlos”, finalizó


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