Científicos venezolanos: Doblete sísmico debe significarnos “un aprendizaje doble” en autoconciencia y cultura comunitaria

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    Científicos venezolanos: Doblete sísmico debe significarnos “un aprendizaje doble” en autoconciencia y cultura comunitaria

    Caracas, 21 de julio de 2026.- “En la historia de Venezuela siempre han ocurrido sismos. Primero es importante aclarar que sismo y terremoto son prácticamente lo mismo. La gente suele llamar terremoto a aquel movimiento que genera afectación, mientras que sismo se usa para referirse a los eventos que ocurren todos los días sin causar afectación. En ambos casos, emanan de una generación de energía a partir de un movimiento sísmico”.

    Esta explicación la dio Víctor Cano, ingeniero geólogo venezolano, durante su participación en el programa radial “En clave comunal”, dedicado a las prácticas culturales y la gestión comunitaria del riesgo sísmico.

    El geólogo recordó que el último terremoto que había causado afectación directa en Caracas y La Guaira ocurrió el 29 de julio de 1967, es decir: hace casi seis décadas. Dijo que el evento más cercano antes del doblete sísmico de 2026 fue el sismo de Cariaco ocurrido el 9 de julio de 1997, registrado hace 29 años. Estos largos lapsos, expuso, “hacen que no estemos alerta ante los eventos sísmicos; pero sí tenemos un país que tiene eventos sísmicos”.

    Cano señaló que la historia sísmica nacional se remonta al primer sismo documentado en 1530, que afectó a Cumaná, y que desde entonces se han registrado eventos significativos en distintas regiones: Caracas en 1812, nuevamente en 1900, y múltiples localidades a lo largo de los siglos. “Si revisamos la historia, tenemos sismos desde 1530”, afirmó.

    Recordó que Venezuela tiene cuatro sistemas de fallas importantes: “San Sebastián, Boconó, El Pilar, que está hacia el oriente, y otro que se llama Oca-Ancón, que está en el occidente, desde el sur y por el centro del estado Falcón”.

    ¿Por qué La Guaira sufrió mayor afectación?

    “Es parte de las investigaciones que se están realizando desde el día uno que sucedió el evento. Una de las razones posiblemente sea la ubicación de los sismos. La ubicación de un sismo cercano a Yaracuy, de un 7.2, y el otro más cercano a La Guaira, el 7.5. Porque en sismología se espera que la mayor afectación a la población y sobre todo a la infraestructura sea cercana al epicentro del sismo. Entonces, si las investigaciones dan que el sismo es más hacia La Guaira, entendemos por qué hay mayores afectaciones hacia esta entidad”, manifestó Víctor Cano.

    Sin embargo, aclaró que estas conclusiones forman parte de investigaciones que pueden tomar días, semanas o incluso años para determinar con precisión todos los factores involucrados.

    El ingeniero destacó que, además de la cercanía al epicentro, existen fenómenos locales que influyen en la intensidad del daño. Uno de ellos es el efecto de sitio, estudiado en Caracas mediante la microzonificación sísmica. “Y es porque tenemos mayores espesores de sedimentos. Las edificaciones están sobre mayores espesores de sedimentos y esos espesores de sedimentos, que no es roca, generan lo que se llama una amplificación de la onda sísmica y amplifican la señal de la onda. Es como una caja de resonancia de la guitarra: la cuerda vibra, pero es la caja la que amplifica el sonido”, subrayó.

    En tal sentido, comentó que, de igual manera, cuando la onda sísmica atraviesa sedimentos, la energía se potencia y genera mayor daño. “En La Guaira se puede explicar para el tema también de Caraballeda. Es un cono aluvial donde reportes preliminares de geofísica previamente hechos identifican que hay espesores de más de 300 metros de sedimentos en estos conos aluviales. Son conos aluviales de millones de años geológicos, que se han ido acumulando estos sedimentos y esto ha generado que tengamos zonas que potencialmente pueden amplificar la señal de un sismo”, destacó.

    Víctor Cano señaló que otro factor determinante en la afectación sísmica es el tipo constructivo, pues algunas formas de edificación son más vulnerables que otras ante movimientos telúricos. “Son parte del estudio que se tiene que realizar luego del sismo. De hecho, en este momento se ha creado una comisión presidencial para este sismo de 2026. Una comisión presidencial que tiene que estudiar todas las aristas, las estructuras, la geología, la geotecnia, la geofísica, la geomorfología, la sismología. Todas las áreas relacionadas con el sismo, para poder documentar y efectivamente conocer este”, indicó.

    El especialista destacó que este tipo de investigaciones permite documentar y comprender el comportamiento del sismo, lo cual es fundamental para prepararse ante futuros eventos. “Vivimos en un país que tiene una amenaza sísmica, y esa no la podemos eliminar. Lo que sí podemos reducir es nuestra vulnerabilidad. Ser lo menos vulnerables ante esa amenaza”, afirmó.

    Cano explicó que la vulnerabilidad sísmica varía según el lugar donde se construya. “Es decir: no es lo mismo edificar en Caraballeda que en Carayaca, aun cuando ambas zonas pertenecen al estado La Guaira. Tampoco es igual construir en Altamira que en Caricuao, en Caracas”, comentó.

    Además de los aspectos técnicos, Víctor Cano recalcó la importancia de disminuir la vulnerabilidad en la comunidad. “Es importantísima la comuna en eso. La comuna debe organizarse para ser lo menos vulnerable posible ante una amenaza sísmica”, apuntó.

    Doblete sísmico

    El geólogo explicó que, aunque la humanidad comenzó a medir sismos con tecnología alrededor del año 1900, Venezuela no tenía registro de un doblete sísmico como el ocurrido en 2026. “Para Venezuela no se había registrado por instrumentos un doblete sísmico, o sea, dos sismos en dos sistemas de falla y con un corto periodo de tiempo entre uno y el otro”, señaló.

    Víctor Cano indicó que, si bien no existían antecedentes instrumentales, escritos de ese momento sí ofrecen pistas: “Uno de ellos que destaca es el doblete sísmico de 1812; por escritos, se puede interpretar que este sismo al menos tuvo dos epicentros: uno en Yaracuy y otro en La Guaira”, relató.

    Añadió que el doble terremoto de 2026, con 39 segundos de diferencia entre ambos eventos, es coherente con la mecánica de las fallas transcurrentes venezolanas. “Una falla puede disparar que se genere el sismo en la otra falla. Es como cuando pones los dominós, uno tras el otro; genera el movimiento en un punto, y los dominós van empujando y empiezan a caerse las fichas una tras otra. Es decir: el primer sismo de 7.2 hizo que, en el otro extremo, en el otro sistema de falla, también se generara el 7.5, porque estaba ahí como la energía retenida, hizo que esa energía se liberara”, resaltó.

    Aprendizajes luego del doblete sísmico

    Víctor Cano señaló que uno de los aprendizajes fundamentales del doblete sísmico de 2026 es la necesidad de revisar y actualizar las normas sismorresistentes de construcción. “Aquí va a haber muchos estudios porque sucedieron dos sismos con una diferencia solamente de 39 segundos, donde las estructuras fueron sometidas a unas energías, a unas aceleraciones que, en principio, no se han visto en ningún otro lugar del planeta”, comentó.

    El ingeniero geólogo destacó que el país debe asumir un cambio profundo en su cultura sísmica. “Quiero resaltar que tenemos que tener un cambio en nuestra cultura, como comunidad, como pueblo, y sobre todo como organización hacia las comunas, que tenemos que internalizar que somos un país con una amenaza sísmica y que en nuestro país se generan sismos, sismos capaces de producirse dobles, con magnitudes mayores a 7, que son sismos con energía importantísima”, sostuvo.

    Cambios geológicos

    Víctor Cano, quien posee un magíster en Geoamenazas, explicó que los sismos del 24 de junio de 2026 produjeron cambios en la geología venezolana. “El primer cambio es que nos movimos; Venezuela está en dos placas: la placa del Caribe y la placa suramericana. La placa del Caribe, que está al norte, se mueve hacia el oriente y la placa suramericana se mueve hacia el occidente. Y hay estudios que muestran deformaciones instantáneas hasta de 40 centímetros de movimiento de ambas placas”, relató.

    Indicó que también se registraron procesos de licuación de suelos, fenómeno que obliga a revisar las condiciones de construcción en determinadas zonas. “Hay sitios donde no se puede construir o hay que construirlos de una manera adecuada porque son suelos con potencial de ser licuados al momento de un evento sísmico”, afirmó. Estos cambios, añadió, deben ser considerados en futuras evaluaciones de riesgo y planificación territorial.

    El investigador señaló que los patrones de sismicidad también han cambiado tras el doblete sísmico. “Hemos tenido mucha sismicidad entre Yaracuy y Carabobo, en la región central, pero ya empezamos a tener algunos sismos en occidente. Hemos tenido sismos de alguna relevancia cercanos a magnitud cinco, cuatro para el oriente del país. Y podemos tener algunos sismos importantes para el occidente, hacia los estados andinos. Es decir: esto va a continuar progresivamente. El ajuste de todos los sistemas de falla después de estos eventos sísmicos seguirá desarrollándose. Esto puede continuar por meses, e incluso por años, porque las placas tectónicas tienen que irse ajustando a la nueva posición”, reiteró.

    Mapas de riesgo y organización comunal

    Daniel Moreno, quien también participó en esta edición del programa “En clave comunal”, explicó que, además del impacto psicológico que generan los sismos en la población cercana al epicentro, estos eventos pueden desencadenar riesgos asociados que deben ser comprendidos y gestionados desde las comunidades.

    Señaló que es indispensable conocer la realidad sísmica del país y, al mismo tiempo, el mapa de riesgos de cada territorio donde las personas hacen vida. “Un sismo perfectamente puede generar un deslizamiento de tierra, que puede afectar una carretera, una escuela o un caserío”, afirmó.

    El geógrafo egresado de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL) Caracas advirtió que, si un sismo coincide con un período de lluvias intensas, puede producirse el represamiento de quebradas, seguido de una liberación súbita del agua que genere riadas capaces de afectar poblaciones o zonas productivas.

    Recordó que Venezuela posee más de 2000 kilómetros de costa, y aunque la falla de San Sebastián no suele generar tsunamis, existen otras áreas del Caribe que sí podrían producirlos. En este sentido, comentó que desde 2011 se realizan ejercicios de desalojo por alarma de tsunami en las costas venezolanas, incluyendo el más reciente, efectuado en marzo en comunidades del estado La Guaira.

    Moreno destacó que las comunas deben conocer los riesgos latentes de su territorio. “Cuáles son aquellos que pueden ser disparados por un evento como este, y tener su plan de acción familiar, colectivo y comunal, para reducir esas vulnerabilidades”, sugirió.

    Por su parte, Víctor Cano destacó que la gestión comunitaria del riesgo sísmico debe asumirse desde una perspectiva integral basada en tres momentos: antes, durante y después del evento. “El antes es que tengamos conocimiento pleno de todas las amenazas a las que podemos estar sometidos, sísmicas, hidráulicas, por inundaciones, por crecidas de ríos, por geotecnia, o sea, deslizamientos, movimientos en masa. Conocer nuestro territorio es importantísimo, donde nuestra comuna se desarrolla, de manera tal que si yo sé que tengo un sitio que es muy propenso a generar deslizamientos, no voy a construir una casa comunal ahí, un colegio o una vivienda”, señaló.

    El ingeniero geólogo recordó que la amenaza sísmica varía según la región, por lo que cada comuna debe conocer su nivel de exposición.  “No es la misma amenaza sísmica de una comuna que haga vida en Ciudad Bolívar a una comuna que haga vida en Cumaná. Son dos amenazas sísmicas totalmente diferentes. La de Cumaná es alta o más alta, y la de Ciudad Bolívar es baja o muy baja”, detalló.

    Durante un evento sísmico, Cano señaló que la comuna tiene un rol protagónico en la protección de las personas más vulnerables. “Saber cuáles son las personas más vulnerables ante un evento sísmico. Es decir: no es lo mismo una persona de 80 años o 70 años que tenga problemas de movilidad, que pueda salir de su casa luego de un evento sísmico y protegerse, refugiarse. Tenemos que conocer nuestra comuna y saber cómo apoyar a estas personas en caso de un evento sísmico”, acotó.

    Manifestó que las comunas deben participar en la evaluación de las edificaciones, aplicando el sistema de semáforo: verde para estructuras seguras, amarillo para aquellas que requieren reparaciones y rojo para edificaciones que no pueden ser habitadas debido a su alta vulnerabilidad ante réplicas.

    Después de un evento sísmico, Cano afirmó que la comuna debe realizar un reaprendizaje colectivo. “Es un reaprendizaje de las cosas que no hicimos bien o que no se tomaron en consideración, para que cuando suceda el próximo evento sísmico, seamos más fuertes y seamos menos vulnerables ante esa amenaza”, puntualizó.

    La escuela como motor de la cultura preventiva

    Daniel Moreno, quien posee un posgrado en Gerencia de Redes de Unidades de Información con énfasis en las geociencias, destacó que la escuela cumple un papel central en la organización territorial para la gestión del riesgo, especialmente en contextos sísmicos. “Lo primero es que la escuela, como órgano de organización territorial, debe tener un plan de emergencia, que incluya varias amenazas como incendios, sismos, derrumbes, inundaciones y otros eventos”, destacó.

    Explicó que la comunidad educativa debe identificar previamente su lugar de encuentro seguro. “Un lugar de encuentro que es un sitio despejado de elementos que puedan caer: edificios, árboles, tendido eléctrico. Y tener también luego una actuación de cómo van a administrar el estrés de la emergencia atendiendo a los niños. Cómo sería el método de que los padres retiren a sus niños al colegio”, resaltó.

    El investigador acentuó que la escuela no solo protege a los estudiantes, sino que también multiplica la cultura de prevención hacia los hogares. “Si la escuela, como espacio en el que habita la mayor cantidad de días y de horas del día, lo más valioso que tiene una nación, que es su juventud, sus infantes, es importante que esté preparada. La comunidad escolar debe promover que los niños y las niñas estimulen un plan de emergencia en su casa también, para que sus padres, sus hermanos, sus abuelos, sus tíos tengan un plan de emergencia. Porque, así como el sismo puede ocurrir en horario escolar, también puede ocurrir de noche”, sostuvo.

    Desafíos de las ingenierías

    Víctor Cano, director técnico del Instituto de Ingeniería para Investigación y Desarrollo Tecnológico, expuso que los retos que enfrenta la ingeniería venezolana tras los sismos del 24 de junio de 2026 no son fáciles.

    Explicó que, aunque han pasado pocos días, seguirán apareciendo datos provenientes de videos, testimonios, inspecciones de campo y análisis estructurales. “Analizar los materiales que se usaron para ese edificio, cómo se construyó el edificio, cuáles fueron las buenas prácticas que se hicieron o cuáles fueron las malas prácticas que se hicieron en un edificio. Todas esas preguntas van a servir para la ingeniería, para mejorar en cómo construir, en cómo diseñar espacios para el hábitat”, opinó el experto.

    El ingeniero geólogo indicó que la experiencia del 24 de junio podría llevar a revisar la cultura constructiva del país. “A lo mejor tenemos que cambiar nuestra cultura del modernismo y usar menos cabillas, concreto, y utilizar algunos otros materiales alternativos como madera, plástico, cosas que nos puedan ayudar a reducir el peso de nuestras edificaciones. Se abre un abanico de cosas que están por el desarrollo de hacer un hábitat lo menos vulnerable ante las amenazas a las que estamos sometidos”, ilustró.

    Cano recordó que Venezuela no enfrenta amenazas como volcanes o huracanes, pero sí una amenaza sísmica latente, por lo que todas las ramas de la ingeniería —civil, geológica, estructural, geotecnia y otras— deberán buscar soluciones que disminuyan la vulnerabilidad del entorno construido.

    Un mundo vivo

    Daniel Moreno, quien actualmente dirige el Centro de Geomática del Instituto de Ingeniería, expresó que uno de los aprendizajes fundamentales tras los sismos del 24 de junio es comprender que “vivimos en un planeta vivo, tan vivo como los seres humanos, las plantas y la fauna”.

    “Tenemos que tener un aprendizaje doble, porque la naturaleza nos hizo el énfasis y nos subrayó con este doblete sísmico que el 90 % de la población venezolana vive, trabaja, estudia y hace comuna sobre un territorio sísmico”, remarcó.

    Renacer en cultura preventiva

    Daniel Moreno dijo que Venezuela ha tenido iniciativas importantes para fortalecer la cultura preventiva, como la declaración del 26 de marzo como Día Nacional de la Prevención Sísmica en el sector educativo, establecida en 2008 por el Ministerio de Educación. “Esa fecha era magnífica porque no era temporada de vacaciones, y en todas las escuelas se tenía que realizar un plan de emergencia y un simulacro de desalojo. Eso hay que retomarlo”, planteó.

    El experto insistió en que la cultura preventiva debe extenderse más allá de las escuelas hacia los lugares de trabajo y los hogares, integrándose como parte de la vida cotidiana.

    Llamó a las comunas venezolanas a aprovechar el momento histórico que ha abierto el doblete sísmico y las réplicas posteriores para fortalecer la cultura de prevención.

    “Ya todos sabemos reconocer cuando ocurre un evento sísmico, ya detectamos cuáles son los lugares más seguros o menos seguros de nuestra casa, de nuestros trabajos, de las escuelas, cuáles son los lugares más seguros y menos seguros si estás en la calle. Todo esto tiene que procesarse comunalmente para tener un sistema cultural de alerta, para saber qué hacer antes, durante y después de cualquier evento natural que está ahí latente en nuestro territorio”, declaró.

    Insistió en que Venezuela está entrando en una etapa de transformación: “Somos un país que va a renacer en conciencia, en conocimiento, en cultura de la prevención. ¡Vamos a renacer!”.