Grosfoguel: Comuna venezolana debe profundizar la soberanía económica desde “abajo” ante la encrucijada imperial

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  • Grosfoguel: Comuna venezolana debe profundizar la soberanía económica desde “abajo” ante la encrucijada imperial

    Grosfoguel: Comuna venezolana debe profundizar la soberanía económica desde “abajo” ante la encrucijada imperial

    Caracas, 5 de mayo de 2026.- “La ofensiva del imperio estadounidense no es solo contra Venezuela, es contra toda América Latina. Lo vengo diciendo desde hace años: el imperio tiene una estrategia global de recolonizar América Latina”. Estas fueron algunas de las palabras del sociólogo puertorriqueño Ramón Grosfoguel en conversa con la periodista venezolana Nerliny Carucí, en la que debatieron sobre la realidad política de la Comuna venezolana en la encrucijada imperial.

    Para este maestro descolonial, la escalada imperialista es muy “lógica” si se observan los acontecimientos mundiales.

    Aseguró que Estados Unidos perdió mercados estratégicos en Asia durante la guerra comercial con China. “China le ha dado una paliza en Asia a Estados Unidos. Perdió la guerra comercial en África frente a China. Además, ha perdido las guerras militares en el Medio Oriente. Y las sigue perdiendo, porque en este momento está perdiendo la guerra con Irán”, ilustró.

    En este sentido, afirmó que actualmente Estados Unidos no tiene capacidad para competir económicamente con potencias como Rusia y China, “porque ha estado los últimos 40 años botando dinero en guerras inútiles”. Añadió que muchas de las guerras de las últimas décadas en el mundo responden a “un interés sionista que logra hackear la política exterior estadounidense y la política militar”.

    Recordó que Estados Unidos es el país más endeudado del mundo. “Mientras ellos botaban dinero en guerras inútiles, China, Rusia, el mismo Irán y otras potencias emergentes como Brasil estaban invirtiendo en nuevas tecnologías de producción”. Esa situación, señaló, obliga a Washington a recurrir al “juego sucio de las ‘sanciones’, de los golpes de Estado, de las guerras, de las amenazas”, lo que “tira el tablero del orden internacional al aire”.

    Ante este panorama, reiteró que es “muy obvio que los Estados Unidos vuelven a América Latina” con una ofensiva contrarrevolucionaria a escala continental “para recuperar lo perdido”.

    Desafíos de la comuna

    En este contexto de reconfiguración del imperialismo, el pensador puertorriqueño exhortó a comprender que la contrarrevolución imperial “empezó desde hace rato a operar en el continente”. Recordó “el golpe de Estado a Castillo en Perú”, la caída del proyecto político de Rafael Correa bajo el gobierno de Lenín Moreno, “la caída de los Fernández, la emergencia de Milei, la emergencia de Katz”. Mencionó también “la caída del gobierno de transformación de Bolivia y, ahora, el ascenso de extrema derecha en Bolivia y Honduras”.

    En ese escenario geopolítico, Grosfoguel consideró fundamental que la Comuna venezolana profundice el proceso de comunalización de la economía y del poder, porque constituye “la mejor defensa que tiene Venezuela ante cualquier agresión imperial y ante cualquier tipo de bloqueos económicos”.

    Recalcó que el horizonte estratégico debe seguir siendo el planteado por Hugo Chávez: “Comuna o nada”; es decir: “la comunalización del Estado, la comunalización de todo como objetivo y horizonte estratégico”.

    Dejó claro que es un proceso que no se hace de la noche a la mañana. “Sencillamente ir caminando en esa dirección, en ese horizonte. No perderlo de vista. No transformar el objetivo estratégico en consumir más o en volver otra vez a restaurar las formas capitalistas tradicionales de producción”, advirtió. Consideró que ese desvío conduciría nuevamente a desigualdades y a un horizonte desarrollista contrario al proyecto bolivariano.

    El pensador del Sur global insistió en la necesidad de profundizar la revolución internamente. “Es la mejor defensa frente a la agresión imperialista, no solamente en términos económicos y políticos, sino también en términos militares”. Subrayó que Venezuela tiene que fortalecer su producción nacional para enfrentar cualquier fase de confrontación, dado que “el imperialismo se encuentra en decadencia” y busca recuperar el continente latinoamericano “porque es lo único que les queda”.

    Ramón Grosfoguel manifestó que, si Estados Unidos pierde América Latina, perdería su estatus imperial. “Todo imperio necesita periferia para dominarla y explotarla. Entonces, si pierde el continente latinoamericano como periferia, a Estados Unidos no le queda prácticamente nada: implosionaría como imperio. Por esta razón, es que estamos viviendo momentos muy difíciles y violentos”, indicó.

    Flexibilidad táctica y astucia estratégica

    Ramón Grosfoguel, coautor del libro El imperialismo al desnudo. Modalidades de guerra y colonización en el tablero geopolítico del siglo XXI, explicó que la flexibilidad táctica es un recurso histórico de los movimientos revolucionarios en contextos de poder desigual.

    Apuntó que se trata de momentos en los que “el poder desigual obliga a tener que dar un repliegue táctico frente al imperialismo”, y afirmó que esa es precisamente “la situación que vive Venezuela hoy”.

    El pensador puertorriqueño subrayó que los procesos históricos no avanzan de manera lineal. Aseguró que “la historia no camina en líneas rectas”, sino que posee una “temporalidad en zigzag”, marcada por los obstáculos que el imperialismo coloca frente a las revoluciones.

    Sostuvo que en ocasiones hay que dar dos pasos atrás para poder dar tres adelante, y que esos retrocesos tácticos permiten ganar tiempo. “Yo pongo el ejemplo siempre de Gaddafi. Gaddafi, lamentablemente, cuando recibió las amenazas imperialistas de invadir el país, de bloqueos, ‘sanciones’ y todo eso, la respuesta de él fue ceder petróleo. Le cedió pozos petroleros al imperialismo, a las compañías internacionales del imperialismo, tanto europeas como estadounidenses. ¿Qué pasó? Bueno, la historia ya nos da la respuesta. Lo mataron y destruyeron Libia. Eso demuestra que en el imperialismo no se puede confiar”, advirtió.

    Asimismo, expuso la experiencia de la isla de Granada: “Había un gobierno revolucionario allí en el año 83, y una de las cosas que hicieron los Estados Unidos, precisamente para destruirlo —después de haber intentado acabar con ese gobierno de múltiples maneras y no lograrlo—, fue acudir a una estrategia que les funcionó. ¿Cuál fue esa estrategia? El rumor. La misma CIA (Agencia Central de Inteligencia) difundió el rumor de que un bando de la revolución granadina se había vendido a la CIA y al imperialismo, y que el otro bando también lo había hecho; había rumores contra ambos lados. Se empezaron a matar unos a otros con estas acusaciones y estos rumores, y eso permitió entonces al imperialismo invadir el país y destruir al gobierno revolucionario de Granada”.

    Grosfoguel insistió en que, si se realizan acuerdos tácticos o concesiones momentáneas, estos deben hacerse “sin ingenuidad estratégica”. Aseveró que el imperialismo “pacta para ganar tiempo”, mientras que para los revolucionarios ganar tiempo significa “prepararnos mejor para las próximas batallas, organizarnos desde abajo más fuertemente, profundizar la revolución”. Enfatizó que es indispensable aprender de los errores del 3 de enero para estar “mejor preparados para las próximas batallas”.

    En esta línea, para reforzar su punto, el puertorriqueño refirió el caso de “Lenin en el Tratado de Brest-Litovsk, en el que Rusia le cedió a Alemania, en 1918, una buena porción del territorio soviético con tal de ganar tiempo y evitar una invasión en ese momento. Está también el ejemplo de la Unión Soviética en los años treinta, cuando tuvo que pactar nuevamente con Alemania —esta vez la Alemania nazi— en el Pacto Ribbentrop-Mólotov, para ganar tiempo igualmente. El tratado entre Mao Zedong y Chiang Kai-shek —dos enemigos históricos que estaban en guerra civil—, mediante el cual Mao promovió, junto con la Fuerza Revolucionaria, una alianza con su enemigo histórico, el ‘lacayo’ y representante de los terratenientes chinos, Chiang Kai-shek y el Kuomintang, se vio determinado por la invasión japonesa: no puedes estar en guerra civil en el momento en que te invade un país imperialista; tienes que unirte. Está, además, el ejemplo de Fidel Castro en el ‘período especial’, en los años noventa, cuando invitó a inversiones extranjeras en la industria hotelera y en el turismo como parte de la estrategia para enfrentar la caída de la Unión Soviética. En ese contexto, la Unión Soviética dejó de comprar el azúcar —la principal industria de Cuba—, por lo que tuvieron que reorientar la estrategia económica: la industria azucarera colapsó y pasaron a las inversiones extranjeras como una manera de sobrevivir, en una especie de retirada táctica para poder avanzar mientras ganaban tiempo”.

    También, citó el “por ahora” de Hugo Chávez como ejemplo de flexibilidad táctica con astucia estratégica. “Es decir: con astucia estratégica él dice ‘por ahora, no hemos logrado nuestros objetivos’ y llama a entregar las armas y a replegarse del movimiento insurreccional que organiza, y en ese momento se repliega, protege su fuerza, porque, si no, hubieran sido sometidos a una masacre. Sus fuerzas las protege, gana tiempo y Chávez regresa con el triunfo electoral del año 98. “Entonces, cuando yo digo flexibilidad táctica, es necesario hacer lo que se está haciendo hoy en Venezuela”, declaró Grosfoguel, y añadió: “Pero siempre velando que se haga con astucia estratégica, sin caer en la ‘flexibilidad táctica con ingenuidad estratégica’ en que cayó Gaddafi al pensar que, cediendo pozos petroleros, lo iban a dejar quieto”.

    Comunas y soberanía en tiempos de amenaza imperial

    Ramón Grosfoguel, investigador en temas como la filosofía de la liberación latinoamericana, la perspectiva de la colonialidad del poder y la comuna como una esperanza real de futuro y de paz, expresó que, en un escenario donde existen presiones externas y parciales entregas de soberanía, el papel de las comunas es decisivo.

    La tarea central de la comuna es “profundizar la soberanía económica de Venezuela desde abajo, desde el plano popular, desde el pueblo, pero también la soberanía política y militar. Es decir: las comunas tienen que ser núcleos de preparación para futuras batallas. Las comunas tienen que ser como ese centro, no solamente el objetivo estratégico de la Revolución Bolivariana como utopía, comunalizar todo, sino también en este momento histórico las comunas son fundamentales para la defensa soberana y la seguridad de Venezuela. Yo creo que hay que confiar en el pueblo, que hay que fortalecer el poder comunal”.

    Grosfoguel puntualizó que los bloqueos económicos suelen apuntar a los puertos y el comercio internacional de un país, por lo que la producción nacional es vital para resistir. “Si tú produces nacionalmente lo que te comes, vas a tener posibilidades de maniobrar como hizo Vietnam, como hicieron otros países que fueron intervenidos por el imperialismo. La resistencia se basó en el hecho de que tuvieran una economía comunal desde abajo. Y, además, la preparación de las milicias populares. Yo creo que eso no se puede subestimar, porque ahora mismo el imperio reconoce que Venezuela puede ser otro Vietnam”.

    Advirtió que la defensa militar de un país no puede depender del espacio digital, “porque, si estás dependiendo de eso, ellos [el imperialismo], con las nuevas tecnologías, te paralizan eso en 10 minutos como hicieron el 3 de enero en Venezuela. Tienes que tener formas de defensa militar que no sean dependientes del espacio digital. Es decir: que sean formas autónomas, soberanas del pueblo. Fíjense cómo los iraníes encontraron su manera. Yo no estoy diciendo que se imite a Irán. Siempre hay que buscar las formas propias de cada pueblo y cada país, de resistencia y de defensa militar y soberana de su país”.

    En este aspecto, el sociólogo insistió en buscar maneras de descolonizar la defensa militar, “para no ser dependientes ni de armas ni de espacios, como el digital, que son controlados por el imperialismo.

    De cara al pueblo

    Ante la pregunta vía telefónica de un comunero venezolano sobre cuál sería la fórmula o política que se debería aplicar en las comunas para avanzar en la construcción de territorios comunales unidos, Ramón Grosfoguel respondió que “tiene que haber una actitud en la subjetividad de los comuneros de solidaridad y de cooperativismo con otras comunas”.

    Señaló que no se puede concebir la comuna desde una mentalidad capitalista de competitividad entre comunas. “Eso sería absurdo. Tiene que ser la colaboración y solidaridad entre comunas para fortalecerse”, acentuó.

    El pensador descolonial consideró fundamental abordar el tema comunicacional desde un discurso propio. “Hay un discurso que es necesario y que hay que apoyarlo, que es el que hace la compañera presidenta encargada, Delcy Rodríguez, frente al imperio. Pero hay que hacer también comunicacionalmente un discurso propio, o sea, un discurso de cara al pueblo”, expuso.

    Argumentó que cuando se le habla al imperio en esa flexibilidad táctica, en esos acuerdos tácticos, “se le habla con un contenido muy diferente a lo que sería la comunicación popular. Sí, flexibilidad táctica es necesaria. Los acuerdos que se han hecho son necesarios en este momento para la sobrevivencia de la Revolución Bolivariana. Pero flexibilidad táctica con astucias estratégicas, sin ingenuidad estratégica. ¡Ese es mi llamado! Siempre preparándose para las futuras batallas durante este tiempo que se gana con los pactos de la flexibilidad táctica”, dijo.

    Mensaje final

    Para finalizar, Ramón Grosfoguel afirmó que las comunas venezolanas poseen “un espacio de maniobra y de autonomía” que les permite organizarse y profundizar el proceso revolucionario en los planos político, militar y económico.

    No obstante, indicó que esa autonomía “no es absoluta”, particularmente si no existe una preparación frente a la ofensiva imperialista que busca acabar con la Revolución Bolivariana. El investigador descolonial recalcó que el momento actual exige actuar con prudencia. “Hay que tener cautela en los pasos que se dan en este momento donde no tienes todas las de ganar, pero al mismo tiempo tienes

  • Irene León: La Comuna venezolana es la antípoda del proyecto imperial

    Irene León: La Comuna venezolana es la antípoda del proyecto imperial

    Caracas, 24 de marzo de 2026.- “El mundo está en una disputa muy profunda de proyectos: entre el llamado proyecto de muerte —que es el que está construyendo el capitalismo con su modo de guerra sin fin, con su forma de apropiación del mundo— y, por el otro, el proyecto de vivir en comunidad y de construir solidaridades”.

    Estas fueron las palabras de la socióloga ecuatoriana Irene León, expresadas durante su participación en el programa “En clave comunal”, que tuvo como tema el significado de la Comuna venezolana en este nuevo momento geopolítico.

    Para la pensadora del Sur global, la experiencia venezolana visibiliza algo esencial: “Los seres humanos somos gregarios, no podemos vivir aislados los unos de los otros”, y la comuna permite materializar esa condición colectiva como horizonte de futuro.

    En un contexto marcado por el retorno al neoliberalismo planteado por el proyecto capitalista, señaló que es “indispensable la capacidad de actuar en colectivo”, especialmente frente a la individualización extrema que “busca que perdamos la capacidad de hablar en conjunto, de expresar ideas de soberanía, de definir un territorio que puede ser el escenario de este proyecto colectivo, de pensar la cultura entre distintos, de compartir las ideas también”, afirmó.

    León destacó que la propuesta comunal venezolana abre caminos de resistencia frente al proyecto neocolonial que hoy imponen las corporaciones globales. “La comuna abre la puerta a todas estas posibilidades de resistencia”, afirmó.

    Subrayó que Venezuela no solo construye una alternativa para sí misma, sino que, desde su historia independentista, aporta una visión regional: “Una iniciativa internacionalizable para crear una visión comunitaria de futuro”.

    Gran disputa por el proyecto mundial

    Sobre el modo de interconectividad geopolítica que sostiene al sistema-mundo actual, Irene León, directora de la Fundación de Estudios, Acción y Participación Social (Fedaeps) en Ecuador, indicó que actualmente “hay un puñado de empresas, corporaciones, megacorporaciones, fondos de inversión enormes como el de BlackRock” que han adquirido un poder desproporcionado.

    La socióloga explicó que estas grandes entidades llegan a ser consideradas “el quinto poder, incluso el tercer poder en algunos casos entre los países”, pese a no tener la naturaleza ni la legitimidad de un Estado.

    Para León, esta concentración corporativa coloca a la geopolítica “en el corazón de una gran disputa por el proyecto mundial”, donde se debate si el futuro será definido por proyectos colectivos de los pueblos o por intereses privados que avanzan sobre la economía global y el poder multilateral.

    En ese escenario, la pensadora advirtió que “la existencia misma de los países está en un gran desafío de continuidad”, pues el capitalismo corporativo impulsa un modelo donde no figuran la preservación del planeta ni el bien común.

    Frente a ello, destacó que “felizmente sí hay un escenario en el que se está manifestando esta capacidad de presentar otras ideas, entre ellas la propuesta del socialismo bolivariano en Venezuela, que se opone a la lógica individualista y exitista del capital”.

    De acuerdo con Irene León, esta alternativa se construye desde las sociedades mismas, como “una capacidad histórica de salir adelante colectivamente y hacerlo desde el Sur geopolítico; es decir: en articulación con África, con Asia, con Eurasia; buscando que el futuro sea uno para la humanidad, desde la humanidad, y pensando en una interrelación entre seres humanos y el planeta como un todo”.

    Desafíos ante las nuevas estrategias de dominación imperial

    Al abordar los desafíos que enfrentan los pueblos frente a las nuevas formas de dominación imperial, Irene León advirtió que “son muchísimos los desafíos”, pues los actuales proyectos de guerra están articulados a una fase del capitalismo dominada por “actores privados articulados en el sector corporativo”, especialmente aquellos vinculados a Estados Unidos.

    Según explicó, estas corporaciones buscan ejercer un poder aún mayor, no solo sobre la vida en el planeta, sino incluso más allá, puesto que quieren extender todos sus tentáculos hacia toda la vida humana del planeta e incluso cósmica.

    “Para lograrlo, han planteado un reordenamiento de todo: de las relaciones humanas, de la geografía, de los modos de hacer economía, de los modos de producir y reproducir la vida. En ese escenario, la guerra y el armamentismo son indispensables para desdibujar los países y reorganizar el mundo en función de los recursos”, enunció.

    León expuso que esta lógica bélica también opera como estrategia de supervivencia del capital, impulsada por “uno de los grandes poderes del mundo, el complejo industrial, militar y digital”, que visualiza su futuro económico en una “guerra sin fin”.

    “Son empresas con corporaciones que tienen su negocio en la producción de drones, inteligencia artificial, armamento y aeronáutica para la guerra, y para eso necesitan generar conflictos indefinidamente y caos en todos los niveles. En ese marco entra un nuevo tipo de agresión: la guerra cognitiva. La guerra cognitiva está articulada a este proyecto de ‘reordenamiento’, y para lo cual necesitan caos no solamente en los comportamientos individuales, sino en los comportamientos colectivos”, dijo.

    Irene León explicó que esta es “una guerra dirigida a modificar los comportamientos y los pensamientos” para adaptar a las poblaciones al proyecto del capital internacional. Manifestó que, aunque antes parecía ciencia ficción, hoy cuenta con marcos conceptuales e instituciones formales —“como la OTAN, por ejemplo”—.

    “Ya estamos en el marco de una incursión de esta forma de guerra en el mundo, entre cuyos efectos hemos visto, por ejemplo, la agresión que sucedió en enero en Venezuela, como un escenario ya reconocido como un colapso de guerra cognitiva”, argumentó.

    La ecuatoriana detalló que este tipo de guerra opera principalmente a través de la digitalización y de sistemas de control que buscan “inhibir la capacidad de los seres humanos de tener un desarrollo cognitivo”, especialmente mediante elementos de la cultura de realidad virtual que afectan a la niñez y la juventud.

    León describió que esta guerra tiene muchos niveles: unos pueden ser asociados a los medios digitales y de comunicación, “otros están asociados a las cuestiones ideológicas, políticas y de conciencia, y otros que ya directamente están asociados a crear condiciones para crear inestabilidad en los países”.

    Profundizó que a través de procesos informativos se busca “llevar a las colectividades a organizar sus comportamientos en función de los fines explícitos del capital —de un disciplinamiento, de un ordenamiento de los pueblos— y de actuar con poca autonomía de pensamiento, con poco criterio propio; y otros niveles que son dirigidos a crear, a través de las sensaciones y de los hábitos, tensiones, sentimientos, y provocar emociones de polarización en los pueblos, esperando —como dicen los textos de sus creadores— que estos pueblos lleguen a confrontarse internamente entre ellas y lleguen a enemistarse de tal modo que se autodestruyan entre ellas. Es decir: que el enemigo no necesite crear un campo de batalla en el que se confronten directamente, explícitamente y abiertamente las posiciones, sino que las polarizaciones se vayan desarrollando al punto en que implosionen”.

    En relación con ello, Irene León insistió en la necesidad de “armar muchos campos de defensa cognitiva” en todos los espacios: en el hogar, en las escuelas, en la comunidad. Destacó que uno de los elementos clave es la creación de pensamiento propio y crítico, una capacidad que “en Venezuela está muy viva” dentro del proyecto socialista comunal, pero que en muchas sociedades ha sido inhibida.

    Ecuador: destrucción institucional y retorno del capital corporativo

    Al reflexionar sobre las implicaciones de los gobiernos de extrema derecha en Ecuador, Irene León, integrante de la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad (REDH), manifestó que existen muchísimas lecciones, pues el país ha atravesado un proceso “tan destructivo y en un plazo tan corto” que aún requiere un análisis profundo para encontrar salidas.

    Recordó que, tras un período de transformaciones con políticas redistributivas, economía orientada al bien común y el horizonte constitucional del buen vivir, Ecuador fue sometido a “un golpe blando, un golpe suave” que condujo a una transición indefinida. Ese proceso implicó “un desmontaje de la institucionalidad”, destruyendo el sistema estatal que garantizaba la vida en común sin ofrecer alternativas que organizaran la economía, la justicia o la reproducción de la vida en comunidad.

    León explicó que esta destrucción abrió paso al retorno de intereses corporativos y a mecanismos de vigilancia sobre el pueblo, acompañados de campañas comunicacionales que convencieron a sectores de que “había que cambiarlo todo supuestamente para estar mejor”. El resultado, afirmó, es un país irreconocible: “Ecuador era el país más seguro de América Latina y ahora está considerado entre los más violentos del mundo”.

    Sostiene que en Ecuador el retroceso ha sido tan profundo que incluso un país históricamente reconocido como petrolero —miembro de la OPEP y con una economía sostenida en ese recurso— “hoy prácticamente ha dejado de hablar de su propio petróleo”. Explicó que este sector, antes gestionado con criterios de soberanía nacional, ha vuelto a quedar en manos de corporaciones, anulando la capacidad del Estado de administrarlo en función del bien común.

    En conversa con la periodista venezolana, Nerliny Carucí, la socióloga ecuatoriana describió este proceso como un “caos inducido” que permitió la entrada indiscriminada de capitales, incluyendo “capitales ilícitos”, mientras desaparecían cooperativas y pequeñas iniciativas económicas.

    A pesar de este retroceso, la socióloga ecuatoriana subrayó que “felizmente el pueblo tiene memoria”, y que la visión de la Revolución Ciudadana sigue presente, al punto de que este movimiento continúa siendo la principal fuerza política del país.

    “Ecuador vive un proceso destructivo, pero siempre con la esperanza de reconstrucción: con la Constitución y sus principios de vida colectiva, aún es posible volver a construir el país en adelante”, afirmó.

    La comuna como horizonte de futuro

    Desde su experiencia en Ecuador, Irene León destacó que uno de los aprendizajes más importantes para Venezuela es reconocer que “la comuna, la visión del Estado comunal, es el acumulado más significativo que ha logrado Venezuela en estos años del proceso de la Revolución Bolivariana”.

    Consideró que se trata de un proyecto político y civilizatorio que reúne propuestas capaces de sostener la vida no solo en lo local, sino también de proyectar alternativas para la región y la humanidad. En sus palabras, la comuna constituye “un proyecto histórico” que permite imaginar y construir un futuro común.

    León advirtió que parte de lo ocurrido en Ecuador con la arremetida de la extrema derecha buscó precisamente “que perdamos el horizonte de futuro y perdamos esa perspectiva de comunidad”. Por ello, reiteró que la experiencia venezolana debe valorar y profundizar su camino comunal, pues representa “un proyecto increíble, histórico, que plantea desafíos no solo para Venezuela, sino para la región y el mundo”.

    La comuna como antídoto frente al proyecto neocolonial estadounidense

    Ante la pregunta sobre si las comunas y los consejos comunales interfieren con los intereses de Estados Unidos, Irene León fue categórica: “Absolutamente, están en las antípodas”.

    Alegó que mientras el pueblo organizado pueda expresarse, sostener un proyecto propio y hablar de soberanía “en voz alta”, representará una capacidad de autodeterminación que Estados Unidos busca eliminar.

    Para esta pensadora del Sur global, la comuna expresa una forma de soberanía que opera tanto en la gestión local como en la visión de país, convirtiéndose en “el mayor antídoto para la imposición capitalista que Estados Unidos quiere consumar en Venezuela y en toda América Latina y el Caribe”.

    Irene León advirtió que el proyecto neocolonial estadounidense pretende “subsumirnos como parte del gran Estados Unidos”, incluso redefiniendo fronteras y zonas de influencia en la región. Frente a ello, afirmó que “el gran antídoto es el proyecto comunal”, pues constituye una forma de organización que impide la subordinación política, económica y cultural.

    La comuna como proyecto de resistencia anticapitalista

    Al referirse a la comuna como espacio de lucha antiimperialista y anticapitalista, Irene León recordó que en América Latina y en la relación Norte-Sur “estamos inmersos en un desafío a los poderes del capital”.

    Sostuvo que estos poderes buscan organizar la vida desde un sentido estrictamente individual. Al respecto, la comuna propone un camino distinto: “Un proyecto alternativo que es resistencia en sí mismo”.

    Para la socióloga, el proyecto comunal constituye “la antítesis del proyecto imperialista que plantea el hemisferio total unificado”, donde todos los países quedarían subordinados a la dirección estadounidense y a sus corporaciones, algo que calificó como “muy peligroso para todos nuestros pueblos”. En contraste, sostuvo, la comuna sostiene una forma de organización colectiva que desafía esa lógica de dominación.

    La escuela como espacio estratégico para la vida comunal

    Sobre el papel de la escuela en el contexto de la comuna, la pensadora ecuatoriana Irene León destacó que este espacio constituye “el punto de encuentro desde la primera niñez, el punto de encuentro de los pueblos, de la gente hasta la vida adulta”, donde se desarrolla un proceso formativo históricamente vinculado a la vida en comunidad.

    Aunque reconoció que “la escuela capitalista no siempre ha respondido a esa idea”, subrayó que la propuesta educativa asociada a la comuna implica aprender a vivir con otros, construir conocimiento colectivamente, compartir aprendizajes y generar experiencias transformadoras.

    Para León, los procesos educativos están “ineludiblemente vinculados a esta creación de una nueva vida a través de la vida comunal”, pero también a cualquier iniciativa de cambio profundo.

    Recordó que la educación y el conocimiento son hoy “uno de los principales escenarios de disputa, no solo de la ideología y de la vida política, sino de todo. Se dice que estamos en la sociedad del conocimiento, y todo eso empieza por la escuela desde su más pequeña instancia”.

    Reflexión final

    En su mensaje final al pueblo venezolano, Irene León subrayó que en este momento histórico resulta imprescindible “pensar en la libertad del presidente Nicolás Maduro y de la diputada Cilia Flores”.

    Afirmó que lo ocurrido forma parte de “una de las experiencias mundiales más duras que hemos tenido que vivir en la región”, vinculada a las nuevas formas de guerra cognitiva. Declaró que el operativo para secuestrar al presidente se basó en el uso de deepfakes, “mentiras profundas” generadas mediante inteligencia artificial para manipular percepciones y convencer a la población de falsedades.

    León destacó que esta campaña alcanzó una escala sin precedentes: “Se estima que una persona necesitaría 158 años para absorber todo ese material” difundido en apenas una semana. Por ello, insistió en que en toda América Latina —y especialmente en Venezuela— es necesario mantenerse atentos y atentas ante estas formas de agresión que buscan desestabilizar países enteros.