“Pueblo a pueblo, hacemos más fuerte el trabajo en la producción sana de alimentos”

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  • “Pueblo a pueblo, hacemos más fuerte el trabajo en la producción sana de alimentos”

    “Pueblo a pueblo, hacemos más fuerte el trabajo en la producción sana de alimentos”

    Caracas, 3 de diciembre de 2025.- “Cuando el Comandante Chávez afirmó ‘Comuna o nada’, nos estaba entregando la respuesta: el pueblo, organizado en comunas, tiene la capacidad de proyectarse hasta los espacios más amplios e infinitos”. Así lo dijo Laura Lorenzo, coordinadora nacional del Plan Venezolano de Producción Comunitaria de Alimentos Pueblo a Pueblo, al recordar que este proyecto se ha convertido en una experiencia concreta de articulación entre campo y ciudad.

    Durante su participación en el programa radial “En clave comunal”, Lorenzo explicó que Pueblo a Pueblo nació en Carache (estado Trujillo) en 2015, inspirado en el legado de las luchas campesinas de los años sesenta y en la organización popular que ya se expresaba en la Comuna Chávez y Bolívar.

    Contó que desde allí comenzó a tejerse una red que enlazó territorios productivos rurales con comunas urbanas como El Panal 2021 y Amalivaca, ambas ubicadas en Caracas, y las mujeres organizadas de San Agustín del Sur. La lógica: acortar la distancia entre campo y ciudad, reconocerse como un solo sujeto y planificar la producción de acuerdo con las necesidades de consumo de las comunidades rurales y urbanas.

    Laura Lorenzo, quien es integrante de la Comuna Chávez y Bolívar, relató que en sus primeros cinco años de trabajo, antes de la pandemia, el plan logró distribuir más de 4,5 millones de kilos de alimentos —frutas, verduras, hortalizas, maíz y azúcar— en 251 jornadas semanales de abastecimiento comunal, atendiendo directamente a más de 300 familias. La experiencia se consolidó como respuesta a la guerra económica, generando puntos de abastecimiento alternativos y extendiendo su alcance hacia las escuelas. Desde 2018, y con mayor intensidad a partir de 2022 tras un encuentro con el presidente Nicolás Maduro, Pueblo a Pueblo atiende mensualmente a más de 100 000 niños, niñas y adolescentes en el Distrito Capital y otras ocho entidades del país, garantizando el suministro de 100 toneladas de alimentos frescos.

    Precisó que el plan Pueblo a Pueblo se sostiene fruto de la participación directa de las familias campesinas organizadas. “Aproximadamente, tenemos 450 familias campesinas que, dependiendo del ciclo productivo, aportan su producción a estos espacios”, explicó.

    La coordinadora nacional agregó que a este esfuerzo se suman las familias pescadoras del estado Sucre, quienes han fortalecido la distribución de alimentos en las comunidades. “Estamos trabajando con 20 compas de San Miguel Maconta y de Yaguaraparo que están aportando el pescado que se está distribuyendo en este momento”, señaló.

    La lucha por un “suelo vivo”

    En el desarrollo del plan Pueblo a Pueblo, la ingeniera agrónoma Laura Lorenzo destacó que uno de los aspectos más importantes ha sido el acompañamiento permanente a las comunidades y el intercambio de saberes.

    Expuso que este proceso busca contrarrestar la lógica de la agricultura “moderna”, que tiende a separar a la gente de la tierra y a imponer prácticas sintéticas y transgénicas que deterioran los suelos. “Esas prácticas están desangrando la tierra porque lo que están haciendo es dejándonos sin tierra”, advirtió.

    Subrayó que el debate productivo se centra en cómo abandonar el uso de agroquímicos —a los que llamó venenos— y recuperar la relación ancestral de cuidado con la tierra.

    Para enfrentar este desafío, el movimiento ha impulsado talleres, asambleas y reuniones en los territorios, además de iniciativas concretas como la creación de biofábricas. Dijo que estos espacios permiten a las familias campesinas producir insumos para la siembra, incluidas las semillas, reduciendo la dependencia de marcas comerciales y de importaciones.

    En conversa con la periodista Nerliny Carucí, Laura Lorenzo resaltó que actualmente hay productores en Caracas que están sembrando con semillas propias de cilantro, cebollín y ajo porro, rubros que tradicionalmente dependen de semillas extranjeras.

    La barquisimetana se refirió también a las alianzas con organizaciones campesinas de otras regiones, como los Productores Integrales del Páramo (PROINPA), cuyo trabajo en la producción de semillas de papa y otros cultivos fue reconocido este año por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

    “Pueblo a Pueblo está enmarcado en cómo hacemos más fuerte el trabajo en la producción sana de alimentos, reconociendo el papel de la tierra y que la tierra es un ente vivo. Por eso tenemos nuestro lema de ‘suelo vivo’, y es eso lo que tenemos que cuidar para garantizar la producción de alimentos en este momento y para las futuras generaciones”, afirmó Lorenzo.

    Ruralizar la ciudad

    Para Laura Lorenzo, el reto de Pueblo a Pueblo no se limita a producir alimentos, sino a transformar los imaginarios heredados de la llamada _revolución verde_, que separaron a la población urbana de la madre tierra y de la vida del campo, donde se cultivan los alimentos.

    “Aquí es muy importante el intercambio que hay, el intercambio que tiene que haber de saberes, para ir deslastrándonos de toda esa información que nos han venido metiendo desde hace mucho tiempo”, explicó.

    La comunera señaló que ese acercamiento se concreta cuando las comunas urbanas visitan los espacios productivos en Carache (Trujillo), Sucre, Yaracuy o Lara, y reconocen los lugares dónde se cultivan el tomate, la papa o la cebolla, visibilizando el papel de las familias campesinas que históricamente han sido invisibilizadas.

    Apuntó que a partir de ese contacto, las comunidades urbanas descubren que también pueden sembrar en sus propios espacios, incluso en las escuelas, donde se desarrollan iniciativas como los Conucos Escolares Carlos Lanz, impulsados por el Ministerio de Educación de Venezuela. Indicó que allí los niños producen cebollín, ají y otros rubros que necesitan para hacer los aliños.

    Lorenzo recordó que la pandemia fue un momento clave para resignificar la producción, cuando muchas familias se dieron cuenta de la importancia de volver al campo y producir alimentos básicos como huevos, carne de cerdo o conejo, además de hortalizas. “La principal herramienta que hemos tenido como plan es el acercamiento, que la gente conozca, que se conozcan las familias campesinas y las familias que consumen”, afirmó.

    De acuerdo con Laura Lorenzo, el intercambio de saberes entre el campo y la ciudad es la clave para eliminar las distancias entre ellos y consolidar la idea de que todos tienen la capacidad de producir alimentos.

    Aprendizajes junto al pueblo

    Laura Lorenzo manifestó que los aprendizajes más valiosos de estos diez años de Pueblo a Pueblo provienen directamente de la gente. Recordó que su formación académica estaba orientada a atender grandes empresas y terratenientes, pero fue el contacto con las comunidades lo que le enseñó el verdadero sentido de sembrar.

    “Con mucha humildad, aprendí de la comunidad, al igual que varios compañeros que integramos el plan. Aunque tuvimos la oportunidad de asistir a una universidad, reconocemos que quien verdaderamente nos graduó fue nuestro pueblo. Un pueblo humilde —y digo humilde, porque lo es en esencia—, por cuanto sabe compartir sus conocimientos”, afirmó.

    Enfatizó la capacidad de las familias campesinas para planificar una siembra en minutos, a partir del conocimiento que tienen sobre los ciclos de la madre tierra. “Yo creo que uno de los momentos que más orgullo nos da de tener este contacto directo es cuando te sientas a planificar una siembra y llega uno de nuestros compañeros campesinos: en apenas quince minutos te elabora todo lo que a nosotros, como ingenieros, nos tomaría buscar información, revisar y consultar libros. Ellos lo hacen en quince minutos”, subrayó.

    Para Lorenzo, esa sabiduría práctica ha sido fundamental para sostener el plan frente a la agresión del imperialismo occidental contra el país. “Los pueblos se mantienen, los pueblos resisten. Y nuestro pueblo, independientemente de toda esa guerra, sigue sembrando”, destacó.

    La comunera relató que, pese a los problemas con el combustible o las semillas (como consecuencia de los efectos de la agresión imperialista contra Venezuela), las comunidades siempre han encontrado soluciones. Esa capacidad de resolver y de mantener la producción ha sido clave para enfrentar la propaganda y las adversidades.

    “Cuando aquí nos escondieron los alimentos, cuando la gente tenía que hacer cola y no había harina precocida, ni pasta, ni arroz, estaba entonces la auyama, la papa, la zanahoria, la yuca. O sea, estaba nuestro pueblo produciendo”, evocó.

    Laura Lorenzo aseguró que esa resistencia productiva es la mayor enseñanza de un pueblo que garantiza la continuidad de la vida y la soberanía alimentaria.

    Cultivos y producción comunitaria

    En su balance, Laura Lorenzo detalló la diversidad de alimentos que se producen actualmente bajo el plan Pueblo a Pueblo en distintos territorios del país. En el estado Mérida, específicamente en Santo Domingo, se cultivan zanahoria, papa, remolacha, cebolla, cebollín y cilantro. En Barinitas, en el municipio Bolívar, estado Barinas, la producción se centra en el plátano y se articula con la atención de las escuelas, integrando el trabajo productivo con la formación educativa.

    En Portuguesa, la Comuna Chiriguare en Ospino impulsa la siembra de topocho, plátano y yuca, mientras que en Lara la producción se extiende por los municipios Jiménez, Morán e Iribarren, con rubros como cambur, cebolla, calabacín, pepino, remolacha, cebollín y apio España.

    La coordinadora nacional del Plan Pueblo a Pueblo resaltó también el trabajo en Yaracuy, en el municipio Veroes, considerado cuna afrodescendiente, donde se producen plátano, auyama y yuca. En Anzoátegui, el municipio Anaco ha activado la producción de maíz y hortalizas como calabacín y pepino. En Sucre, el plan se desarrolla en la zona costera de Cruz Salmerón Acosta y Yaguaraparo, con camarones y pesca artesanal, además de experiencias en Carúpano con pescadores/as organizados/as.

    “También hemos tenido un contacto productivo en el estado Cojedes, donde la gente está produciendo. Allí destacan cultivos de melón, yuca y apio; en fin, todo ese esfuerzo productivo que enlaza la zona cercana del llano con la parte central, y que se trabaja junto a los compañeros de la región”, dijo.

    En Caracas, se cultivan hortalizas como cebollín, apio España, ajo porro, tomate, pepino y calabacín.

    Laura Lorenzo agregó que, en el Distrito Capital, Pueblo a Pueblo trabaja en la Cota 905 atendiendo escuelas y proyectando la recuperación de zonas forestales y siembra junto a la Comuna Soberanía y Libertad. También se articulan iniciativas con la Comuna Sueño de Zamora en la parroquia El Valle, con la Radio Negro Primero en la parroquia Altagracia, donde se realizan intercambios de saberes.

    El agua como derecho humano

    Para Laura Lorenzo, coordinadora nacional del Plan Pueblo a Pueblo, el debate sobre el agua ocupa un lugar importante en las discusiones de este movimiento. Refirió que ya se han realizado tres conversatorios —en la Cota 905, en la parroquia La Vega y en San Agustín del Sur— donde se aborda el agua como un derecho humano y no como un negocio. “Para los grandes consorcios internacionales, el agua es un negocio: no es un derecho humano”, advirtió.

    Explicó que, junto a compañeros del Instituto Nacional de Parques (Inparques), se han impulsado actividades para proteger las zonas de amortiguación en los parques nacionales, donde nacen ríos y montañas vitales para el abastecimiento. Con acciones de reforestación y cuidado comunitario, señaló que Venezuela aún está a tiempo de evitar el escenario que ya viven otros países, donde el agua se comercializa como un bien de lujo.

    “Aquí en Venezuela todavía estamos a tiempo de detener esos procesos de destrucción, en especial los originados por la deforestación y por el mal cuidado que algunos conglomerados humanos han tenido con el agua, producto de los imaginarios modernos. Precisamente porque estamos a tiempo, podemos revertir los daños que ya se han iniciado en lo que respecta al recurso hídrico. Y, por supuesto, debemos garantizar que nuestras comunidades campesinas, así como las que habitan en urbanizaciones y zonas urbanas, tengan acceso al agua. El agua es un derecho humano”, declaró.

    En su meditación, Laura Lorenzo reafirmó que el agua es un elemento esencial para la vida y para la producción de alimentos, por lo que ocupa un lugar central en las discusiones de las comunas. “Sin agua nosotros no podemos vivir, ni producir alimentos”, afirmó.

    Ilustró que en varios proyectos se ha incorporado la práctica de la siembra de agua, a través de la reforestación de las orillas de los ríos y la plantación de frutales como el aguacate, acciones que ayudan a preservar las fuentes de agua.

    Acentúo la importancia de reflexionar sobre cómo los sistemas productivos inciden en el uso del agua y la necesidad de evitar su desperdicio. “Las plantas consumen agua y así tienen un consumo limitado; no necesitan agua de más”, señaló.

    La ingeniera Laura Lorenzo indicó que estos procesos de conocimiento se fortalecen mediante talleres y actividades en los territorios donde están asentadas las comunas productivas. “Es necesario, sobre todo en lo que respecta a la canalización del agua de lluvia y al respeto de sus ciclos. Nosotros no contamos con cuatro estaciones, sino con un ciclo de lluvias y un ciclo seco; de allí surge la pregunta de cómo realizar la planificación en función de la disposición de agua existente”, expresó.

    La descolonización del estómago

    Según Laura Lorenzo, uno de los desafíos más profundos de Pueblo a Pueblo es transformar los patrones de consumo impuestos por la lógica de los alimentos ultraprocesados y recuperar la tradición culinaria autóctona. “¿Cómo descolonizamos y cómo cambiamos esos patrones introducidos de consumo que han afectado nuestra producción nacional?”, planteó.

    Recordó que muchos rubros como el quinchoncho, los distintos tipos de frijol o la arepa pelá fueron desplazados por productos industrializados.

    Explicó que este proceso se trabaja en talleres y encuentros comunitarios, donde se promueve la consigna de “comer lo que producimos”, de acuerdo con prácticas responsables con la madre tierra. Para ello, el movimiento Pueblo a Pueblo ha elaborado dos recetarios y avanza hacia un tercero, con un enfoque en la cocina conuquera, que busca rescatar los olores, sabores y colores de la comida tradicional, así como la práctica de comer en familia y en comuna.

    Lorenzo señaló que se han incorporado procesos mínimos de transformación de alimentos, como la hidratación y los encurtidos, para prolongar su vida útil y diversificar la dieta. Entre los productos que se están presentando, figuran pasta de tomate y encurtidos de calabacín y pimentón, elaborados directamente por las comunidades.

    “Así vamos recuperando lo sabroso que es comer en comuna y lo sabroso que es comer lo que estamos produciendo, de acuerdo con nuestras formas de cultivar, además con todos esos colores hermosísimos que tienen nuestros cultivos tanto en el campo como cuando los llevamos a la mesa”, afirmó.

    Para culminar su participación en el programa “En clave comunal”, la coordinadora nacional del Plan Venezolano de Producción Comunitaria de Alimentos Pueblo a Pueblo, Laura Lorenzo, dejó a disposición su contacto celular para los que quieran interactuar con este movimiento venezolano: +58 0416-5603187.

  • Investigador venezolano: “Si no estamos descolonizando, estamos recolonizando”

    Investigador venezolano: “Si no estamos descolonizando, estamos recolonizando”

    Caracas, 12 de noviembre de 2025.- “Siempre, históricamente, hemos sido un pueblo de comunidad: hemos tejido en común nuestras historias, construyendo juntos la memoria que nos sostiene”. Así lo aseguró el investigador venezolano Erick Gutiérrez, durante su participación en el programa “En clave comunal”.

    El comunero señaló que la modernidad ha impuesto la noción de que somos individuos aislados, “que nos hacemos, a nosotros mismos, separados del resto, sin vínculo alguno con nuestros semejantes ni con el entorno. Pero eso no es verdad. Basta con mirar la historia —o las historias— de nuestros pueblos originarios: siempre comunitarios; todo en común”.

    Sostuvo que, aunque la educación colonial intentó borrar esa memoria, la comunalidad persiste como fortaleza ética, espiritual y política. “Todavía pervive, todavía resiste, todavía surge esa comunalidad”, afirmó Gutiérrez, destacando que ha sido clave para enfrentar las agresiones imperialistas, las medidas coercitivas y fenómenos como la migración inducida.

    Gutiérrez aseguró que hoy las comunidades han podido superar adversidades apelando a ese componente comunal que las constituye históricamente.

    Comunidad y sociedad

    El investigador Erick Gutiérrez explicó que la diferencia entre comunidad y sociedad ha sido abordada desde la teoría euro-oceánica, particularmente por Max Weber en Economía y sociedad.

    “Uno lee ese libro y descubre que, entre las cosas que plantea, se señala una diferencia entre comunidad y sociedad. En la comunidad todo el mundo se conoce; en la sociedad, en cambio, todo el mundo es anónimo. En la comunidad los lazos son muy fuertes y el control colectivo también es intenso, según él. En la sociedad predominan otros lazos, y por eso la premisa allí es la libertad, la libertad individual. Pero en todo lo que estoy describiendo, que corresponde a la visión euro‑oceánica, el individuo aparece constituido, incluso en su propia autoimagen, aislado del entorno, separado de sus semejantes, como si fuera una partícula ajena a lo demás: sin lazos, sin entramados, sin raíces, sin vínculos”, argumentó.

    Dijo que la expresión más apropiada de la lógica individualista, se encuentra en la célebre frase atribuida a Thomas Hobbes: “‘El hombre es un lobo para el hombre’. Es decir: las personas que tenemos al lado no son semejantes, sino potenciales adversarios, enemigos o rivales, lo que crea un clima de desconfianza”.

    En contraste, Erick Gutiérrez enfatizó que en la comunidad no existe esa lógica de rivalidad.

    Comunidad, cuerpo y madre tierra

    Erick Gutiérrez, coordinador de la Especialidad de Derecho Indígena del Instituto de Investigación y Postgrado de la Escuela de la Magistratura en Venezuela, reiteró que el colonialismo y, en particular, el neocolonialismo educativo han impuesto una visión que separa al individuo de su entorno.

    Expresó que esa epistemología de la modernidad eurocéntrica nos hace percibir la naturaleza no humana como algo ajeno y comienza, incluso, con la separación del propio cuerpo. “No es que tenemos un cuerpo: somos un cuerpo”, resaltó.

    Explicó que esa desconexión con la madre tierra nos lleva a ignorar las señales que ella nos da de que algo está mal, avisos que se manifiestan en la crisis ambiental global. Expuso que esta crisis no solo se manifiesta en fenómenos apreciables como el aumento del nivel del mar, sino también en procesos menos perceptibles, como la desaparición de microorganismos en el suelo que alimentan a plantas y árboles.

    El comunero caraqueño observó que quienes sí perciben estas señales son las poblaciones originarias, campesinas, pesqueras e indígenas. “Las poblaciones originarias están viendo cómo muchas especies desaparecen, y con esa desaparición surge un riesgo de seguridad alimentaria que no estamos percibiendo. Es un ejemplo que nos afecta —o puede afectarnos— directamente. En general, el planeta nos habla cada día de lo que sucede, pero no lo escuchamos. Cuando digo “nosotros”, me refiero a la gente de las ciudades, porque en el mundo campesino, pesquero e indígena sí ven esas señales, sí se dan cuenta; nos alertan de ello. Sin embargo, nosotros no los escuchamos atrapados en esa ceguera aprendida, porque es, en efecto, una ceguera aprendida”, manifestó.

    La comuna como forma de relación humana

    Para Erick Gutiérrez, la importancia de la comuna en Venezuela se evidencia en diversas experiencias de resistencia. Expone su participación en la Comuna Los Flores en Revolución y cómo, durante el bloqueo eléctrico impuesto por el imperio, la respuesta comunal permitió superar una situación crítica.

    “Lo primero que hicimos —hablo de Caracas— en común fue mirar al cielo. Eso tiene su importancia: había personas que nunca habían visto la Vía Láctea. Uno alza la mirada y ese blanco que se extiende allá arriba, ¿qué es? Pues es el centro de la galaxia, es la Vía Láctea. Pero nunca la habías visto porque nunca se había ido la luz de esta manera, y la gran luminosidad de la ciudad te lo ha impedido desde que naciste”, ilustró.

    Comentó que la adversidad también dio lugar a la solidaridad práctica. “Empezamos a comunicarnos entre nosotros. Pongo un ejemplo: tengo a la vecina y le digo: ‘Oye, yo no te conocía, ¿de dónde eres tú?’. Me responde: ‘No, tengo aquí cuatro años’. Así comenzamos a comunicarnos de verdad. No había celular, ni televisión, ni teléfono: nada. Nos comunicamos verdaderamente. ¿Qué otra cosa hicimos? Bueno, con un mueble roto dijimos: vamos a hacer un sancocho colectivo. Alguien tenía una olla grande, yo tenía unas piezas, tú tenías otras. Hicimos un sancocho colectivo”, contó.

    Para Erick Gutiérrez, estas experiencias no solo permitieron enfrentar la agresión, sino que reafirmó la comuna como forma de relación humana y como instancia política de resistencia.

    Descolonización

    De acuerdo con el comunero caraqueño Erick Gutiérrez, la comuna se nutre de la memoria de los pueblos originarios. Esa fuerza, afirmó, se expresa en la posibilidad de recrearse frente a la adversidad, una práctica que los pueblos han sostenido durante más de cinco siglos. “Tenemos más de 500 años haciéndolo y todavía nos falta”, señaló.

    Relató que siempre le preguntan si es posible descolonizar la realidad en apenas 25 años de proceso revolucionario, Gutiérrez responde que esta tarea está en marcha. Reconoció que revertir un proceso de 533 años no es sencillo, pero insiste en que “no se puede dilatar más tiempo”.

    Para descolonizarlos, dijo que “primero tenemos que tener claro que si no estamos descolonizando, estamos recolonizando”.

    El investigador insistió en que el proceso requiere desaprender gran parte de lo aprendido, pues la identidad moderna fue impuesta y está en tensión, en contradicción. “Nosotros no tenemos radicalmente esa identidad. Porque cuando se habla de pueblos originarios, lo que yo soy es un nosotros. Venimos de un ‘nosotros’. Lo que yo soy no tiene sentido, sino en el ‘nosotros’. Para Carlos Lenkersdorf, eso es lo nosótrico: una identidad que solo adquiere sentido en lo colectivo, en lo comunal. Recuperar esa raíz implica reaprender. Implica reaprender a pensar incluso de otro modo, a concebir las relaciones de otro modo”, reflexionó.

    Erick Gutiérrez recordó su propia raíz indodescendiente y la enseñanza de su madre campesina, que le inculcó el amor por los animales y las plantas. “A lo mejor alguien dirá: ¿Y cómo se relaciona eso con una persona que vive en la ciudad? Yo, que también fui profesor en la Bolivariana en Gestión Ambiental de Proyectos, caminaba con mis cursantes —con las chicas y los chicos que me acompañaban en el trabajo— y dijimos: ‘Mira esa mujer que tiene en su casa una maceta. No tiene nada más que un balconcito, y allí pone sus plantitas’. Ella no ha perdido la conexión con la naturaleza [no humana]: guarda una melancolía, una nostalgia”, contó.

    En su relato, agregó que “las personas que siempre tienen un animalito —un perrito, un pajarito, o incluso un gallo en su casa— están volviendo a sus raíces, aunque no lo sepan, porque dicen: ‘Yo no puedo desprenderme de eso’. El caso más dramático son las plantas de plástico, pero al menos hay una planta que me reconecta, aunque sea en mi memoria, en una memoria genealógica”, dijo.

    El comunero caraqueño invitó a reconectarnos con la naturaleza humana y no humana. “Volver a las raíces, a la fuente. Volver a lo que siempre hemos sido y que la modernidad nos ha negado”, recalcó.

    Asumir la contradicción y construir en común

    En conversa con la periodista Nerliny Carucí, el investigador Erick Gutiérrez precisó que descolonizarse en la práctica requiere enfrentar las contradicciones sin miedo ni rechazo. “Somos intrínsecamente dialécticos, contradictorios, convivimos con esa contradicción”, resaltó.

    Afirmó que el sentido está en retomar un camino común, pues la liberación no puede hacerse de manera individual. “Eso ya lo decía Simón Rodríguez, ayudarnos a empezar a hacer esa liberación en común, en colectivo, en comuna, y empezar a pensar también en común”, acentúo.

    Gutiérrez criticó la imposición occidental del “yo” como centro, asociado a la arrogancia y la soberbia. “En el mundo indígena —y también en el campesino y pesquero— la persona más sabia es la más humilde, la que más se entrega a los demás y la que más aprende de ellos. Entonces, ¿cuál es el primer paso? Verme reflejado en la persona que tengo cerca, no verla como adversaria, sino como alguien de quien puedo aprender y a quien también tengo algo que aportar”, afirmó.

    Declaró que el proceso de verse en el otro implica entrelazarse, entreayudarse y buscar soluciones colectivas, abandonando actitudes egoístas e individualistas. “La solución nace de un proceso colectivo donde muchos y muchas pensamos, sentimos, y de ahí emergen las soluciones”, afirma.

    Advirtió que el imperialismo se vale de la ambición y la corrupción para socavar pueblos y gobiernos. “Hay que abandonar actitudes arrogantes, egoístas, individualistas. Empezar a construir juntos otra realidad, incluyendo la realidad de lo que yo soy, de lo que somos”, dijo.

    Los desafíos de la Comuna frente al capital

    Sobre los desafíos de la Comuna venezolana frente a los nuevos mecanismos del capital, Erick Gutiérrez explicó que estos apuntan a una guerra cultural de múltiples dimensiones: intelectual, cognitiva y académica. “Para mí, leer ahorita es un acto subversivo, un acto antisistémico. Porque [el capital] justamente está buscando que uno no lea, que uno no piense. No quiere que el ser humano piense”, reafirmó.

    Recordó la pandemia del covid en la cual se profundizó el aislamiento individualista, encerrando a las personas en pantallas y teléfonos. “Lo primero que debemos hacer es soltar la pantalla para comunicarnos de verdad, volver a la oralidad, a la comunicación auténtica. Debemos volver a ver la realidad. Volver a conectarnos con los que somos, conectarnos con los otros”, exhortó.

    Gutiérrez manifestó que no es un proceso fácil. “Pero tenemos otra alternativa: volver a los orígenes, volver a las raíces. Y repito, se trata de aprender a desaprender gran parte de lo aprendido. Recuperar esas técnicas de cultivo de nuestros ancestros. Esa relación de cuidado hacia la madre tierra, quien nos cobija a todos. ¡Este planeta no le pertenece a las élites del capital!”, puntualizó.

    Finalmente, reivindicó una vez más lo indígena y lo ancestral como apuesta de futuro: “Son los que están enseñando hacia dónde debemos ir, hacia dónde debemos retornar. Por eso son tan peligrosos para el gran capital. Venezuela es una amenaza inusual y extraordinaria porque camina su propio camino: su horizonte es lo comunal”.