Leyes comunales han sido “ancla” en la construcción del poder popular en Venezuela

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  • Leyes comunales han sido “ancla” en la construcción del poder popular en Venezuela

    Leyes comunales han sido “ancla” en la construcción del poder popular en Venezuela

    Caracas, 7 de abril de 2026.- “El poder popular es la génesis de la construcción de nuestros propios destinos, a partir de las decisiones que tomamos como pueblo en función de nuestra fortaleza, de nuestra potencialidad y de nuestra realidad e identidad histórica y cultural. Es esa capacidad la que nos permite construir nuestro propio destino y marcar nuestros propios procesos de gobernanza”.

    Estas fueron las palabras de Sandino Marcano, director general de la Oficina Estratégica de Seguimiento y Evaluación de Políticas Públicas del Ministerio del Poder Popular para las Comunas y los Movimientos Sociales, referente a la construcción del poder como política de liberación, a propósito de los veinte años de la primera Ley de Consejos Comunales en Venezuela.

    Para Marcano, el poder popular implica que las comunidades puedan priorizar problemáticas, gestionar soluciones y activar las capacidades presentes en cada ámbito territorial, «en función no solo de las necesidades, sino de sus sueños».

    Recordó que esta visión ha estado presente desde los planteamientos iniciales del proyecto político que impulsó la organización comunitaria como eje de transformación. “Estaba revisando un poco el Libro Azul, y allí Chávez lo enmarcaba muy bien; ¡siempre lo tuvo claro! El comandante tenía claridad desde su pensamiento inicial y en la manera de trazar su plan de la nación cuando decidió transitar la vía pacífica para acceder al poder: ese camino debía ser siempre con la gente organizada, con el poder popular ―digámoslo así― originario”, señaló.

    Superar la visión liberal del poder

    Durante su participación en el programa “En clave comunal”, Sandino Marcano, jefe del Observatorio de Información e Indicadores del Poder Popular, explicó que durante décadas se instaló una concepción del poder que reducía la participación popular al acto de votar y delegar decisiones en representantes durante largos períodos.

    Señaló que esa visión, sostenida por estructuras históricas, contribuyó a que las sociedades fueran dominadas más por la ignorancia que por la fuerza, al hacer creer que el ejercicio del poder se limitaba a elegir a alguien que luego decidiría por la gente.

    “Chávez nos demostró que no era así. Y es un tema de formación, es un tema ideológico, es un tema cultural que, cada día —hoy, después de veinticinco años de revolución—, tenemos que seguir profundizando: creernos que somos sujetos activos, que podemos construir nuestra propia historia y tomar nuestras propias decisiones”, aseguró.

    Precisó que, aunque el marco institucional vigente contempla la delegación de ciertas responsabilidades administrativas, ello no implica renunciar al carácter originario del poder popular. Según Marcano, esa delegación no debe convertirse en apropiación ni en desplazamiento de las necesidades y requerimientos de las comunidades, que continúan siendo el núcleo del poder constituyente.

    El consejo comunal como resistencia popular

    Sandino Marcano afirmó que, tras la partida física de Hugo Chávez y en medio de las dificultades enfrentadas por el presidente Nicolás Maduro, la clave para sostener el proceso político ha sido “cultivar al poder popular”.

    Explicó que este proceso ha permitido que muchas personas asuman la comunidad como un modo de vida y de organización, y se convencieran de que podían ser “importantes para las transformaciones que se debieran generar en sus territorios, y desde ahí al país entero”.

    Marcano destacó que los consejos comunales y el andamiaje jurídico comunal han sido decisivos en ese proceso. Señaló que la organización de la gente en torno a estas instancias fortaleció la capacidad de gobernar desde lo local y de resolver situaciones concretas con los recursos disponibles. A su juicio, este tejido comunitario generó “un proceso de resistencia popular importante”, al punto de considerar que, sin los consejos comunales, “tal vez hoy, tras toda la escalada imperialista, no estuviéramos aquí”.

    Sostuvo que la permanencia del proyecto político ha dependido de la consolidación de estas formas de organización territorial, cuyo desarrollo ha tenido a las leyes comunales como «ancla». Aseguró que, frente a los intentos de desestabilización, la conciencia generada en las comunidades ha sido determinante: “Si nos dejamos quitar esto, entonces, ¿a dónde vamos?”, expresó al referirse al riesgo de retrocesos históricos.

    En este sentido, resaltó que los consejos comunales, las comunas y los circuitos comunales constituyen expresiones complementarias que han permitido sostener la participación popular en distintos niveles.

    Formación y comunicación para fortalecer la gestión comunal

    Sandino Marcano reseñó que en Venezuela existe un conjunto de políticas públicas orientadas a consolidar las capacidades de los consejos comunales, especialmente en materia de formación. Explicó que “todo el plan de formación del Ministerio de las Comunas tributa a ese proceso”, en referencia al fortalecimiento de las vocerías y de la organización comunitaria en los territorios.

    Indicó que este esfuerzo se ha vuelto aún más relevante debido a la renovación constante de las vocerías en los consejos comunales. Según afirmó, “hay muchas nuevas vocerías, porque ha habido un proceso de renovación permanente de estas estructuras orgánicas”, lo que exige mecanismos de capacitación que acompañen a quienes asumen responsabilidades en la gestión local.

    Marcano enfatizó que instituciones como la Escuela de Fortalecimiento del Poder Popular y la Universidad Nacional de las Comunas (Unacom) están generando procesos formativos que permiten a las comunidades reflexionar sobre la trayectoria de estas dos décadas de organización territorial. Apuntó que estas instancias buscan que las vocerías “tengan cada día más herramientas para la dirección política” en sus espacios.

    El poder popular como motor de resistencia y autoconciencia territorial

    Sandino Marcano aseveró que, en el contexto actual, el papel del poder popular consiste en “marcar la diferencia y mantener activos en los territorios la lucha, la resistencia y la organización” construidas durante años.

    Alegó que estas dinámicas comunitarias han demostrado que existe capacidad para sostener procesos de gobierno propio desde los territorios, a través de formas de organización, planificación y gestión como los gobiernos populares. Afirmó que las comunas y las Salas de Autogobierno tienen hoy “un rol fundamental”, tanto para sostener la resistencia creativa como para mantener la autoformación, la autoconciencia, en cada uno de sus territorios.

    Dijo que, en los territorios, la organización comunitaria ha sido decisiva para mantenerse “de pie en la lucha”, y que el desafío actual es profundizar la fuerza, la resistencia y la capacidad de dirección desde las bases.

    Luchas territoriales contra el racismo, el colonialismo y el patriarcado

    En conversa con la periodista Nerliny Carucí, el director general de la Oficina Estratégica de Seguimiento y Evaluación de Políticas Públicas del Ministerio del Poder Popular para las Comunas, Sandino Marcano, afirmó que el proceso de conciencia impulsado en revolución ha permitido que muchas organizaciones comunitarias asuman en sus territorios banderas de lucha contra el racismo, el colonialismo, el patriarcado y el imperialismo.

    Subrayó que, aunque aún persisten vestigios de estas problemáticas en algunas comunidades, se han producido avances significativos en el respeto y la participación de sectores históricamente inferiorizados. Destacó que mujeres, pueblos afrodescendientes y diversos movimientos sociales han logrado “cada vez mayor participación e incorporación de sus premisas” en los espacios organizativos, lo que considera fundamental para la transformación cultural.

    Declaró que estas luchas no pueden verse separadas de la organización comunal, pues forman parte de un mismo proceso.

    Relató que, en un encuentro con una comunidad pesquera, insistió en que asumir el ejercicio comunal es clave para acelerar los avances colectivos. “Yo, en estos días, estaba en una comunidad pesquera y les decía a los pescadores: ‘El día que ustedes asuman que son parte del ejercicio comunal, y que pueden asumir el poder —incluso como vocerías de esa comuna—, verán que van a avanzar más rápido’. Porque, a veces, pareciera que nosotros somos los pescadores y tenemos nuestra parcela como pescadores, y allá, aparte, está algo que se llama la comuna. ¡No!: somos parte de lo mismo. Tenemos que incorporarnos, tenemos que articularnos, tenemos que fortalecerlo”, contó.

    La consulta popular como política pública de origen comunal

    Sandino Marcano explicó que la consulta popular, aun cuando se ejecuta desde las instituciones del Estado, mantiene su carácter comunal porque el proyecto no es impuesto desde arriba, sino que surge de las necesidades colectivas definidas en los territorios.

    Declaró que se trata de una política pública “porque es que el poder popular, como gobierno popular, también desarrolla políticas públicas, también planifica”, y destacó que el Estado no determina los proyectos, sino que estos nacen del ejercicio de gobierno popular que prioriza, decide y luego los somete a elección para su atención inmediata.

    Descolonizar prácticas y subjetividades dentro de la organización comunal

    Sandino Marcano expresó que uno de los principales desafíos en los territorios es avanzar en la descolonización del pensamiento y de las prácticas cotidianas. Manifestó que persisten comportamientos heredados de estructuras tradicionales que influyen incluso en la organización comunitaria.

    Puntualizó que, en ciertos casos, un representante puede “institucionalizarse, y perder la objetividad de lo que es la lucha del poder popular”, adoptando comportamientos que imitan formas de autoridad tradicionales, como “quererse ver como el alcalde chiquitico de ese espacio territorial”.

    Marcano afirmó que superar estas distorsiones es un reto central para la construcción de nuevas formas de gobierno desde los territorios. Consideró que la descolonización debe expresarse en prácticas más humanas y orientadas al servicio comunitario. Según indicó, el objetivo es que “el nuevo Estado que queremos construir se vea en esas nuevas realidades, en esas nuevas prácticas más humanas, más sanas… desde el servicio al otro”.

    La economía comunal como el mayor desafío estructural

    Sandino Marcano aseguró que la economía comunal constituye “el desafío más grande” dentro del proceso organizativo, especialmente porque muchos proyectos productivos aún se desarrollan bajo lógicas heredadas del sistema tradicional.

    Expuso que, aunque en la reciente consulta popular surgieron “casi mil proyectos de la primera transformación”, vinculados al área económica, persiste la dependencia de los mismos mecanismos del mercado capitalista.

    Marcano apuntó que uno de los retos centrales es “romper con los esquemas para desarrollar una economía diferente”, evitando caer en el facilismo de pensar que basta con que una actividad sea ejecutada por la comuna para que sea realmente transformadora.

    Servicios públicos y prioridades comunes en las consultas populares

    Sandino Marcano, jefe del Observatorio de Información e Indicadores del Poder Popular, remarcó que, aunque cada territorio posee particularidades e historias propias, las comunidades han atravesado un ciclo de agresiones económicas que ha impactado de manera similar a todo el país.

    Refirió que, debido a ese contexto, muchas comunas comparten necesidades urgentes. “Pasamos por muchas situaciones con la guerra económica, las medidas coercitivas unilaterales y el bloqueo, y uno de los sectores que más resultó afectado en nuestras comunidades fue el de los servicios: el agua, la electricidad, la vida cotidiana misma, que requiere recursos importantes. Son áreas que demandan una inversión considerable”, recordó.

    Indicó que, ante la llegada de recursos directos a través de la consulta popular, las comunidades priorizan resolver estas carencias estructurales. Afirmó que “la gente lo primero que quiere solventar es el tema del agua, es el tema de la electricidad, es el tema de la vialidad”, lo que explica la similitud entre los proyectos presentados en distintos territorios. Sin embargo, aclaró que, al analizar cada caso, se observan diferencias específicas: “Mientras en un lugar se requiere un transformador, en otro se necesita el tendido eléctrico completo o solo luminarias”.

    Marcano también destacó que, aunque la producción es una categoría ampliamente postulada, no siempre resulta prioritaria al momento de elegir proyectos ganadores.

    “Es un tema que ha venido escalando un poco y que, incluso, pudiera resultar contradictorio, porque, cuando vemos los más de 280 mil proyectos que se han postulado desde que inició la consulta —postulados, no ganadores, sino postulados—, la primera categoría con más proyectos presentados es la económica. Sin embargo, no es la que tiene más proyectos ganadores. La gente, al tener la oportunidad de postular sus siete proyectos en cada consulta, siempre incluye uno o dos de la economía; pero, ante la necesidad real —por ejemplo, de lo que hablo respecto a los servicios—, termina dejándolos de lado y se impone la coyuntura. En esta consulta de 2026, que tenía esa particularidad de la Transformación 2 (Transformación para la Independencia, la Cultura, la Ciencia y la Tecnología) y la Transformación 1 (Transformación Económica), fíjate que solo alrededor de mil proyectos —1000 de 5336 que debían quedar ganadores— fueron los que quedaron en esa Transformación 1. El resto sigue siendo del tema de los servicios”, observó.

    Participación en las consultas

    Ante la pregunta de uno de los radioyentes sobre si existe una base de datos oficial que consolide el porcentaje de participación en las consultas populares, Sandino Marcano comentó que no, debido a que se ha evitado que estos procesos puedan verse como un hecho competitivo territorial.

    Dijo que, aunque no hay un registro nacional unificado, sí se manejan referencias sobre estados con mayor participación como Zulia, Miranda, Caracas, Lara; y un aumento en participación en estados como Sucre, Trujillo y Monagas.

    Contó, además, que cada comuna lleva su propio conteo al cierre de la consulta, lo que permite mantener un histórico interno sin desvirtuar el carácter comunitario del proceso.

    ‘Transferencia de competencias’

    Para finalizar, Sandino Marcano refirió que la ‘transferencia de competencias’ al poder popular, pese a ser un precepto constitucional y un objetivo político debatido durante años, ha sido una política incipiente.

    “Eso no quiere decir que no haya experiencias relevantes en algunos estados, algunas alcaldías o algunos ministerios que se han atrevido. Yo, por ejemplo, en su momento asumí una responsabilidad en Infocentro. Infocentro era punta de lanza en el ejercicio de transferencia de competencias al poder popular. En ese sentido, tal vez algunas alcaldías se han quedado solo en el tema de los desechos sólidos, pero han logrado transferir competencias; así como el gas, entre otros, en algunos territorios”, concluyó.

  • El perdón como clave para reconstruir la convivencia en Venezuela

    El perdón como clave para reconstruir la convivencia en Venezuela

    Caracas, 25 de febrero de 2026.- “El perdón tiene una dinámica psicosocial profunda, determinante para comprender y ejercer correctamente este proceso”. Estas fueron las palabras del psicólogo clínico Róger Garcés al referirse a la amnistía y a la construcción de convivencia comunitaria.

    Durante su participación en el programa radial “En clave comunal”, Garcés destacó que saluda todos los esfuerzos que se hagan en el país para construir una vida armónica, una vida en convivencia, capaz de superar las diferencias y el odio que —según señaló— sembró un sector extremista de la actividad política.

    El psicólogo venezolano recordó que la palabra amnistía proviene de an (eliminar) y mnésis (memoria), lo que la vincula con una “amnesia voluntaria” orientada a trascender lo ocurrido. En este sentido, Garcés citó a Martín Fierro para reforzar la idea de que “olvidar lo malo también es tener memoria”, una frase que, según explicó, invita a comprender el perdón como un acto de liberación.

    Errores al perdonar

    Róger Garcés, máster en Psicología y doctorante en Estudios Nuestroamericanos, enumeró cinco errores fundamentales que suelen cometerse al intentar perdonar.

    El primero es creer que el perdón es un acto. “El perdón no es un acto, es un proceso”, enfatizó. Refirió la enseñanza del maestro Jesús sobre perdonar “setenta veces siete”, como una invitación a comprender que el perdón requiere constancia y profundidad.

    El segundo elemento es que el perdón funciona como un límite: protege a la persona agraviada para que no siga siendo objeto de daño y establece una frontera para evitar que la conducta agresiva se repita. “Si yo te perdono y tú me sigues pegando con un palo; de ahí, no hacemos mucho”, ejemplificó.

    El tercer punto es que el perdón puede ser un “acto íntimo”, que no necesariamente debe comunicarse a la persona involucrada. Mencionó que, incluso cuando alguien ha fallecido, es posible perdonar internamente sin necesidad de un interlocutor.

    El cuarto elemento es que “se perdona la conducta, no a la persona”; porque los seres humanos “hacemos conducta, pero no somos la conducta”. Explicó que la persona que comete un error no es la misma que luego lo reconoce, y por eso el perdón debe dirigirse a la acción, no a la identidad.

    El quinto error que se comete está en convertir la conducta en una identidad permanente. “Si dices una mentira, eres mentiroso para siempre”, dijo. Advirtió que esto dificulta cualquier proceso de reconciliación.

    Responsabilidades del perdonado

    En su conversa con la periodista Nerliny Carucí, el psicólogo clínico Róger Garcés destacó que, así como quien perdona debe atravesar un proceso, la persona perdonada también tiene responsabilidades.

    Explicó que existen tres elementos que permiten evaluar si alguien está realmente en condiciones de ser perdonado: “Sentimiento de culpa, actitud reparatoria y juicio crítico. Si la persona no presenta ninguno de estos tres componentes, está mal la cosa”, argumentó.

    Garcés insistió en que, sin actitud reparatoria, sin sentimiento de culpa y sin juicio crítico —es decir: sin la capacidad de dar cuenta de su propia conducta dentro de un contexto— resulta muy difícil que el perdón pueda ser efectivo. Para él, la ausencia de estos elementos impide que la persona reconozca el daño causado y, por lo tanto, obstaculiza cualquier proceso de reconciliación.

    Róger Garcés expuso que la persona responsable de un daño debe desarrollar sentimiento de culpa, juicio crítico y conciencia. En tal sentido, refirió la enseñanza ancestral de los pueblos originarios: los antiguos mayas, quienes se saludaban diciendo In Lak’ech (“yo soy otro tú”), a lo que se respondía Ala k’in (“tú eres otro yo”).

    Desde esa perspectiva, “si yo soy otro tú y te hago daño, también me lo hago a mí mismo. Pero cuando alguien cree que existe una separación entre su persona y la del otro —cuando piensa que no tiene nada que ver con los demás y que vivimos en individualidades aisladas— olvida que todos los seres humanos estamos vinculados y vivimos en interdependencia. No hay acción en la comunidad que no involucre al otro”, aseguró.

    Garcés advirtió que, cuando nunca se nos enseña que nuestra conducta está directamente relacionada con los demás, se fomenta el egoísmo y el individualismo, y de allí “hay solo un paso” al fascismo.

    Deshumanizar al otro

    Sobre los efectos de no reconocer y deshumanizar al otro, Róger Garcés, investigador en el área de guerra cognitiva, arguyó que “la deshumanización crea las condiciones para la eliminación física del otro. Establece un mecanismo que hace contacto con lo que Martha Nussbaum llamaba ‘el asco proyectivo’. Es decir: se va generando asco del otro. Y el asco está muy relacionado con una palabra que está muy cercana, que es la ‘repugnancia’”, aseveró.

    Explicó que el “asco” psicológicamente conecta al ser humano con la violencia. “La cultura de la cancelación tiene como objetivo ser el precursor de una agresión violenta más tarde. Un ejemplo es la guerra que inició Occidente contra los rusos. Es el mismo hecho cuando un sector se refiere a los chavistas como ‘desdentados’, ‘sucios’ y otros descalificativos. El propósito es deshumanizar para eliminar; ese es el objetivo del fascista”, dijo.

    Reconstruir la convivencia

    Al abordar la importancia de reconstruir la convivencia solidaria y pacífica, Róger Garcés reiteró que los seres humanos “vivimos en interdependencia”, vinculados unos con otros, y no aislados. Por ello, insistió en que la convivencia no puede sostenerse desde una sola parte, como ha ocurrido durante los últimos 500 años.

    En su reflexión, señaló que la oposición extremista “ha entrenado a sus adeptos para el ejercicio de la violencia”, en lugar de formarlos para la función política basada en la comunicación y en el uso de la palabra.

    Sin embargo, el máster en Psicología destacó que existe también una oposición democrática que sí cree en el diálogo. Subrayó que es fundamental que quienes adversan al Gobierno comprendan que el juego democrático requiere del uso de la palabra y de los mecanismos institucionales que ofrece el Estado para dirimir diferencias.

    Errores comunicacionales y la necesidad de pedir perdón

    Róger Garcés, investigador en la Universidad Internacional de las Comunicaciones (Uicom), expuso que, además del uso de la palabra y de los mecanismos constitucionales, se necesita recuperar el nivel comunicacional, ya que “se han cometido muchos errores de parte y parte, tanto de la oposición como del chavismo”.

    Entre ellos, mencionó la descalificación, que considera un obstáculo para la convivencia democrática. En este contexto, reafirmó que así como es importante que las personas entiendan que pueden ser perdonadas, también es necesario pedir perdón por los errores cometidos, como condición para construir un futuro más armónico.

    Recordó una idea que considera esencial: “La semejanza nos une, la diferencia nos hace crecer”. Y añadió que, aunque “amar al prójimo” es importante, lo es aún más amar “al que está lejos, al distinto, incluso a quien sostiene ideas contrarias”. Para Garcés, ese es el verdadero desafío ético-político.

    Manifestó la necesidad de desarrollar mecanismos que permitan que la palabra se convierta en un punto central en la dinámica colectiva, eliminando prácticas que han sido “terribles para el ejercicio democrático”, como la burla, el insulto y la descalificación.

    A su juicio, uno de los factores que más incide en estos comportamientos es el ego, pues muchas personas creen que su idea política forma parte de su identidad. “Eso no es verdad”, afirmó.

    Violencia política y el extremismo

    Durante el desarrollo del programa radial, el psicólogo clínico Róger Garcés recordó haber vivido de cerca un suceso vinculado a la violencia política. Evocó un episodio ocurrido en 2017, cuando trasladaba en su vehículo a un familiar con un accidente cerebrovascular (ACV) y pidió permiso para pasar por una vía trancada por grupos “guarimberos”. “Me tiraron una molotov en el carro”, relató. Para él, hechos como ese no representan ejercicio político, sino expresiones de fundamentalismo y extremismo.

    Garcés lamentó que la política haya sido tergiversada. Dijo que su sentido original —derivado de la polis griega— es el de permitir que las personas resuelvan sus problemas mediante la discusión y la asamblea. En contraste, explicó que el fundamentalismo surge cuando alguien cree que su tesis es la única correcta, con un carácter “mesiánico” y “sagrado”, sin derecho a discusión. Esa degeneración, añadió, puede derivar en el extremismo, una forma aún más peligrosa de acción política.

    Para ilustrar cómo se distribuyen estas conductas, el investigador venezolano mencionó que “de cada diez personas que abrazan una idea política, solo una toma conducta; de cada diez personas que toman conducta, una adopta una conducta extrema. No son datos comprobables, pero es una forma de entender estos hechos. Es decir: un pequeño partido de mil personas puede tener diez extremistas, y diez personas pueden paralizar un país”, comentó.

    El perdón libera

    Al responder a la pregunta sobre si el perdón es unilateral o si requiere un proceso compartido entre quien perdona y quien es perdonado, Róger Garcés relató una historia transmitida por su maestra, Venerable Damchö, periodista estadounidense que trabajó con veteranos de guerra.

    Garcés contó que dos soldados estadounidenses, capturados al inicio de la guerra de Vietnam, pasaron ocho años presos, sometidos a golpes y maltratos constantes. Décadas después, en un encuentro de veteranos, uno de ellos preguntó al otro si recordaba al sargento vietnamita que los torturaba: “‘Sí, me acuerdo’, respondió. ‘¿Ya lo perdonaste?’, insistió el primero. ‘No, no lo he perdonado’. A lo que su compañero le dijo: ‘Entonces todavía te tienen preso’”.

    Con esta anécdota, el investigador venezolano subrayó que el perdón no es un acto que libera únicamente a quien se perdona, sino también —y sobre todo— a quien perdona.

    Caminos hacia la paz

    El psicólogo clínico Róger Garcés reconoció que existen problemas en distintos niveles del país: judiciales, policiales, económicos, sociales, en la administración de justicia y en la de salud. No obstante, planteó una pregunta clave: “¿Qué tal si empezamos a restar problemas?”. Para él, la salida pasa porque todos pongan “su granito de arena, arrimen el hombro y trabajen por la armonía colectiva”.

    Señaló que tal vez sea necesario atravesar procesos de amnistía, asumir momentos de “tragar grueso”, desarrollar la conciencia y anular el ego. Garcés recordó que Buda decía que “el perdón es una cancelación del pasado”, lo que subraya la profundidad de ese proceso.

    En ese sentido, insistió en que Venezuela debe empeñarse en cancelar el pasado de violencia que surgió del odio político. Retomó además una reflexión de Shantideva: “Lo único que nosotros podemos odiar es al odio mismo”. Para Róger Garcés, el uso del odio como herramienta política ha sido “el peor error” cometido en el país.

    Por ello, Róger Garcés afirmó que, de aquí en adelante, cualquier confrontación política debe darse desde la comunidad, desde el ejercicio de la palabra, el respeto y la tolerancia. Solo así —concluyó— será posible tener una política que contribuya a la convivencia y no a la destrucción.

  • Maestras comunales venezolanas trabajan en descolonizar saberes y prácticas educativas

    Maestras comunales venezolanas trabajan en descolonizar saberes y prácticas educativas

    Caracas, 11 de diciembre de 2025.- “Es importante que las maestras y los maestros reconozcan y se apropien de los saberes y haceres de la comuna. Que la educación que se imparta en cada escuela se nutra también del saber comunitario”. Así lo dijo la profesora Zaida Echarry al abordar las miradas sobre la comunalización de la educación.

    Echarry explicó que este proceso no se limita al conocimiento académico, sino que integra también el saber empírico de los pueblos. Recordó que esta visión se inspira en el pensamiento de Simón Rodríguez, quien defendía el “aprender haciendo”, y que hoy se puede ver en el Vicerrectorado de Comunalización de la Educación de la Universidad Nacional Experimental del Magisterio Samuel Robinson.

    La profesora Mirna Monserrat Fernández complementó que esta universidad, creada hace siete años, aunque joven, ya resuena en todo el territorio nacional. Con sede principal en la torre del Ministerio del Poder Popular para la Educación, funciona como una institución territorializada. “Nosotros somos formadores de maestros y, por supuesto, tenemos presencia allí. Estamos en cada escuela, acompañando y construyendo educación desde el territorio”, apuntó.

    Fernández subrayó que se trata de la única universidad de maestros que cuenta con un Vicerrectorado de Comunalización de la Educación, lo que constituye un enlace directo entre escuela y comuna. “La comuna va avanzando a pasos gigantescos en nuestro territorio nacional y la escuela no puede quedarse atrás”, señaló durante su participación en el programa radial “En clave comunal”, transmitido por Radio Nacional de Venezuela (RNV).

    El maestro como agente de descolonización

    Para Mirna Monserrat Fernández, maestra en ciencias sociales, la tarea de comunalizar la educación es compleja porque implica enfrentar las huellas de la colonialidad que aún persisten en la conciencia colectiva.

    “Es difícil la tarea. Por eso es que el maestro no puede estar colonizado. El maestro tiene que brillar en su pensamiento”, afirmó, reivindicando la necesidad de una formación inspirada en el pensamiento original planteado por Samuel Robinson y en la pedagogía crítica de Paulo Freire.

    Fernández advirtió que la falta de identidad nacional y la influencia de culturas ajenas, transmitidas de manera directa a través de la tecnología, han debilitado el vínculo con los saberes ancestrales. “Nos huele mal tener orígenes de nuestros indígenas. Y eso es lo que nos ha llevado a asumir una cultura equivocada, que hoy se encuentra en boga entre nuestros jóvenes. Es allí donde entra la escuela, es allí donde está el maestro formado para impulsar una nueva transformación con enfoque comunitario”, manifestó.

    Sobre el tema de la transformación curricular en Venezuela, Mirna Monserrat Fernández expresó que esta debe surgir de la vida comunitaria. “Eso nace en la comuna. Y es lo que nosotros estamos insistiendo, que el maestro debe formarse en, por y para la comuna. Allí está la clave: los saberes del pueblo (el pueblo autoconsciente y soberano), el saber del poder popular, el convivir en comunidad”, aseguró.

    La docente explicó que la base de cualquier cambio educativo debe estar en los espacios donde niños, niñas, padres y representantes hacen vida cotidiana. “La transformación curricular debe nacer en la comunidad, en la comuna donde nuestros niños y niñas hacen vida y donde nuestros padres y representantes conviven. Es allí donde debemos recoger esa esencia y esos saberes que brotan y se han venido forjando desde la historia en cada una de nuestras comunas”, insistió.

    Educación en clave de descolonización

    En conversa con la periodista Nerliny Carucí, la directora de movimientos sociales Zaida Echarry opinó que la ciencia no debe imponerse como conocimiento superior, sino ponerse al servicio de los saberes y haceres de los pueblos.

    Recordó que desde 1492 se instaló una modernidad sostenida por la colonialidad, y que hoy el desafío es avanzar en un proceso de descolonización. Ese camino, explicó, se concreta en el Vicerrectorado de Comunalización de la Educación, concebido como un espacio para descolonizar el pensamiento de maestras y maestros.

    Echarry señaló que anteriormente los docentes vivían aislados de la realidad de las comunidades. Actualmente, desde el Movimiento Pedagógico Nacional Robinsoniano, los educadores se organizan para participar en los procesos comunitarios y en las consultas nacionales. “Es parte de la descolonización: son procesos que, aunque todavía pequeños, cobran sentido frente a nuestra larga historia de más de 500 años de colonización. Son precisamente estos procesos los que hoy nos permiten acercarnos más y ser parte activa de las comunas”, declaró.

    Con respecto a la descolonización, la docente expuso que no es solo un ejercicio intelectual, sino un proceso cotidiano que transforma la manera de mirar, sentir y relacionarse con la comunidad. Relató su experiencia como maestra en la escuela Comandante Supremo Hugo Rafael Chávez Frías, ubicada en el urbanismo La Limonera, donde comprendió que, para establecer un verdadero vínculo, con la comunidad debía conocer sus prácticas, sus saberes y su identidad.

    “Estar en esa comunidad, aprender sus haceres y saberes, cómo sembraban, lo importante que era para ellos su parte de identidad, cómo se reconocían, eso me ayudó a mí y a mis estudiantes”, explicó.

    Para Zaida Echarry, este acercamiento fue profundamente transformador, pues reafirmó que la comuna no es únicamente una instancia política, sino una forma de relación humana.

    Formar al maestro comunal desde la raíz

    Según Mirna Monserrat Fernández, doctora en Ciencias Pedagógicas, el compromiso de formar maestros comunales ha sido uno de los grandes retos de la Universidad Nacional Experimental del Magisterio Samuel Robinson.

    “Nuestra universidad, muy pequeña, tiene siete años de gestación, de haberla parido esta Revolución Bolivariana, y que para formar a un maestro distinto, a un maestro comunal, para nosotros ha sido un gran reto”, expresó.

    Subrayó que el maestro comunal debe enseñar desde la recuperación de los ancestros y las raíces, construyendo una identidad nacional verdadera, sin menosprecios, y basada en la esencia de los saberes que nacen y conviven en la comuna. Para ello, señaló, es indispensable que el maestro descolonial se forme con unas herramientas específicas como la asamblea, la cartografía socioeducativa y el reconocimiento de cómo los saberes del pueblo ayudan a formar a niños y niñas con el deseo de comuna.

    Asimismo, planteó la importancia de la comunalidad como práctica cotidiana, vinculada a la querencia y la topofilia: “Ese amor por los espacios de vida —las casas, las cuadras, la escuela, el CDI— y la experiencia de recorrerlos y convivirlos a diario. Para nosotros, es indispensable en la formación del maestro comunal”, recalcó.

    En cuanto a los retos que enfrenta el maestro comunal en Venezuela, la profesora Fernández dijo que son múltiples y atraviesan tanto lo tecnológico como lo humano. “El maestro tiene desafíos incluso del ser”, señaló.

    Destacó que el momento histórico que vive el país exige un compromiso profundo, pues está en juego la posibilidad de seguir siendo en esencia venezolanos. “Nos estamos jugando la historia, nos estamos jugando el poder ser realmente”, enfatizó.

    Cultura digital

    A juicio de la profesora venezolana Zaida Echarry, la cultura digital tiene un efecto de borradura sobre los saberes y haceres de los pueblos, anulando la memoria histórica y debilitando la comunalidad. “La comunalidad es el espíritu de vernos desde la otredad, de ver cómo estamos, de ayudarnos y entreayudarnos; de ahí nace la comunalización”, explicó.

    Echarry advirtió que el uso del teléfono desvincula a las personas de la realidad, alejándolas de la parte humana y espiritual. “Estamos alienados. Cada día nos estamos alejando más de la familia, de la sociedad y del espacio donde nosotros estamos viviendo”, indicó.

    Identidad y orgullo nacional en la formación de los jóvenes

    Sobre el papel del maestro en tiempos de guerra cognitiva, Mirna Monserrat Fernández dijo que debe estar orientado en el pensar y actuar siempre en función de la formación de niños, niñas y adolescentes, quienes representan el futuro de Venezuela.

    Fernández insistió en que los jóvenes deben ser formados con amor propio y con la certeza de ser venezolanos. “Que se sientan realmente profundamente venezolanos. Y este sentimiento va más allá, quizás, de cantar el himno o de arroparse con nuestra bandera; se trata, más bien, de lograr que nuestros saberes y nuestros ancestros se sientan orgullosos de que somos venezolanos, haciendo que esos saberes se renombren y se realcen en cada uno de los días de sus vidas”, puntualizó.

    Manos a la siembra: identidad y memoria comunitaria

    Para Zaida Echarry, reconectar a las juventudes con la tierra y con la cultura ancestral pasa por fortalecer programas como Manos a la siembra, iniciativa que —afirmó— se ha mantenido en el tiempo y sigue siendo impulsada por la Universidad Nacional Experimental del Magisterio Samuel Robinson junto a maestras y maestros en todo el país.

    La directora de movimientos sociales destacó que, aunque no todos saben sembrar, muchos padres de los estudiantes sí poseen ese conocimiento, transmitido como parte de su identidad. Recordó un congreso de docentes en el estado Zulia, donde se resaltó la importancia del calendario agrícola como guía cultural para la siembra. “Así como ellos luchaban y hablaban de su identidad, así tiene que hablar cada una de nuestras comunas”, señaló.

    La profesora subrayó que la cartografía socioeducativa es una herramienta clave para indagar en los espacios comunitarios cuáles son los lugares productivos y qué se cultivaba anteriormente. “Es importante la historia de nuestros territorios”, reiteró.

    Soberanía alimentaria y proyectos comunitarios

    De acuerdo con Mirna Monserrat Fernández, la soberanía alimentaria constituye una de las líneas de investigación más relevantes del Vicerrectorado de Comunalización de la Educación. Explicó que actualmente están en concreción un proyecto de siembra de tilapias en el estado Carabobo, junto a otras iniciativas vinculadas al patrimonio cultural de la Ruta del Cacao y la Ruta del Mango.

    La maestra en ciencias sociales relató que hace dos meses se desarrolló un proyecto en cinco municipios del estado Sucre, centrado en la Ruta del Cacao, donde participaron comuneros, productores, maestros y miembros de la Defensa Civil en un diplomado no conducente a grado.

    “Esto fue de gran valía para estos cinco municipios, porque de allí emergieron muchísimos proyectos comunitarios: la producción de bombones, de tortas; los mismos productores y las amas de casa que estuvieron con nosotros estudiando en este proyecto, en este diplomado, realizaron múltiples iniciativas de emprendimiento que les sirvieron para su beneficio propio y, además, asumieron ese reto ancestral. Este diplomado resultó muy provechoso para todos ellos”, contó Fernández.

    El llamado al maestro comunal

    Para finalizar su participación en el programa “En clave comunal”, Zaida Echarry hizo un llamado a las maestras y los maestros para que se incorporen a la Universidad Nacional Experimental del Magisterio Samuel Robinson. “El maestro debe experimentar la comuna para que sea valorado dentro de la comuna, para que sea valorado desde ese liderazgo positivo para nuestros niños, niñas y adolescentes”, expresó.

    Por su parte, Mirna Monserrat Fernández invitó a comenzar por reconocerse como maestros comunales, recordando que cada docente, además de ser maestro, pertenece a la comunidad.

  • “Pueblo a pueblo, hacemos más fuerte el trabajo en la producción sana de alimentos”

    “Pueblo a pueblo, hacemos más fuerte el trabajo en la producción sana de alimentos”

    Caracas, 3 de diciembre de 2025.- “Cuando el Comandante Chávez afirmó ‘Comuna o nada’, nos estaba entregando la respuesta: el pueblo, organizado en comunas, tiene la capacidad de proyectarse hasta los espacios más amplios e infinitos”. Así lo dijo Laura Lorenzo, coordinadora nacional del Plan Venezolano de Producción Comunitaria de Alimentos Pueblo a Pueblo, al recordar que este proyecto se ha convertido en una experiencia concreta de articulación entre campo y ciudad.

    Durante su participación en el programa radial “En clave comunal”, Lorenzo explicó que Pueblo a Pueblo nació en Carache (estado Trujillo) en 2015, inspirado en el legado de las luchas campesinas de los años sesenta y en la organización popular que ya se expresaba en la Comuna Chávez y Bolívar.

    Contó que desde allí comenzó a tejerse una red que enlazó territorios productivos rurales con comunas urbanas como El Panal 2021 y Amalivaca, ambas ubicadas en Caracas, y las mujeres organizadas de San Agustín del Sur. La lógica: acortar la distancia entre campo y ciudad, reconocerse como un solo sujeto y planificar la producción de acuerdo con las necesidades de consumo de las comunidades rurales y urbanas.

    Laura Lorenzo, quien es integrante de la Comuna Chávez y Bolívar, relató que en sus primeros cinco años de trabajo, antes de la pandemia, el plan logró distribuir más de 4,5 millones de kilos de alimentos —frutas, verduras, hortalizas, maíz y azúcar— en 251 jornadas semanales de abastecimiento comunal, atendiendo directamente a más de 300 familias. La experiencia se consolidó como respuesta a la guerra económica, generando puntos de abastecimiento alternativos y extendiendo su alcance hacia las escuelas. Desde 2018, y con mayor intensidad a partir de 2022 tras un encuentro con el presidente Nicolás Maduro, Pueblo a Pueblo atiende mensualmente a más de 100 000 niños, niñas y adolescentes en el Distrito Capital y otras ocho entidades del país, garantizando el suministro de 100 toneladas de alimentos frescos.

    Precisó que el plan Pueblo a Pueblo se sostiene fruto de la participación directa de las familias campesinas organizadas. “Aproximadamente, tenemos 450 familias campesinas que, dependiendo del ciclo productivo, aportan su producción a estos espacios”, explicó.

    La coordinadora nacional agregó que a este esfuerzo se suman las familias pescadoras del estado Sucre, quienes han fortalecido la distribución de alimentos en las comunidades. “Estamos trabajando con 20 compas de San Miguel Maconta y de Yaguaraparo que están aportando el pescado que se está distribuyendo en este momento”, señaló.

    La lucha por un “suelo vivo”

    En el desarrollo del plan Pueblo a Pueblo, la ingeniera agrónoma Laura Lorenzo destacó que uno de los aspectos más importantes ha sido el acompañamiento permanente a las comunidades y el intercambio de saberes.

    Expuso que este proceso busca contrarrestar la lógica de la agricultura “moderna”, que tiende a separar a la gente de la tierra y a imponer prácticas sintéticas y transgénicas que deterioran los suelos. “Esas prácticas están desangrando la tierra porque lo que están haciendo es dejándonos sin tierra”, advirtió.

    Subrayó que el debate productivo se centra en cómo abandonar el uso de agroquímicos —a los que llamó venenos— y recuperar la relación ancestral de cuidado con la tierra.

    Para enfrentar este desafío, el movimiento ha impulsado talleres, asambleas y reuniones en los territorios, además de iniciativas concretas como la creación de biofábricas. Dijo que estos espacios permiten a las familias campesinas producir insumos para la siembra, incluidas las semillas, reduciendo la dependencia de marcas comerciales y de importaciones.

    En conversa con la periodista Nerliny Carucí, Laura Lorenzo resaltó que actualmente hay productores en Caracas que están sembrando con semillas propias de cilantro, cebollín y ajo porro, rubros que tradicionalmente dependen de semillas extranjeras.

    La barquisimetana se refirió también a las alianzas con organizaciones campesinas de otras regiones, como los Productores Integrales del Páramo (PROINPA), cuyo trabajo en la producción de semillas de papa y otros cultivos fue reconocido este año por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

    “Pueblo a Pueblo está enmarcado en cómo hacemos más fuerte el trabajo en la producción sana de alimentos, reconociendo el papel de la tierra y que la tierra es un ente vivo. Por eso tenemos nuestro lema de ‘suelo vivo’, y es eso lo que tenemos que cuidar para garantizar la producción de alimentos en este momento y para las futuras generaciones”, afirmó Lorenzo.

    Ruralizar la ciudad

    Para Laura Lorenzo, el reto de Pueblo a Pueblo no se limita a producir alimentos, sino a transformar los imaginarios heredados de la llamada _revolución verde_, que separaron a la población urbana de la madre tierra y de la vida del campo, donde se cultivan los alimentos.

    “Aquí es muy importante el intercambio que hay, el intercambio que tiene que haber de saberes, para ir deslastrándonos de toda esa información que nos han venido metiendo desde hace mucho tiempo”, explicó.

    La comunera señaló que ese acercamiento se concreta cuando las comunas urbanas visitan los espacios productivos en Carache (Trujillo), Sucre, Yaracuy o Lara, y reconocen los lugares dónde se cultivan el tomate, la papa o la cebolla, visibilizando el papel de las familias campesinas que históricamente han sido invisibilizadas.

    Apuntó que a partir de ese contacto, las comunidades urbanas descubren que también pueden sembrar en sus propios espacios, incluso en las escuelas, donde se desarrollan iniciativas como los Conucos Escolares Carlos Lanz, impulsados por el Ministerio de Educación de Venezuela. Indicó que allí los niños producen cebollín, ají y otros rubros que necesitan para hacer los aliños.

    Lorenzo recordó que la pandemia fue un momento clave para resignificar la producción, cuando muchas familias se dieron cuenta de la importancia de volver al campo y producir alimentos básicos como huevos, carne de cerdo o conejo, además de hortalizas. “La principal herramienta que hemos tenido como plan es el acercamiento, que la gente conozca, que se conozcan las familias campesinas y las familias que consumen”, afirmó.

    De acuerdo con Laura Lorenzo, el intercambio de saberes entre el campo y la ciudad es la clave para eliminar las distancias entre ellos y consolidar la idea de que todos tienen la capacidad de producir alimentos.

    Aprendizajes junto al pueblo

    Laura Lorenzo manifestó que los aprendizajes más valiosos de estos diez años de Pueblo a Pueblo provienen directamente de la gente. Recordó que su formación académica estaba orientada a atender grandes empresas y terratenientes, pero fue el contacto con las comunidades lo que le enseñó el verdadero sentido de sembrar.

    “Con mucha humildad, aprendí de la comunidad, al igual que varios compañeros que integramos el plan. Aunque tuvimos la oportunidad de asistir a una universidad, reconocemos que quien verdaderamente nos graduó fue nuestro pueblo. Un pueblo humilde —y digo humilde, porque lo es en esencia—, por cuanto sabe compartir sus conocimientos”, afirmó.

    Enfatizó la capacidad de las familias campesinas para planificar una siembra en minutos, a partir del conocimiento que tienen sobre los ciclos de la madre tierra. “Yo creo que uno de los momentos que más orgullo nos da de tener este contacto directo es cuando te sientas a planificar una siembra y llega uno de nuestros compañeros campesinos: en apenas quince minutos te elabora todo lo que a nosotros, como ingenieros, nos tomaría buscar información, revisar y consultar libros. Ellos lo hacen en quince minutos”, subrayó.

    Para Lorenzo, esa sabiduría práctica ha sido fundamental para sostener el plan frente a la agresión del imperialismo occidental contra el país. “Los pueblos se mantienen, los pueblos resisten. Y nuestro pueblo, independientemente de toda esa guerra, sigue sembrando”, destacó.

    La comunera relató que, pese a los problemas con el combustible o las semillas (como consecuencia de los efectos de la agresión imperialista contra Venezuela), las comunidades siempre han encontrado soluciones. Esa capacidad de resolver y de mantener la producción ha sido clave para enfrentar la propaganda y las adversidades.

    “Cuando aquí nos escondieron los alimentos, cuando la gente tenía que hacer cola y no había harina precocida, ni pasta, ni arroz, estaba entonces la auyama, la papa, la zanahoria, la yuca. O sea, estaba nuestro pueblo produciendo”, evocó.

    Laura Lorenzo aseguró que esa resistencia productiva es la mayor enseñanza de un pueblo que garantiza la continuidad de la vida y la soberanía alimentaria.

    Cultivos y producción comunitaria

    En su balance, Laura Lorenzo detalló la diversidad de alimentos que se producen actualmente bajo el plan Pueblo a Pueblo en distintos territorios del país. En el estado Mérida, específicamente en Santo Domingo, se cultivan zanahoria, papa, remolacha, cebolla, cebollín y cilantro. En Barinitas, en el municipio Bolívar, estado Barinas, la producción se centra en el plátano y se articula con la atención de las escuelas, integrando el trabajo productivo con la formación educativa.

    En Portuguesa, la Comuna Chiriguare en Ospino impulsa la siembra de topocho, plátano y yuca, mientras que en Lara la producción se extiende por los municipios Jiménez, Morán e Iribarren, con rubros como cambur, cebolla, calabacín, pepino, remolacha, cebollín y apio España.

    La coordinadora nacional del Plan Pueblo a Pueblo resaltó también el trabajo en Yaracuy, en el municipio Veroes, considerado cuna afrodescendiente, donde se producen plátano, auyama y yuca. En Anzoátegui, el municipio Anaco ha activado la producción de maíz y hortalizas como calabacín y pepino. En Sucre, el plan se desarrolla en la zona costera de Cruz Salmerón Acosta y Yaguaraparo, con camarones y pesca artesanal, además de experiencias en Carúpano con pescadores/as organizados/as.

    “También hemos tenido un contacto productivo en el estado Cojedes, donde la gente está produciendo. Allí destacan cultivos de melón, yuca y apio; en fin, todo ese esfuerzo productivo que enlaza la zona cercana del llano con la parte central, y que se trabaja junto a los compañeros de la región”, dijo.

    En Caracas, se cultivan hortalizas como cebollín, apio España, ajo porro, tomate, pepino y calabacín.

    Laura Lorenzo agregó que, en el Distrito Capital, Pueblo a Pueblo trabaja en la Cota 905 atendiendo escuelas y proyectando la recuperación de zonas forestales y siembra junto a la Comuna Soberanía y Libertad. También se articulan iniciativas con la Comuna Sueño de Zamora en la parroquia El Valle, con la Radio Negro Primero en la parroquia Altagracia, donde se realizan intercambios de saberes.

    El agua como derecho humano

    Para Laura Lorenzo, coordinadora nacional del Plan Pueblo a Pueblo, el debate sobre el agua ocupa un lugar importante en las discusiones de este movimiento. Refirió que ya se han realizado tres conversatorios —en la Cota 905, en la parroquia La Vega y en San Agustín del Sur— donde se aborda el agua como un derecho humano y no como un negocio. “Para los grandes consorcios internacionales, el agua es un negocio: no es un derecho humano”, advirtió.

    Explicó que, junto a compañeros del Instituto Nacional de Parques (Inparques), se han impulsado actividades para proteger las zonas de amortiguación en los parques nacionales, donde nacen ríos y montañas vitales para el abastecimiento. Con acciones de reforestación y cuidado comunitario, señaló que Venezuela aún está a tiempo de evitar el escenario que ya viven otros países, donde el agua se comercializa como un bien de lujo.

    “Aquí en Venezuela todavía estamos a tiempo de detener esos procesos de destrucción, en especial los originados por la deforestación y por el mal cuidado que algunos conglomerados humanos han tenido con el agua, producto de los imaginarios modernos. Precisamente porque estamos a tiempo, podemos revertir los daños que ya se han iniciado en lo que respecta al recurso hídrico. Y, por supuesto, debemos garantizar que nuestras comunidades campesinas, así como las que habitan en urbanizaciones y zonas urbanas, tengan acceso al agua. El agua es un derecho humano”, declaró.

    En su meditación, Laura Lorenzo reafirmó que el agua es un elemento esencial para la vida y para la producción de alimentos, por lo que ocupa un lugar central en las discusiones de las comunas. “Sin agua nosotros no podemos vivir, ni producir alimentos”, afirmó.

    Ilustró que en varios proyectos se ha incorporado la práctica de la siembra de agua, a través de la reforestación de las orillas de los ríos y la plantación de frutales como el aguacate, acciones que ayudan a preservar las fuentes de agua.

    Acentúo la importancia de reflexionar sobre cómo los sistemas productivos inciden en el uso del agua y la necesidad de evitar su desperdicio. “Las plantas consumen agua y así tienen un consumo limitado; no necesitan agua de más”, señaló.

    La ingeniera Laura Lorenzo indicó que estos procesos de conocimiento se fortalecen mediante talleres y actividades en los territorios donde están asentadas las comunas productivas. “Es necesario, sobre todo en lo que respecta a la canalización del agua de lluvia y al respeto de sus ciclos. Nosotros no contamos con cuatro estaciones, sino con un ciclo de lluvias y un ciclo seco; de allí surge la pregunta de cómo realizar la planificación en función de la disposición de agua existente”, expresó.

    La descolonización del estómago

    Según Laura Lorenzo, uno de los desafíos más profundos de Pueblo a Pueblo es transformar los patrones de consumo impuestos por la lógica de los alimentos ultraprocesados y recuperar la tradición culinaria autóctona. “¿Cómo descolonizamos y cómo cambiamos esos patrones introducidos de consumo que han afectado nuestra producción nacional?”, planteó.

    Recordó que muchos rubros como el quinchoncho, los distintos tipos de frijol o la arepa pelá fueron desplazados por productos industrializados.

    Explicó que este proceso se trabaja en talleres y encuentros comunitarios, donde se promueve la consigna de “comer lo que producimos”, de acuerdo con prácticas responsables con la madre tierra. Para ello, el movimiento Pueblo a Pueblo ha elaborado dos recetarios y avanza hacia un tercero, con un enfoque en la cocina conuquera, que busca rescatar los olores, sabores y colores de la comida tradicional, así como la práctica de comer en familia y en comuna.

    Lorenzo señaló que se han incorporado procesos mínimos de transformación de alimentos, como la hidratación y los encurtidos, para prolongar su vida útil y diversificar la dieta. Entre los productos que se están presentando, figuran pasta de tomate y encurtidos de calabacín y pimentón, elaborados directamente por las comunidades.

    “Así vamos recuperando lo sabroso que es comer en comuna y lo sabroso que es comer lo que estamos produciendo, de acuerdo con nuestras formas de cultivar, además con todos esos colores hermosísimos que tienen nuestros cultivos tanto en el campo como cuando los llevamos a la mesa”, afirmó.

    Para culminar su participación en el programa “En clave comunal”, la coordinadora nacional del Plan Venezolano de Producción Comunitaria de Alimentos Pueblo a Pueblo, Laura Lorenzo, dejó a disposición su contacto celular para los que quieran interactuar con este movimiento venezolano: +58 0416-5603187.

  • Investigador venezolano: “Si no estamos descolonizando, estamos recolonizando”

    Investigador venezolano: “Si no estamos descolonizando, estamos recolonizando”

    Caracas, 12 de noviembre de 2025.- “Siempre, históricamente, hemos sido un pueblo de comunidad: hemos tejido en común nuestras historias, construyendo juntos la memoria que nos sostiene”. Así lo aseguró el investigador venezolano Erick Gutiérrez, durante su participación en el programa “En clave comunal”.

    El comunero señaló que la modernidad ha impuesto la noción de que somos individuos aislados, “que nos hacemos, a nosotros mismos, separados del resto, sin vínculo alguno con nuestros semejantes ni con el entorno. Pero eso no es verdad. Basta con mirar la historia —o las historias— de nuestros pueblos originarios: siempre comunitarios; todo en común”.

    Sostuvo que, aunque la educación colonial intentó borrar esa memoria, la comunalidad persiste como fortaleza ética, espiritual y política. “Todavía pervive, todavía resiste, todavía surge esa comunalidad”, afirmó Gutiérrez, destacando que ha sido clave para enfrentar las agresiones imperialistas, las medidas coercitivas y fenómenos como la migración inducida.

    Gutiérrez aseguró que hoy las comunidades han podido superar adversidades apelando a ese componente comunal que las constituye históricamente.

    Comunidad y sociedad

    El investigador Erick Gutiérrez explicó que la diferencia entre comunidad y sociedad ha sido abordada desde la teoría euro-oceánica, particularmente por Max Weber en Economía y sociedad.

    “Uno lee ese libro y descubre que, entre las cosas que plantea, se señala una diferencia entre comunidad y sociedad. En la comunidad todo el mundo se conoce; en la sociedad, en cambio, todo el mundo es anónimo. En la comunidad los lazos son muy fuertes y el control colectivo también es intenso, según él. En la sociedad predominan otros lazos, y por eso la premisa allí es la libertad, la libertad individual. Pero en todo lo que estoy describiendo, que corresponde a la visión euro‑oceánica, el individuo aparece constituido, incluso en su propia autoimagen, aislado del entorno, separado de sus semejantes, como si fuera una partícula ajena a lo demás: sin lazos, sin entramados, sin raíces, sin vínculos”, argumentó.

    Dijo que la expresión más apropiada de la lógica individualista, se encuentra en la célebre frase atribuida a Thomas Hobbes: “‘El hombre es un lobo para el hombre’. Es decir: las personas que tenemos al lado no son semejantes, sino potenciales adversarios, enemigos o rivales, lo que crea un clima de desconfianza”.

    En contraste, Erick Gutiérrez enfatizó que en la comunidad no existe esa lógica de rivalidad.

    Comunidad, cuerpo y madre tierra

    Erick Gutiérrez, coordinador de la Especialidad de Derecho Indígena del Instituto de Investigación y Postgrado de la Escuela de la Magistratura en Venezuela, reiteró que el colonialismo y, en particular, el neocolonialismo educativo han impuesto una visión que separa al individuo de su entorno.

    Expresó que esa epistemología de la modernidad eurocéntrica nos hace percibir la naturaleza no humana como algo ajeno y comienza, incluso, con la separación del propio cuerpo. “No es que tenemos un cuerpo: somos un cuerpo”, resaltó.

    Explicó que esa desconexión con la madre tierra nos lleva a ignorar las señales que ella nos da de que algo está mal, avisos que se manifiestan en la crisis ambiental global. Expuso que esta crisis no solo se manifiesta en fenómenos apreciables como el aumento del nivel del mar, sino también en procesos menos perceptibles, como la desaparición de microorganismos en el suelo que alimentan a plantas y árboles.

    El comunero caraqueño observó que quienes sí perciben estas señales son las poblaciones originarias, campesinas, pesqueras e indígenas. “Las poblaciones originarias están viendo cómo muchas especies desaparecen, y con esa desaparición surge un riesgo de seguridad alimentaria que no estamos percibiendo. Es un ejemplo que nos afecta —o puede afectarnos— directamente. En general, el planeta nos habla cada día de lo que sucede, pero no lo escuchamos. Cuando digo “nosotros”, me refiero a la gente de las ciudades, porque en el mundo campesino, pesquero e indígena sí ven esas señales, sí se dan cuenta; nos alertan de ello. Sin embargo, nosotros no los escuchamos atrapados en esa ceguera aprendida, porque es, en efecto, una ceguera aprendida”, manifestó.

    La comuna como forma de relación humana

    Para Erick Gutiérrez, la importancia de la comuna en Venezuela se evidencia en diversas experiencias de resistencia. Expone su participación en la Comuna Los Flores en Revolución y cómo, durante el bloqueo eléctrico impuesto por el imperio, la respuesta comunal permitió superar una situación crítica.

    “Lo primero que hicimos —hablo de Caracas— en común fue mirar al cielo. Eso tiene su importancia: había personas que nunca habían visto la Vía Láctea. Uno alza la mirada y ese blanco que se extiende allá arriba, ¿qué es? Pues es el centro de la galaxia, es la Vía Láctea. Pero nunca la habías visto porque nunca se había ido la luz de esta manera, y la gran luminosidad de la ciudad te lo ha impedido desde que naciste”, ilustró.

    Comentó que la adversidad también dio lugar a la solidaridad práctica. “Empezamos a comunicarnos entre nosotros. Pongo un ejemplo: tengo a la vecina y le digo: ‘Oye, yo no te conocía, ¿de dónde eres tú?’. Me responde: ‘No, tengo aquí cuatro años’. Así comenzamos a comunicarnos de verdad. No había celular, ni televisión, ni teléfono: nada. Nos comunicamos verdaderamente. ¿Qué otra cosa hicimos? Bueno, con un mueble roto dijimos: vamos a hacer un sancocho colectivo. Alguien tenía una olla grande, yo tenía unas piezas, tú tenías otras. Hicimos un sancocho colectivo”, contó.

    Para Erick Gutiérrez, estas experiencias no solo permitieron enfrentar la agresión, sino que reafirmó la comuna como forma de relación humana y como instancia política de resistencia.

    Descolonización

    De acuerdo con el comunero caraqueño Erick Gutiérrez, la comuna se nutre de la memoria de los pueblos originarios. Esa fuerza, afirmó, se expresa en la posibilidad de recrearse frente a la adversidad, una práctica que los pueblos han sostenido durante más de cinco siglos. “Tenemos más de 500 años haciéndolo y todavía nos falta”, señaló.

    Relató que siempre le preguntan si es posible descolonizar la realidad en apenas 25 años de proceso revolucionario, Gutiérrez responde que esta tarea está en marcha. Reconoció que revertir un proceso de 533 años no es sencillo, pero insiste en que “no se puede dilatar más tiempo”.

    Para descolonizarlos, dijo que “primero tenemos que tener claro que si no estamos descolonizando, estamos recolonizando”.

    El investigador insistió en que el proceso requiere desaprender gran parte de lo aprendido, pues la identidad moderna fue impuesta y está en tensión, en contradicción. “Nosotros no tenemos radicalmente esa identidad. Porque cuando se habla de pueblos originarios, lo que yo soy es un nosotros. Venimos de un ‘nosotros’. Lo que yo soy no tiene sentido, sino en el ‘nosotros’. Para Carlos Lenkersdorf, eso es lo nosótrico: una identidad que solo adquiere sentido en lo colectivo, en lo comunal. Recuperar esa raíz implica reaprender. Implica reaprender a pensar incluso de otro modo, a concebir las relaciones de otro modo”, reflexionó.

    Erick Gutiérrez recordó su propia raíz indodescendiente y la enseñanza de su madre campesina, que le inculcó el amor por los animales y las plantas. “A lo mejor alguien dirá: ¿Y cómo se relaciona eso con una persona que vive en la ciudad? Yo, que también fui profesor en la Bolivariana en Gestión Ambiental de Proyectos, caminaba con mis cursantes —con las chicas y los chicos que me acompañaban en el trabajo— y dijimos: ‘Mira esa mujer que tiene en su casa una maceta. No tiene nada más que un balconcito, y allí pone sus plantitas’. Ella no ha perdido la conexión con la naturaleza [no humana]: guarda una melancolía, una nostalgia”, contó.

    En su relato, agregó que “las personas que siempre tienen un animalito —un perrito, un pajarito, o incluso un gallo en su casa— están volviendo a sus raíces, aunque no lo sepan, porque dicen: ‘Yo no puedo desprenderme de eso’. El caso más dramático son las plantas de plástico, pero al menos hay una planta que me reconecta, aunque sea en mi memoria, en una memoria genealógica”, dijo.

    El comunero caraqueño invitó a reconectarnos con la naturaleza humana y no humana. “Volver a las raíces, a la fuente. Volver a lo que siempre hemos sido y que la modernidad nos ha negado”, recalcó.

    Asumir la contradicción y construir en común

    En conversa con la periodista Nerliny Carucí, el investigador Erick Gutiérrez precisó que descolonizarse en la práctica requiere enfrentar las contradicciones sin miedo ni rechazo. “Somos intrínsecamente dialécticos, contradictorios, convivimos con esa contradicción”, resaltó.

    Afirmó que el sentido está en retomar un camino común, pues la liberación no puede hacerse de manera individual. “Eso ya lo decía Simón Rodríguez, ayudarnos a empezar a hacer esa liberación en común, en colectivo, en comuna, y empezar a pensar también en común”, acentúo.

    Gutiérrez criticó la imposición occidental del “yo” como centro, asociado a la arrogancia y la soberbia. “En el mundo indígena —y también en el campesino y pesquero— la persona más sabia es la más humilde, la que más se entrega a los demás y la que más aprende de ellos. Entonces, ¿cuál es el primer paso? Verme reflejado en la persona que tengo cerca, no verla como adversaria, sino como alguien de quien puedo aprender y a quien también tengo algo que aportar”, afirmó.

    Declaró que el proceso de verse en el otro implica entrelazarse, entreayudarse y buscar soluciones colectivas, abandonando actitudes egoístas e individualistas. “La solución nace de un proceso colectivo donde muchos y muchas pensamos, sentimos, y de ahí emergen las soluciones”, afirma.

    Advirtió que el imperialismo se vale de la ambición y la corrupción para socavar pueblos y gobiernos. “Hay que abandonar actitudes arrogantes, egoístas, individualistas. Empezar a construir juntos otra realidad, incluyendo la realidad de lo que yo soy, de lo que somos”, dijo.

    Los desafíos de la Comuna frente al capital

    Sobre los desafíos de la Comuna venezolana frente a los nuevos mecanismos del capital, Erick Gutiérrez explicó que estos apuntan a una guerra cultural de múltiples dimensiones: intelectual, cognitiva y académica. “Para mí, leer ahorita es un acto subversivo, un acto antisistémico. Porque [el capital] justamente está buscando que uno no lea, que uno no piense. No quiere que el ser humano piense”, reafirmó.

    Recordó la pandemia del covid en la cual se profundizó el aislamiento individualista, encerrando a las personas en pantallas y teléfonos. “Lo primero que debemos hacer es soltar la pantalla para comunicarnos de verdad, volver a la oralidad, a la comunicación auténtica. Debemos volver a ver la realidad. Volver a conectarnos con los que somos, conectarnos con los otros”, exhortó.

    Gutiérrez manifestó que no es un proceso fácil. “Pero tenemos otra alternativa: volver a los orígenes, volver a las raíces. Y repito, se trata de aprender a desaprender gran parte de lo aprendido. Recuperar esas técnicas de cultivo de nuestros ancestros. Esa relación de cuidado hacia la madre tierra, quien nos cobija a todos. ¡Este planeta no le pertenece a las élites del capital!”, puntualizó.

    Finalmente, reivindicó una vez más lo indígena y lo ancestral como apuesta de futuro: “Son los que están enseñando hacia dónde debemos ir, hacia dónde debemos retornar. Por eso son tan peligrosos para el gran capital. Venezuela es una amenaza inusual y extraordinaria porque camina su propio camino: su horizonte es lo comunal”.