Ante la guerra cognitiva, investigador venezolano expresó que existe la necesidad de una ética de la vida

Nota de Prensa

Caracas, 28 de julio de 2026.- “La comunidad hay que redefinirla. La comunidad es todo aquello que nos permite vivir con dignidad”. Así lo planteó Luis Delgado Arria, vicerrector de Investigación y Creación Intelectual de la Universidad Internacional de las Comunicaciones (Lauicom), durante su participación en el programa “En clave comunal”. El investigador venezolano dijo […]

Caracas, 28 de julio de 2026.- “La comunidad hay que redefinirla. La comunidad es todo aquello que nos permite vivir con dignidad”. Así lo planteó Luis Delgado Arria, vicerrector de Investigación y Creación Intelectual de la Universidad Internacional de las Comunicaciones (Lauicom), durante su participación en el programa “En clave comunal”.

El investigador venezolano dijo que la comunidad se expresa en gestos cotidianos. “Si hay una pareja que te hace vivir con dignidad, esa pareja te está transformando en comunidad. Si hay un vecino que te trata con respeto, con cariño, ese vecino está construyendo comunidad en ti”, señaló.

Por otra parte, manifestó que está la (ir)racionalidad del capital que es una (ir)racionalidad contraria a la vida y, por tanto, contraria a la comunidad. Explicó que la lógica dominante —“la lógica de que el hombre es lobo del hombre”— ha formado subjetividades individualistas, en la que cada acercamiento es interpretado como una amenaza o una intención de quitar algo.

El vicerrector ahondó en que la comunidad se funda en la relación yo‑tú. “Cuando una vecina te dice: ‘Mira, te hice un postre, pruébalo, te traje un poquito porque sé que te sientes mal’. Ese gesto es un gesto en que un yo sale de sí mismo para ir a un tú, y esa relación yo-tú es clave”, ejemplificó.

Delgado Arria sostuvo que estos intercambios cotidianos son prácticas de construcción de comunidad, porque permiten “poner en común” aquello que sostiene la vida.

Recordó que “todos los seres humanos tenemos un ombligo, y ese ombligo nos queda allí en nuestra corporalidad viviente, para recordarnos no solamente que provenimos de una madre y de un padre; sino que también provenimos de una madre tierra, que siempre hemos estado ligados indisolublemente a ella, y realmente nunca, aun cuando pareciera ser invisible, ese cordón umbilical no se rompe nunca”.

La subjetividad cosificada y la educación del capital

El licenciado en Letras señaló que uno de los grandes desafíos contemporáneos es cómo transitar desde una subjetividad cosificada hacia una subjetividad capaz de hacer frente a la (ir)racionalidad del capital. “La gran pregunta es cómo superar el pasaje de una subjetividad cosificada, de una subjetividad traumada, de una subjetividad bestializada”, expresó.

Delgado Arria indicó que la educación moderna ha sido uno de los dispositivos centrales para esa subjetividad cosificada. “Es el resultado de la educación y de la historia del capital. Nos han enseñado que tenemos que ir a la escuela a sacar las notas más altas, pero no para aprender o para tener la experiencia transformadora del conocimiento y de la sensibilidad; sino para tú derrotar a toda tu generación en el ámbito de las oportunidades, de los mayores salarios, las mayores oportunidades profesionales. Es decir: para competir. El ser para competir es exactamente la antípoda o lo contrario del ser para compartir”, subrayó.

La guerra cognitiva como sustracción de lo humano

Luis Delgado Arria describió la guerra cognitiva como una operación que busca sustraer las capacidades genuinamente humanas, reduciendo al sujeto a una cosa “sacada de un thriller, de una película de terror”.

Para explicar esta lógica, el docente venezolano recurrió a una metáfora basada en programas televisivos. “Hay un canal que se llama History Channel, donde hay un programa en el que versan historias horribles. Por ejemplo, donde hay una pareja de 80 años de edad, tienen 60 años de matrimonio, pero durante los últimos 5 años la esposa ha estado poniéndole un veneno todas las mañanas en el café al hombre para matarlo. Y todos los programas son así. Es decir: ¿cuál es el subtexto de esto? Lo que están buscando decir es que ni siquiera una pareja que tiene 60 años de matrimonio puede confiar uno en el otro”, ilustró.

Arria apuntó que estas narrativas buscan sembrar la discordia, la duda y la imposibilidad de la comunidad, negando la confianza como fundamento de la vida en común. “La persona que crea el guion de esas historias las está postulando como lo normal, incluso como una suerte de lección”, aseguró.

Durante la conversa con la periodista y moderadora del programa, Nerliny Carucí, el vicerrector Delgado Arria reconoció que no hay comunidad perfecta. “Es importante revisar que cuando se habla de la comunidad, este tema generalmente es un tema muy difícil, porque como dice el filósofo boliviano Rafael Bautista Segales: ‘¿Dónde usted consigue una comunidad perfecta?’. No existe una comunidad perfecta. En toda comunidad, en toda familia, hay problemas, hay confrontaciones, hay desacuerdos; a veces hasta personas que no se hablan unas con las otras. Hay todo eso, pero ese es el lugar donde hay que hacer la transformación, para transformar la relación en algo hermoso, en algo tierno, en algo donde todo el mundo se sienta invitado”, enfatizó.

Recalcó el papel histórico de las abuelas, madres y matronas, quienes han sostenido la tarea de transformar la vida familiar frente a las lógicas individualistas promovidas por medios, empresas, escuelas e iglesias. “Todos nos venden la idea de que hay que estar primero ante las puertas del cielo antes que mi madre, antes que mi padre. Esa lógica del individualismo a muerte. Entonces, ¿cómo aparece la comunidad en el presente? Es un espacio, por definición imperfecto, por definición agraviado, empobrecido, traumado por el capital; pero que necesita ser curado, reverdecido, renacido”, aseveró.

Recordó que la patria es como la comunidad. “Una amiga me decía que la política es el espacio donde no hay amigos eternos ni odios irreconciliables, porque siempre tenemos que, en algún momento, sentarnos a hacer política. La política es superar las contradicciones adjetivas para ir a lo sustantivo”, comentó.

Delgado Arria señaló que, frente a las dificultades vividas en Venezuela —las restricciones económicas, el tema de la luz y los recientes terremotos en La Guaira—, la tarea es deponer las actitudes de confrontación fratricida y construir el país como familia nacional. “Este es el momento de la reconciliación nacional”, afirmó.

La guerra cognitiva en la tragedia de La Guaira

Luis Delgado Arria, doctorante en Creación Intelectual, afirmó que los sismos del 24 de junio en La Guaira hicieron visible, con crudeza, la expresión más perversa de la guerra cognitiva.

“Nosotros acabamos de ver en La Guaira algo que ya veníamos viendo desde antes, pero que aquí fue todavía mucho más evidente: la guerra cognitiva. En un momento en el que la familia nacional tiene un conjunto de seres humanos que murieron, otros que salieron gravemente heridos, entre los cuales hay una gran cantidad de niños y niñas, de jóvenes, muchachas y muchachos, abuelos y abuelas, porque a veces se habla de las personas como si no tuvieran nada que ver conmigo, pero son nuestros hijos, hijas, abuelos, nuestros vecinos, amigos”, declaró.

El docente venezolano evocó las palabras del poeta John Donne: “Siempre que oigas las campanas doblar, nunca te preguntes por quién están doblando las campanas, las campanas siempre doblan por ti”.

En la charla, recordó también los rituales de despedida de su abuela. “Mi abuela siempre, cuando nos despedía, ella pasaba alrededor de 20-30 minutos despidiéndose con un rosario en la mano y haciendo una suerte como de misa de despedida. Eso duraba 20-30 minutos mientras nosotros nos apuntábamos en el carro, todo el muchachero. Ese acto es un acto de despedida sagrada. Cuando en la política se pierde la noción de la sacralidad, se pierde todo”, dijo.

El vicerrector denunció que, durante la emergencia por el doble terremoto, se difundieron narrativas destinadas a re‑victimizar a las víctimas y obstaculizar la labor de rescate. “Es en ese momento donde un conjunto de personas malsanas, en su gran mayoría que están en el exterior, inoculadas de un odio enfermizo, habían sembrado la idea de que aquí en Venezuela venía un tsunami para evitar que fueran rescatadas las víctimas que estaban sepultadas. Difundieron que había un gobierno que estaba vendiendo niños y niñas víctimas de la tragedia, que había una operación para impedir que llegara la ayuda humanitaria; incluso llegaron a decir que el Gobierno se estaba robando la ayuda humanitaria. Atacaron la Gran Misión Vivienda Venezuela al punto de decir que eran casas de anime. Todas esas tesis son terribles. Todas esas operaciones son operaciones perversas, malévolas, mezquinas”, relató.

Delgado Arria advirtió que estas narrativas se sostienen en un aparataje mediático nacional e internacional que amplifica el daño y profundiza la humillación, y busca capitalizar políticamente.  

Ante este escenario, el investigador acentuó que el país necesita hacer un punto y aparte para pensarse en una nueva Venezuela construida con la fuerza y la conciencia de todos. “Porque un país dividido es un país que no tiene posibilidades de existencia, que lo que le viene es tragedia. La política no es algo que está al margen de mis decisiones personales, familiares, de grupo o partido; sino que el proyecto de construir el país —como decía Chávez: la patria— es algo que nos debe aunar a todos los venezolanos y las venezolanas, porque la patria son los niños, las niñas, la humanidad toda”, puntualizó.

Señaló que las revoluciones son “grandes terremotos”, porque los pueblos llegan a un punto en el que pareciera que ya no pueden soportar más perversidad. “Yo creo que estamos ante un próximo terremoto mundial, pero un terremoto por las clases humildes y las comunidades de todo el mundo, que saldrían a decir que no pueden seguir sosteniendo a una élite”. Estamos frente a una oportunidad histórica de juntarnos los pueblos, de hacer comunidad en los países del Sur global y de crear una nueva vida bonita, digna, hermosa”, aseguró.

Mensaje a la comuna

El vicerrector Luis Delgado Arria declaró que la comuna es un aparecer cotidiano. “La comuna aparece como una recriminación de nuestra madre, nuestra pareja, de nuestros hijos, para que seamos mejores, para que estemos más a la altura de los grandes desafíos. Eso sucede en los trabajos, eso sucede en los proyectos políticos. Nuestros partidos políticos tienen que repensarse, tienen que renacerse, tienen que abrirse a lo nuevo, a lo bonito”, planteó.

Expresó que existe una necesidad de una nueva estética asociada a la reproducción de la vida, de un nuevo impulso hasta juvenil. “Necesitamos esa fuerza de los jóvenes para parir esta nueva patria bonita, y cuando digo la patria no solamente me refiero a la venezolana, sino a la latinoamericana, al Sur global. Parirnos de nuevo, desde una nueva sensibilidad, desde una ética de la vida, donde la ternura sea lo que nos defina”, finalizó.

Universidad Nacional de las Comunas UnaCom

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Magaly Newton

Secretaria General

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