Caracas, 25 de febrero de 2026.- “El perdón tiene una dinámica psicosocial profunda, determinante para comprender y ejercer correctamente este proceso”. Estas fueron las palabras del psicólogo clínico Róger Garcés al referirse a la amnistía y a la construcción de convivencia comunitaria.
Durante su participación en el programa radial “En clave comunal”, Garcés destacó que saluda todos los esfuerzos que se hagan en el país para construir una vida armónica, una vida en convivencia, capaz de superar las diferencias y el odio que —según señaló— sembró un sector extremista de la actividad política.
El psicólogo venezolano recordó que la palabra amnistía proviene de an (eliminar) y mnésis (memoria), lo que la vincula con una “amnesia voluntaria” orientada a trascender lo ocurrido. En este sentido, Garcés citó a Martín Fierro para reforzar la idea de que “olvidar lo malo también es tener memoria”, una frase que, según explicó, invita a comprender el perdón como un acto de liberación.
Errores al perdonar
Róger Garcés, máster en Psicología y doctorante en Estudios Nuestroamericanos, enumeró cinco errores fundamentales que suelen cometerse al intentar perdonar.
El primero es creer que el perdón es un acto. “El perdón no es un acto, es un proceso”, enfatizó. Refirió la enseñanza del maestro Jesús sobre perdonar “setenta veces siete”, como una invitación a comprender que el perdón requiere constancia y profundidad.
El segundo elemento es que el perdón funciona como un límite: protege a la persona agraviada para que no siga siendo objeto de daño y establece una frontera para evitar que la conducta agresiva se repita. “Si yo te perdono y tú me sigues pegando con un palo; de ahí, no hacemos mucho”, ejemplificó.
El tercer punto es que el perdón puede ser un “acto íntimo”, que no necesariamente debe comunicarse a la persona involucrada. Mencionó que, incluso cuando alguien ha fallecido, es posible perdonar internamente sin necesidad de un interlocutor.
El cuarto elemento es que “se perdona la conducta, no a la persona”; porque los seres humanos “hacemos conducta, pero no somos la conducta”. Explicó que la persona que comete un error no es la misma que luego lo reconoce, y por eso el perdón debe dirigirse a la acción, no a la identidad.
El quinto error que se comete está en convertir la conducta en una identidad permanente. “Si dices una mentira, eres mentiroso para siempre”, dijo. Advirtió que esto dificulta cualquier proceso de reconciliación.
Responsabilidades del perdonado
En su conversa con la periodista Nerliny Carucí, el psicólogo clínico Róger Garcés destacó que, así como quien perdona debe atravesar un proceso, la persona perdonada también tiene responsabilidades.
Explicó que existen tres elementos que permiten evaluar si alguien está realmente en condiciones de ser perdonado: “Sentimiento de culpa, actitud reparatoria y juicio crítico. Si la persona no presenta ninguno de estos tres componentes, está mal la cosa”, argumentó.
Garcés insistió en que, sin actitud reparatoria, sin sentimiento de culpa y sin juicio crítico —es decir: sin la capacidad de dar cuenta de su propia conducta dentro de un contexto— resulta muy difícil que el perdón pueda ser efectivo. Para él, la ausencia de estos elementos impide que la persona reconozca el daño causado y, por lo tanto, obstaculiza cualquier proceso de reconciliación.
Róger Garcés expuso que la persona responsable de un daño debe desarrollar sentimiento de culpa, juicio crítico y conciencia. En tal sentido, refirió la enseñanza ancestral de los pueblos originarios: los antiguos mayas, quienes se saludaban diciendo In Lak’ech (“yo soy otro tú”), a lo que se respondía Ala k’in (“tú eres otro yo”).
Desde esa perspectiva, “si yo soy otro tú y te hago daño, también me lo hago a mí mismo. Pero cuando alguien cree que existe una separación entre su persona y la del otro —cuando piensa que no tiene nada que ver con los demás y que vivimos en individualidades aisladas— olvida que todos los seres humanos estamos vinculados y vivimos en interdependencia. No hay acción en la comunidad que no involucre al otro”, aseguró.
Garcés advirtió que, cuando nunca se nos enseña que nuestra conducta está directamente relacionada con los demás, se fomenta el egoísmo y el individualismo, y de allí “hay solo un paso” al fascismo.

Deshumanizar al otro
Sobre los efectos de no reconocer y deshumanizar al otro, Róger Garcés, investigador en el área de guerra cognitiva, arguyó que “la deshumanización crea las condiciones para la eliminación física del otro. Establece un mecanismo que hace contacto con lo que Martha Nussbaum llamaba ‘el asco proyectivo’. Es decir: se va generando asco del otro. Y el asco está muy relacionado con una palabra que está muy cercana, que es la ‘repugnancia’”, aseveró.
Explicó que el “asco” psicológicamente conecta al ser humano con la violencia. “La cultura de la cancelación tiene como objetivo ser el precursor de una agresión violenta más tarde. Un ejemplo es la guerra que inició Occidente contra los rusos. Es el mismo hecho cuando un sector se refiere a los chavistas como ‘desdentados’, ‘sucios’ y otros descalificativos. El propósito es deshumanizar para eliminar; ese es el objetivo del fascista”, dijo.
Reconstruir la convivencia
Al abordar la importancia de reconstruir la convivencia solidaria y pacífica, Róger Garcés reiteró que los seres humanos “vivimos en interdependencia”, vinculados unos con otros, y no aislados. Por ello, insistió en que la convivencia no puede sostenerse desde una sola parte, como ha ocurrido durante los últimos 500 años.
En su reflexión, señaló que la oposición extremista “ha entrenado a sus adeptos para el ejercicio de la violencia”, en lugar de formarlos para la función política basada en la comunicación y en el uso de la palabra.
Sin embargo, el máster en Psicología destacó que existe también una oposición democrática que sí cree en el diálogo. Subrayó que es fundamental que quienes adversan al Gobierno comprendan que el juego democrático requiere del uso de la palabra y de los mecanismos institucionales que ofrece el Estado para dirimir diferencias.
Errores comunicacionales y la necesidad de pedir perdón
Róger Garcés, investigador en la Universidad Internacional de las Comunicaciones (Uicom), expuso que, además del uso de la palabra y de los mecanismos constitucionales, se necesita recuperar el nivel comunicacional, ya que “se han cometido muchos errores de parte y parte, tanto de la oposición como del chavismo”.
Entre ellos, mencionó la descalificación, que considera un obstáculo para la convivencia democrática. En este contexto, reafirmó que así como es importante que las personas entiendan que pueden ser perdonadas, también es necesario pedir perdón por los errores cometidos, como condición para construir un futuro más armónico.
Recordó una idea que considera esencial: “La semejanza nos une, la diferencia nos hace crecer”. Y añadió que, aunque “amar al prójimo” es importante, lo es aún más amar “al que está lejos, al distinto, incluso a quien sostiene ideas contrarias”. Para Garcés, ese es el verdadero desafío ético-político.
Manifestó la necesidad de desarrollar mecanismos que permitan que la palabra se convierta en un punto central en la dinámica colectiva, eliminando prácticas que han sido “terribles para el ejercicio democrático”, como la burla, el insulto y la descalificación.
A su juicio, uno de los factores que más incide en estos comportamientos es el ego, pues muchas personas creen que su idea política forma parte de su identidad. “Eso no es verdad”, afirmó.

Violencia política y el extremismo
Durante el desarrollo del programa radial, el psicólogo clínico Róger Garcés recordó haber vivido de cerca un suceso vinculado a la violencia política. Evocó un episodio ocurrido en 2017, cuando trasladaba en su vehículo a un familiar con un accidente cerebrovascular (ACV) y pidió permiso para pasar por una vía trancada por grupos “guarimberos”. “Me tiraron una molotov en el carro”, relató. Para él, hechos como ese no representan ejercicio político, sino expresiones de fundamentalismo y extremismo.
Garcés lamentó que la política haya sido tergiversada. Dijo que su sentido original —derivado de la polis griega— es el de permitir que las personas resuelvan sus problemas mediante la discusión y la asamblea. En contraste, explicó que el fundamentalismo surge cuando alguien cree que su tesis es la única correcta, con un carácter “mesiánico” y “sagrado”, sin derecho a discusión. Esa degeneración, añadió, puede derivar en el extremismo, una forma aún más peligrosa de acción política.
Para ilustrar cómo se distribuyen estas conductas, el investigador venezolano mencionó que “de cada diez personas que abrazan una idea política, solo una toma conducta; de cada diez personas que toman conducta, una adopta una conducta extrema. No son datos comprobables, pero es una forma de entender estos hechos. Es decir: un pequeño partido de mil personas puede tener diez extremistas, y diez personas pueden paralizar un país”, comentó.
El perdón libera
Al responder a la pregunta sobre si el perdón es unilateral o si requiere un proceso compartido entre quien perdona y quien es perdonado, Róger Garcés relató una historia transmitida por su maestra, Venerable Damchö, periodista estadounidense que trabajó con veteranos de guerra.
Garcés contó que dos soldados estadounidenses, capturados al inicio de la guerra de Vietnam, pasaron ocho años presos, sometidos a golpes y maltratos constantes. Décadas después, en un encuentro de veteranos, uno de ellos preguntó al otro si recordaba al sargento vietnamita que los torturaba: “‘Sí, me acuerdo’, respondió. ‘¿Ya lo perdonaste?’, insistió el primero. ‘No, no lo he perdonado’. A lo que su compañero le dijo: ‘Entonces todavía te tienen preso’”.
Con esta anécdota, el investigador venezolano subrayó que el perdón no es un acto que libera únicamente a quien se perdona, sino también —y sobre todo— a quien perdona.

Caminos hacia la paz
El psicólogo clínico Róger Garcés reconoció que existen problemas en distintos niveles del país: judiciales, policiales, económicos, sociales, en la administración de justicia y en la de salud. No obstante, planteó una pregunta clave: “¿Qué tal si empezamos a restar problemas?”. Para él, la salida pasa porque todos pongan “su granito de arena, arrimen el hombro y trabajen por la armonía colectiva”.
Señaló que tal vez sea necesario atravesar procesos de amnistía, asumir momentos de “tragar grueso”, desarrollar la conciencia y anular el ego. Garcés recordó que Buda decía que “el perdón es una cancelación del pasado”, lo que subraya la profundidad de ese proceso.
En ese sentido, insistió en que Venezuela debe empeñarse en cancelar el pasado de violencia que surgió del odio político. Retomó además una reflexión de Shantideva: “Lo único que nosotros podemos odiar es al odio mismo”. Para Róger Garcés, el uso del odio como herramienta política ha sido “el peor error” cometido en el país.
Por ello, Róger Garcés afirmó que, de aquí en adelante, cualquier confrontación política debe darse desde la comunidad, desde el ejercicio de la palabra, el respeto y la tolerancia. Solo así —concluyó— será posible tener una política que contribuya a la convivencia y no a la destrucción.










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