Psicólogos venezolanos manifiestan la importancia de la defensa comunicacional comunitaria en momentos de conmoción

Nota de Prensa

Caracas, 7 de julio de 2026.- “El fenómeno telúrico ocurrido el 24 de junio en Venezuela debe asumirse como una oportunidad para crear una metodología de abordaje a nuestra gente y a nuestras comunidades; una metodología propia, nuestra, venezolana”.  Estas fueron las palabras de Róger Garcés, psicólogo clínico venezolano, durante su participación en el programa […]

Caracas, 7 de julio de 2026.- “El fenómeno telúrico ocurrido el 24 de junio en Venezuela debe asumirse como una oportunidad para crear una metodología de abordaje a nuestra gente y a nuestras comunidades; una metodología propia, nuestra, venezolana”. 

Estas fueron las palabras de Róger Garcés, psicólogo clínico venezolano, durante su participación en el programa “En clave comunal”, en el que se abordaron las claves psicocomunitarias para la reconstrucción de la cotidianidad, desde las bases populares, tras el doblete sísmico en Venezuela.

El psicólogo describió una serie de principios que deberían orientar ese enfoque, y el primero de ellos es la “impermanencia”, entendida como la conciencia de que “todo es impermanente, nada permanece”. Para Garcés, este principio es esencial para desmontar la idea de que las experiencias dolorosas perduran indefinidamente: “Ni las cosas malas ni las cosas buenas van a perdurar en el tiempo”.

El doblete sísmico, afirmó, obliga a dirigir la mirada hacia otros valores no materiales y hacia formas de relación más profundas entre las personas. “Por ejemplo, el principio de la interdependencia. Entender que nosotros vivimos en interdependencia, vivimos vinculados. Nosotros no somos seres aislados y, por tanto, la resolución de nuestros problemas cae en nuestros hombros. Mucha gente tiene la idea de que ante una situación traumática como esta va a venir una ayuda de afuera y nos va a solucionar todos los problemas, y no es verdad. La solución la vamos a encontrar entre todos nosotros en un accionar colectivo”, explicó.

Garcés presentó también el principio de la sociedad hipercastigada. Expuso que Venezuela tiene más de once años siendo castigada inmisericordemente con ‘sanciones’, atentados al sistema eléctrico, apagones, falta de gasolina y un dólar disparado”, atestiguó. En este contexto, el sismo se suma a una acumulación de daños que impacta la salud mental colectiva. Por eso propone el concepto de hipercastigo, una condición que “se parece mucho al estrés postraumático” y que debe ser considerada en cualquier metodología de acompañamiento psicológico y comunitario.

Evaluación clínica del impacto emocional tras el doblete sísmico

La psicóloga clínica Ovilia Suárez expresó que, cuando una persona, una familia o una comunidad se enfrenta a una catástrofe de gran magnitud como la del 24 de junio, se configura lo que en psicología se denomina trauma. “¿Por qué trauma? Porque es una situación que supera todo tipo de control, de cualquier habilidad para poder enfrentar una situación como esta. Cuando nos referimos a una situación como esa, tan grande, nosotros podemos estar hablando ya de lo que significa un trauma. Ese trauma por la intensidad y por el momento como se vive, estamos hablando de un trauma agudo o lo que también llaman ‘shock’ o ‘estrés agudo’”, manifestó.

Detalló que este impacto activa el sistema nervioso en estado de alerta y genera una serie de manifestaciones. “Hay una cantidad de manifestaciones emocionales; cuando digo emocionales, literalmente emociones, sentimientos, cognitivas, también que tienen que ver con pensamientos, con manera de interpretar la realidad y también conductuales, que van a dirigir todo lo que es el ser humano, porque el sistema nervioso en principio se pone en estado de alerta. Frente a un impacto tan grande como el que vivimos el 24 de junio, la respuesta de defensa, de sobrevivencia, de poder protegernos y salvaguardar la vida, es de defensa. ¿Cómo nos defendemos? Nos defendemos de la manera en que estoy diciendo; es decir: nos defendemos precisamente a través de las emociones y de las respuestas que el sistema límbico, el sistema más primitivo. Allí no solo vamos a tener emociones que van y vienen, la tristeza, la rabia, la frustración, la ira la impotencia, sino que también vamos a tener manifestaciones, digamos, corporales. Esas manifestaciones corporales pueden ser taquicardia, sudoración, temblores; vamos a poder sentir más frío de lo normal. Y todas estas cosas van a tener un impacto en nuestra cotidianidad como respuesta a este sistema nervioso”, reseñó. 

En tal sentido, Ovilia Suárez agregó que una de las alteraciones más frecuentes es el cambio en el patrón del sueño. Suárez explicó que, en condiciones normales, el sistema parasimpático permite el descanso, pero tras un impacto traumático predomina el sistema de alarma, lo que dificulta dormir con regularidad. Aclaró que estas respuestas son normales y que, con el paso del tiempo, la mayoría de las personas tienden a regularse nuevamente, aunque la duración del proceso depende del nivel de afectación vivido.

La psicóloga venezolana destacó que no todas las personas experimentan el trauma de la misma manera. “No es lo mismo una persona que vio todo esto por las redes sociales [digitales], porque vive, digamos, en el estado Zulia, a los que vivimos y sentimos el temblor o a los que perdimos, digamos, la seguridad y la protección de nuestra casa, cuando nuestra casa sufrió un daño en su infraestructura y no podemos volver a habitarla, incluso a aquellos que la pierden totalmente y a los que pierden, además, seres queridos. Es decir: allí vamos a encontrar manifestaciones de otro tipo por un tiempo mayor”, puntualizó.

Razón y emoción como claves para procesar el miedo colectivo

Róger Garcés, cursante del doctorado en Estudios Nuestroamericanos, afirmó que, frente a un cuadro de conmoción como el que vive el país tras el doblete sísmico —y considerando además el historial de una sociedad hipercastigada— es necesario combinar razón y emoción.

“Se nos ha hecho creer que somos solamente razón. Platón decía que donde reina la razón desaparece la emoción. Pero no es verdad. Son dos fundamentos que están intrínsecamente relacionados, la razón y la emoción. De tal manera que a partir de la razón podemos entender nuestra emoción, pero también a partir de nuestra emoción podemos darle valor a la razón”, argumentó.

Garcés explicó que el miedo es una reacción extendida en la población y que debe ser validado como una respuesta normal. “Por ejemplo, tenemos miedo, sí, tenemos mucho miedo. Todos tenemos miedo. Entonces tenemos que validar nuestro miedo. Entender, como decía Ovilia, que no es patológico, que son reacciones absolutamente normales y que una de las maneras como podemos empezar a manejar nuestro miedo es hablándolo en una condición de interdependencia y de interrelación, en una condición de vínculo social en la comuna, en nuestros consejos comunales, en nuestras organizaciones populares, en nuestras familias. Hablar de lo que tenemos en el corazón. Hay que hablarlo, hablarlo, hablarlo mucho. Nosotros tenemos una mala conseja de que estamos contando problemas. Tenemos miedo porque vemos que la gente no habla de eso. ¡Cómo que no habla de eso! Tienen que hablarlo”, apuntó.

El psicólogo destacó que esta práctica forma parte de los primeros auxilios psicológicos, y añadió que, además de hablar, es necesario llorar. “Yo trabajo en mi grupo con estas técnicas, primero hablarlo, hablarlo mucho, cuantas veces sea necesario, y luego llorarlo, llorarlo. Pero como decía el poeta argentino Oliverio Girondo: “Llorarlo todo, pero llorarlo bien”. Nosotros lloramos muy mal. ¿Qué significa que lloramos muy mal? Lloramos trancados, trancando el llanto. No, así no podemos llorar, tenemos que llorar por fuera. Como dicen, a ‘mocos sueltos’. Y la otra cosa que lloramos muy mal es que lloramos en soledad. El llanto que se hace en soledad es un llanto que se re-edita una y otra vez. El verdadero llanto sanador es aquel que se hace ante una persona a quien tú le cuentas tus cosas. Es aquel que te vincula ante una persona en la dimensión de amor”, expresó.

Memorias traumáticas

Ovilia Suárez, psicóloga clínica con maestría en Psicología del Desarrollo Humano, resaltó “que la sociedad venezolana ha crecido, ha madurado, se ha desarrollado fuertemente en todos estos años. Es una sociedad que todo lo que se ha construido durante todo este tiempo ha permitido que una sociedad emerja en lo cotidiano, con una visión de futuro y principalmente en las situaciones emergentes sobrevenidas. Nosotros en Venezuela desde el año 1999 empezamos a crear una sociedad diferente, un país diferente. Y esa propuesta, ese sueño, esa sociedad distinta ha tenido siempre como un ataque permanente. Ese ataque permanente, además de ser como hipercastigada, también ha permitido la alternativa de una construcción diferente desde el punto de vista social y desde el punto de vista de los vínculos. Y yo creo que eso hay que fortalecerlo”, expuso.

Suárez explicó que el doble terremoto del 24 de junio tuvo una magnitud especialmente compleja porque reactivó memorias profundas en territorios como La Guaira, uno de los estados más golpeados históricamente, marcado por la tragedia de Vargas de 1999. Señaló que quienes vivieron aquella tragedia enfrentan hoy una reactivación emocional intensa: “El niño del año 1999 es el adulto de 2026. Es decir: ha enfrentado dos grandes tragedias, dos grandes catástrofes en su desarrollo humano y eso además tiene un impacto psicosocial importante”.

La psicóloga indicó que cada persona se ajustará de manera distinta según su experiencia. “Cada uno va a tener que, desde el punto de vista personal, irse ajustando de acuerdo con todo este impacto, igual que desde el punto de vista familiar, desde el punto de vista psicosocial o desde el punto de vista comunitario, pues aquí vamos a encontrar muchísimas situaciones mucho más complejas que las vividas anteriormente”, apuntó.

Por ello, insistió en aplicar los principios de los primeros auxilios psicológicos también en el ámbito social. “Lo primero es que la persona se sienta segura. Y cuando hablo de seguridad, estoy hablando no solamente de la seguridad mínima, elemental, física; sino también de una seguridad emocional, una seguridad cognitiva, una seguridad en el entorno. La segunda es la calma, pero la calma no se impone. Por eso es que, si tenemos ganas de llorar, lloramos. Si hay niños o personas con irritación, pues se suelta la irritación y después, de alguna manera, contenemos, apoyamos, acompañamos. Es decir: estamos ahí presentes en todo ese proceso”, subrayó.

Ovilia Suárez destacó que, tras un desastre de gran magnitud, la conexión es fundamental. “Es importantísima porque ante estos desastres tendemos un poco a desconectarnos. A desconectarnos de todo lo que tiene que ver con nuestras personas cercanas y nuestros entornos, nuestros vínculos. Entonces, allí hay que ayudar en el proceso, en el proceso de reconexión, en el proceso de duelo, que eso es otra cosa de la que debemos hablar, los duelos. Hay que ver la autoeficacia que tenemos nosotros en la comunidad, la autoeficacia que tenemos a nivel social y la autoeficacia que tenemos a nivel de un gobierno que desde el año 1999 se ha mostrado humano”, expuso.

Otro de los elementos centrales que mencionó fue la esperanza. “Las personas que tienen esperanza, los países que tienen esperanza se recuperan con mucha mayor eficiencia y de una manera mucho más firme, más estable, que aquellos que no la tienen. La esperanza es parte, yo creo, de lo que nos define como venezolanas y venezolanos, y es la resistencia social, la resistencia popular. Es decir: pese a la sociedad hipercastigada, nosotros también tenemos una resistencia contundente ante eso y una capacidad de respuesta comunitaria y colectiva”, aseveró.

Indicó que la reconstrucción será un proceso por etapas. “Y yo creo que hay que subrayarlo, porque no hay tiempo definido; es decir: que no podemos decir en tanto tiempo esto va a pasar. Eso va a depender de muchos factores, pero sabemos que tenemos un Gobierno, un Estado, un poder popular, digamos, conectado, consolidado, para nosotros poder alcanzar aquello que nosotros requerimos para poder sentir seguros, conectados y confiados de que todo esto lo vamos a poder reconstruir”, precisó.

Manifestó que aceptar lo que se está viviendo implica poder expresar las emociones con otro. “Aceptar lo que estamos viviendo significa que tú puedas expresar lo que tienes con el otro. Y esa escucha, que también son principios de las ayudas psicológicas, el observar, el escuchar y el conectar, escuchar al otro sin ser invasivo, sin invalidar lo que siente, porque es que a veces decimos por buena gente: “No te pongas así, estás vivo”. Eso significa que estamos invalidando lo que la persona está sintiendo. Y todo lo que podamos sentir es normal. Y cada uno de acuerdo con sus circunstancias; cada quien hace lo que puede”, recalcó.

Para dar una idea de la proporcionalidad del dolor, Suárez explicó que “el niño que llora desconsoladamente porque perdió sus juguetes y además los necesita para poder dormir tranquilo; ese dolor que tiene ese niño no es menor a como lo puede vivir una persona que ha perdido su casa completa. Es más o menos proporcional, porque depende de muchos factores este dolor”, refirió.

Flechas en flores

A criterio de Róger Garcés, uno de los desafíos más complejos tras el doblete sísmico es la sobrecarga de información que circula en medios hegemónicos y redes sociales digitales. “No podemos desligar el papel de las redes sociales [digitales] de la generación de angustia. Me parece perversa la utilización de este momento tan doloroso, tan frágil para el pueblo venezolano, que un sector de la extrema derecha esté tratando de generar angustia a través de las redes sociales [digitales], creando videos de que a la gente se le va a caer el apartamento porque están hechos de cartón, de que no quieren entregar los insumos de la ayuda humanitaria que viene de otros países, que están violando a los niños en los refugios. Insisto: eso me parece perverso y eso es el consumo de mucha gente que cree que la información la va a tener a través de las redes sociales [digitales]. Hay que tener claro algo: todo lo que salga en las redes tiene una direccionalidad, eso es una regla fundamental; uno tiene que identificar cuándo una cosa que salga en las redes [digitales] le va a hacer bien, cuándo es bueno y cuándo es malo. Si usted cuando ve el video siente una angustia en el pecho, una incomodidad, déjeme decirle que hay alguien que está buscando que usted sienta eso; entonces ese alguien no es su amigo, ese alguien es su enemigo”, alegó.

Indicó que, por el contrario, los mensajes que transmiten paz contribuyen en la dimensión del amor. “Si usted siente paz, sosiego y ganas de trabajar, en la dimensión de la esperanza, entonces ese mensaje es para la construcción de la sociedad en la dimensión del amor. Ese mensaje sí es bueno. Porque lamentablemente hay gente que está utilizando las redes sociales [digitales] para la desestabilización; hay una dimensión donde nosotros podemos empezar a cultivar nuestra acción y que sea justamente la acción la que nos garantice nuestra paz, que es el trabajo comunitario”, reflexionó.

Garcés afirmó que la salida no está en la acción individualista ni en la soledad. “Mucha gente o algunas personas desarrollan una iniciativa individualista en soledad, porque creen que va a solucionar su problema, y no es verdad. Hay un axioma dentro de la espiritualidad que dice que no hay salvación individual. Entonces, tenemos que necesariamente empezar a desarrollar habilidades para relacionarnos con el otro, habilidades como aprender a hablar, aprender a escuchar, aprender a tolerar, aprender a relacionarnos con el otro, ser objetivo, desarrollar lo que se llama presión y soledad, pero son un montón de cosas que sabemos que hasta ahorita no hemos desarrollado. Capacidad de organizar una idea, una reunión y poder ponernos de acuerdo, son muchas cosas”, aseguró.

El psicólogo sostuvo que, aunque el momento es difícil, también puede convertirse en una oportunidad de avanzar. “Yo siento que este momento en particular, este doble terremoto terrible, nos puede ayudar, no todo es malo. Nosotros podemos convertir flechas en flores y podemos convertir el veneno en medicina, de tal manera que de todo lo que nos pase podemos notarle algo positivo. Y si ese doblete sísmico nos da la posibilidad de crecer como pueblo, de ser un pueblo más maduro, menos dependiente de las redes sociales [digitales] y más conectado directamente cara a cara con el otro en la organización y en la acción comunitaria, entonces estaremos convirtiendo flechas en flores y convirtiendo el veneno en medicina”, enunció.

La esperanza se construye en colectivo

Ovilia Suárez advirtió que, en el contexto posterior al doble sismo del 24 de junio, la guerra cognitiva se ha convertido en un factor para manipular la fragilidad emocional de la población. “Es superimportante que nosotros entendamos que la construcción de esta sociedad que intentamos, contra viento y marea, tiene un detractor profundamente fuerte en la guerra cognitiva desatada en este momento. ¿Qué significa? Significa que se está utilizando, se está aprovechando la vulnerabilidad de un pueblo para incrementar la duda y generar un estado o una conmoción que termine derrocando o imponiendo un Gobierno diferente. Yo creo allí que es importante que nosotros, en algún momento, sobre todo los menos afectados, podamos llevar un análisis profundo de esto. ¿Por qué? Porque lo que está a la vista no necesita anteojos y frente a que la persona que es auxiliada, o todos que somos de alguna manera auxiliados, entendamos que eso existe y podamos llegar a creer que eso es verdad porque nos están dando la mano, comienza una campaña muy fuerte, muy miserable, un esfuerzo extraordinario para que esas flechas jamás sean flores, sino que más bien sean flechas que nos destruyen”, declaró.

Suárez describió cómo esta dinámica se expresó en La Guaira durante la emergencia: “¡Salgan todos de La Guaira, hay una alerta de tsunami, corran a la montaña!’. Imagínate tú lo que eso significa, en una devastación absoluta de todos tus recursos. Que te digan “ves que no llega nadie”, y es que no es que llegue nadie, sino que todos están en la autopista tratando de llegar por la gran cantidad de vehículos, pero que, además, cuando empiezan a llegar las personas o todas las autoridades a ayudarte, todos gritan “hay un tsunami, corran”, y otra vez es la sensación de abandono, de desprotección, de inseguridad que te acaba de dejar los terremotos. Eso, desde el punto de vista psicosocial, y no es solamente psicosocial, eso es importante”, describió.

La psicóloga explicó que el objetivo de esta guerra cognitiva es aumentar la duda hasta el punto de desconfiar de quienes ayudan. “Yo creo que quienes hacen eso saben perfectamente todos los avances en las neurociencias y en la ciencia de la conducta, y saben lo que pasa en el organismo para que actúe de una manera determinada. Eso se hace y se utiliza en las redes sociales [digitales] con la inteligencia artificial también para afectar directamente la estabilidad, la tranquilidad, incluso lo que también nos ha caracterizado como personas, que es la parte racional y social. Entonces, al generar y aumentar la duda, te vas a desconfiar de todo el que se te acerca a ayudar”, manifestó.

Además, dijo que la sobresaturación de información y de imágenes de La Guaira reactivan el dolor. “No son imágenes de esperanza, no son imágenes del esfuerzo que se está haciendo para organizarlo. No, son imágenes que te van a conectar con lo que no quieren que te conectes. Por ejemplo, al principio, todos los videos de rescate generalmente eran por personas o familiares. No había en las redes [sociales digitales] ningún video que mostrara al Estado trabajando. Eso acompañado de que el Estado no se había movido. La duda psicosocial es muy fuerte porque tú confías en ti; un poco lo que está diciendo Róger Garcés: están fortaleciendo la soledad. Es decir: de esto salgo yo solo. Y no estamos hablando de la interdependencia. Cuando hablamos de interdependencia y de vincularnos con el otro, estamos hablando del amor, de la solidaridad, de la compasión, de la empatía y de otras cosas que se construyen en colectivo, como la esperanza. La esperanza se construye en colectivo”, expuso.

Técnica para manejar el miedo

Róger Garcés expresó que uno de los temores más extendidos en la población tras el doblete sísmico es el miedo. “Una de las cosas que viene atormentándonos a todos los venezolanos en la noche es el miedo. Sentimos un trueno y creemos que está temblando. Sentimos que alguien está roncando y sentimos que está temblando otra vez”, comentó.

El psicólogo compartió una técnica de la psicología budista, conocida como Tonglen, que puede ayudar a manejar ese miedo. “Háganla esta misma noche para que ustedes vean cómo la cosa les va a cambiar. Lo primero que hay que hacer es reconocer el dolor que uno tiene. Uno tiene dolor, llámese tristeza, miedo, pánico… llámese como se llame. Uno pone el nombre que uno quiere. Yo puedo decir: “Yo tengo miedo”. Ah, muy bien, yo tengo miedo. Primero, validar eso. Pero la técnica viene aquí. Usted se va a imaginar a una persona que tiene un miedo como el que usted tiene. Puede ser su esposa, puede ser su marido, puede ser su hermana, puede ser quien sea. O si no tiene nadie que tenga un miedo como usted tiene, usted lo inventa. No importa, lo importante es que haga el ejercicio de imaginación. Usted se imagina que está frente a esa persona que tiene un miedo como el que usted tiene. Va a servirse de la respiración y cuando inspire, cuando agarre aire, usted se imagina que está absorbiendo el dolor o el miedo de la otra persona. En forma de un humo negro, aceitoso, lo absorbe. Y cuando expire, cuando saque el aire, le va a mandar a la otra persona una luz blanca de felicidad y protección”, describió.

Garcés indicó que este proceso debe repetirse tres veces, imaginando que el alma funciona como “una fábrica alquímica” capaz de transformar el dolor en luz protectora. Afirmó que la técnica es “tremendamente efectiva”. Citó a Buda para reforzar la idea de que la eficacia del ejercicio debe comprobarse en la práctica: “No crean mis palabras porque yo lo digo; háganlo y compruébenlo”.

Regulación emocional

La psicóloga Ovilia Suárez indicó que, tras un evento traumático como el doble terremoto, se han difundido diversas técnicas para regular el miedo, la tristeza y la angustia, “emociones que van a estar presentes un tiempo. En un autoexamen que hacemos cada uno. ¿Cómo nos sentimos? Decimos, ¿cómo estaba yo el 25 o el 24 en la noche, en la escala del 0 al 10? ¿Y cómo estamos ahorita? Cuando eso se mantiene en la misma intensidad. Cuando eso, además, no permite ni siquiera que hagas cualquier ejercicio de los que pueden recomendar cualquier profesional o cualquier persona que maneje, digamos, estas técnicas, cuando no puedes cuidarte a ti mismo ni a los demás, ahí debes buscar ayuda. Y eso es muy importante. Cuando, además, lo que sientes puede atentar contra tu propia vida o la vida de los familiares, pues también tienes que buscar ayuda”, enfatizó.

La psicóloga destacó que esta situación puede convertirse en un reto social que fortalezca la organización y la solidaridad, tal como ocurrió cuando el Gobierno abrió las puertas a pueblos, instituciones y países que ofrecieron apoyo, y cuando voluntarios y servidores públicos participaron en las labores de rescate. “Bueno, de la misma manera, nosotros también tenemos que saber que esto va a requerir una ayuda de todos nosotros, de la parte educativa, por supuesto, porque nosotros no tenemos una cultura sísmica y eso hay que también decirlo. Es decir: hemos insistido, las personas que tienen de 65 años hacia abajo no han vivido un terremoto en Venezuela y eso no queda en la cultura ni en la memoria individual. Entonces, a partir del 2026 va a aparecer en la memoria lo que se vivió en Venezuela, en Caracas, en La Guaira, en el 2026”, declaró.

En conversa con Nerliny Carucí, periodista y moderadora del programa “En clave comunal”, Ovilia Suárez explicó que una cultura sísmica no se limita a normas de construcción o infraestructura, “sino también a lo que tiene que ver con cómo ayudarnos y ayudar al otro, y cómo recuperarnos. Frente a eso, me parece que, como decíamos antes, la venezolana y el venezolano tenemos maestría, decimos nosotros, tenemos doctorado, hemos pasado por situaciones muy, muy, muy complejas”, recordó.

La experta señaló que, incluso en medio de la vulnerabilidad, siempre aparece la solidaridad. “Hay uno que se quiere aprovechar, pero hay cien que quieren ayudar. La mayoría quiere ayudar, la mayoría es amorosa, la mayoría es noble. Los que no lo son, yo creo que se encargará la propia vida, la propia sociedad, y los que tienen sus creencias en ideologías religiosas, pues verán cómo lo resuelve cada una de sus religiones. Pero tenemos el temple. Solo que esta vulnerabilidad es donde nosotros más necesitamos blindar lo que somos. Para que justamente el que quiera aprovecharse no se cuele por esa grieta y destruya lo que, con tanto esfuerzo, tanto amor se ha construido”, expresó.

El pueblo que comunica

Sobre el papel de la comunicación en estos momentos, Róger Garcés recordó una instrucción, “una enseñanza que nos ha dado el presidente Nicolás Maduro acerca de la comunicación con cuatro ideas fundamentales, que son las calles, redes, medios, paredes y radio bemba. Porque las paredes también hablan, porque en verdad los medios hay que utilizarlos, pero el contacto directo con la persona hay que usarlo”, explicó.

El especialista destacó que los medios deben utilizarse, pero que el cara a cara con las personas es indispensable, especialmente en momentos de conmoción social. “Nosotros tenemos la tendencia a ignorar que somos comunicadores simplemente por el hecho de pertenecer a una sociedad y a una comunidad, y ahí estamos comunicando cosas. Asumir nuestra posición de comunicadores para transmitir que tiene que ver con la posibilidad de entreayudarnos y que esté signada en una condición del amor, de la armonía y del avance de nuestra patria”, manifestó.

Por su parte, Ovilia Suárez opinó que la historia reciente del país demuestra la importancia de la defensa comunicacional en momentos de crisis. “Yo creo que la historia está ahí. Cuando el golpe de Estado de 2002 contra el presidente comandante Hugo Chávez, nosotros en esa oportunidad veíamos por todos los medios de comunicación una cosa que no era lo que estaba pasando. Y nosotros nos empoderamos y empezamos a decir qué estaba pasando. Aquí se ha hecho un gran esfuerzo a través de los consejos comunales, de las comunas, de los medios comunitarios, de las vocerías, de los grupos de Telegram, de WhatsApp; es decir: usando incluso los medios que nos han golpeado. Nosotros, el pueblo, nos hemos convertido en medios de defensa y de contraataque. Hay que contar la historia y yo creo que hay que llevar a la gente a mirar. A veces uno ve personas que hablan y hablan y hablan y las contradicciones las tienen justamente al frente”, expresó.

Relató que algunos vecinos afirman que “el Gobierno no está haciendo nada”, mientras reconocen que familiares y voluntarios sí están actuando. “Hay que inundar también el contraataque. Aquí siempre dijimos desde el grupo de colegas, de psicólogas y psicólogos, siempre hemos dicho que hay una guerra psicológica y nosotros, el pueblo, debemos ser garantes de tener defensa psicológica, en este caso defensa comunicacional, pero también de contraataque”, acentuó.

La psicóloga señaló que muchas opiniones sobre refugios, campamentos o espacios temporales provienen de personas que nunca han estado en ellos. “En nuestro caso, con el colega Róger Garcés, estuvimos en los refugios, y acompañamos el empoderamiento del poder popular. Algunos dijeron que las casas de la Gran Misión Vivienda Venezuela son de cartón; ya las estadísticas han mostrado que eso no es verdad. Lo que pasa es que queda marcada la primera información que te da. Una vez que tienes una imagen, que se te da algo, por más que tú lo desmientas, ya eso quedó marcado en la memoria. Afortunadamente, esas situaciones pasan también rápidamente de la memoria, no quedan en una memoria permanente y esa memoria permanente solo te la va a dar la práctica en el transcurso de tu propio proceso. Por eso es que todas las cosas que vivimos se olvidan fácilmente. ¿Por qué? Porque te dicen una cosa y te impacta, y ya un tiempo después eso ya no está almacenado en el cerebro ni almacenado en ningún otro lugar, a menos que te haya dejado una huella lo suficientemente fuerte como este doblete sísmico”, alegó.

Ovilia Suárez explicó que la pérdida de una vivienda no implica solo la desaparición de sus paredes, sino también la ruptura de todo lo que esa casa representa simbólicamente. “Es decir: alguien que se le afectó la casa, pero incluso no la perdió del todo, y tú dices: “¿Pero por qué estaba tan triste si no perdió la casa? Bueno, porque perdió la seguridad, la sensación de sentirse protegido, perdió lo que siente en ella como refugio, perdió la seguridad al fracturarse su casa”, declaró.

Advirtió que no toda compañía es acompañamiento real. “Si ocurre que alguien te acompaña y te genera angustia, zozobra, incertidumbre, no te está acompañando nada, te está empujando hacia donde tú no quieres ir. Y ahí nosotros tenemos que discernir. Si no tenemos esa capacidad, porque estamos muy afectados, pues buscamos en aquellas personas en las que confiamos para que nos protejan o nos acompañen en esa protección”, puntualizó.

Suárez señaló que, en este contexto, algunos actores mediáticos y figuras públicas están demostrando “de qué lado están”, comparando su actuación con la de alguien que, ante un niño herido, en lugar de auxiliarlo, lo mata. “Creo que los medios de comunicación nuevamente, sobre todo las redes [sociales digitales], y personeros muy puntuales, están demostrando que son. Porque es como que tú a un niño herido, en lugar de recogerlo y auxiliarlo, aprovechas que está herido para dejarlo. Yo creo que la mayoría lo auxilia, insisto, y el que lo quiere dejar y hacerse el tonto y decir que fue porque lo estaba ayudando, ya este pueblo no es tonto, ya nosotros sabemos realmente de dónde venimos y quiénes son las personas. Lo que creo que debemos hacer es estar juntos y hablar”, expuso.

La experta recomendó limitar la exposición a imágenes sensacionalistas y a contenidos que reactivan el dolor. “A veces decimos: ‘voy a descansar un rato’, y entonces nos acostamos un ratito y, en lugar de acostarnos y oír música, meditar, respirar, conversar con un ser querido, nos quedamos viendo todas las imágenes por las redes [sociales digitales] o por la televisión más sensacionalista. Eso no debe ser. Róger Garcés daba una técnica para quitarse el miedo, para dormir mejor. Otra técnica es justamente apagar las pantallas por lo menos una hora, dos horas antes de descansar. Descansar es descansar. Respirar pausado y consciente para decirle a nuestro cuerpo: estoy segura, puedo descansar”, finalizó.

Nota: Si usted quiere conversar con algún psicólogo, el Colectivo de Psicólogas y Psicólogos por el Socialismo se ofrece a escucharlo. Ellos ponen a disposición los números 0414-9006481 y 0412-5974370.

Universidad Nacional de las Comunas UnaCom

Equipo Rectoral

Magaly Newton

Secretaria General

Vicerrectora de Formación e Investigación Comunal

Vicerrector para la Economía Comunal

Democracia y Sociedad Comunal

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