Irene León: La Comuna venezolana es la antípoda del proyecto imperial

Nota de Prensa

Caracas, 24 de marzo de 2026.- “El mundo está en una disputa muy profunda de proyectos: entre el llamado proyecto de muerte —que es el que está construyendo el capitalismo con su modo de guerra sin fin, con su forma de apropiación del mundo— y, por el otro, el proyecto de vivir en comunidad y […]

Caracas, 24 de marzo de 2026.- “El mundo está en una disputa muy profunda de proyectos: entre el llamado proyecto de muerte —que es el que está construyendo el capitalismo con su modo de guerra sin fin, con su forma de apropiación del mundo— y, por el otro, el proyecto de vivir en comunidad y de construir solidaridades”.

Estas fueron las palabras de la socióloga ecuatoriana Irene León, expresadas durante su participación en el programa “En clave comunal”, que tuvo como tema el significado de la Comuna venezolana en este nuevo momento geopolítico.

Para la pensadora del Sur global, la experiencia venezolana visibiliza algo esencial: “Los seres humanos somos gregarios, no podemos vivir aislados los unos de los otros”, y la comuna permite materializar esa condición colectiva como horizonte de futuro.

En un contexto marcado por el retorno al neoliberalismo planteado por el proyecto capitalista, señaló que es “indispensable la capacidad de actuar en colectivo”, especialmente frente a la individualización extrema que “busca que perdamos la capacidad de hablar en conjunto, de expresar ideas de soberanía, de definir un territorio que puede ser el escenario de este proyecto colectivo, de pensar la cultura entre distintos, de compartir las ideas también”, afirmó.

León destacó que la propuesta comunal venezolana abre caminos de resistencia frente al proyecto neocolonial que hoy imponen las corporaciones globales. “La comuna abre la puerta a todas estas posibilidades de resistencia”, afirmó.

Subrayó que Venezuela no solo construye una alternativa para sí misma, sino que, desde su historia independentista, aporta una visión regional: “Una iniciativa internacionalizable para crear una visión comunitaria de futuro”.

Gran disputa por el proyecto mundial

Sobre el modo de interconectividad geopolítica que sostiene al sistema-mundo actual, Irene León, directora de la Fundación de Estudios, Acción y Participación Social (Fedaeps) en Ecuador, indicó que actualmente “hay un puñado de empresas, corporaciones, megacorporaciones, fondos de inversión enormes como el de BlackRock” que han adquirido un poder desproporcionado.

La socióloga explicó que estas grandes entidades llegan a ser consideradas “el quinto poder, incluso el tercer poder en algunos casos entre los países”, pese a no tener la naturaleza ni la legitimidad de un Estado.

Para León, esta concentración corporativa coloca a la geopolítica “en el corazón de una gran disputa por el proyecto mundial”, donde se debate si el futuro será definido por proyectos colectivos de los pueblos o por intereses privados que avanzan sobre la economía global y el poder multilateral.

En ese escenario, la pensadora advirtió que “la existencia misma de los países está en un gran desafío de continuidad”, pues el capitalismo corporativo impulsa un modelo donde no figuran la preservación del planeta ni el bien común.

Frente a ello, destacó que “felizmente sí hay un escenario en el que se está manifestando esta capacidad de presentar otras ideas, entre ellas la propuesta del socialismo bolivariano en Venezuela, que se opone a la lógica individualista y exitista del capital”.

De acuerdo con Irene León, esta alternativa se construye desde las sociedades mismas, como “una capacidad histórica de salir adelante colectivamente y hacerlo desde el Sur geopolítico; es decir: en articulación con África, con Asia, con Eurasia; buscando que el futuro sea uno para la humanidad, desde la humanidad, y pensando en una interrelación entre seres humanos y el planeta como un todo”.

Desafíos ante las nuevas estrategias de dominación imperial

Al abordar los desafíos que enfrentan los pueblos frente a las nuevas formas de dominación imperial, Irene León advirtió que “son muchísimos los desafíos”, pues los actuales proyectos de guerra están articulados a una fase del capitalismo dominada por “actores privados articulados en el sector corporativo”, especialmente aquellos vinculados a Estados Unidos.

Según explicó, estas corporaciones buscan ejercer un poder aún mayor, no solo sobre la vida en el planeta, sino incluso más allá, puesto que quieren extender todos sus tentáculos hacia toda la vida humana del planeta e incluso cósmica.

“Para lograrlo, han planteado un reordenamiento de todo: de las relaciones humanas, de la geografía, de los modos de hacer economía, de los modos de producir y reproducir la vida. En ese escenario, la guerra y el armamentismo son indispensables para desdibujar los países y reorganizar el mundo en función de los recursos”, enunció.

León expuso que esta lógica bélica también opera como estrategia de supervivencia del capital, impulsada por “uno de los grandes poderes del mundo, el complejo industrial, militar y digital”, que visualiza su futuro económico en una “guerra sin fin”.

“Son empresas con corporaciones que tienen su negocio en la producción de drones, inteligencia artificial, armamento y aeronáutica para la guerra, y para eso necesitan generar conflictos indefinidamente y caos en todos los niveles. En ese marco entra un nuevo tipo de agresión: la guerra cognitiva. La guerra cognitiva está articulada a este proyecto de ‘reordenamiento’, y para lo cual necesitan caos no solamente en los comportamientos individuales, sino en los comportamientos colectivos”, dijo.

Irene León explicó que esta es “una guerra dirigida a modificar los comportamientos y los pensamientos” para adaptar a las poblaciones al proyecto del capital internacional. Manifestó que, aunque antes parecía ciencia ficción, hoy cuenta con marcos conceptuales e instituciones formales —“como la OTAN, por ejemplo”—.

“Ya estamos en el marco de una incursión de esta forma de guerra en el mundo, entre cuyos efectos hemos visto, por ejemplo, la agresión que sucedió en enero en Venezuela, como un escenario ya reconocido como un colapso de guerra cognitiva”, argumentó.

La ecuatoriana detalló que este tipo de guerra opera principalmente a través de la digitalización y de sistemas de control que buscan “inhibir la capacidad de los seres humanos de tener un desarrollo cognitivo”, especialmente mediante elementos de la cultura de realidad virtual que afectan a la niñez y la juventud.

León describió que esta guerra tiene muchos niveles: unos pueden ser asociados a los medios digitales y de comunicación, “otros están asociados a las cuestiones ideológicas, políticas y de conciencia, y otros que ya directamente están asociados a crear condiciones para crear inestabilidad en los países”.

Profundizó que a través de procesos informativos se busca “llevar a las colectividades a organizar sus comportamientos en función de los fines explícitos del capital —de un disciplinamiento, de un ordenamiento de los pueblos— y de actuar con poca autonomía de pensamiento, con poco criterio propio; y otros niveles que son dirigidos a crear, a través de las sensaciones y de los hábitos, tensiones, sentimientos, y provocar emociones de polarización en los pueblos, esperando —como dicen los textos de sus creadores— que estos pueblos lleguen a confrontarse internamente entre ellas y lleguen a enemistarse de tal modo que se autodestruyan entre ellas. Es decir: que el enemigo no necesite crear un campo de batalla en el que se confronten directamente, explícitamente y abiertamente las posiciones, sino que las polarizaciones se vayan desarrollando al punto en que implosionen”.

En relación con ello, Irene León insistió en la necesidad de “armar muchos campos de defensa cognitiva” en todos los espacios: en el hogar, en las escuelas, en la comunidad. Destacó que uno de los elementos clave es la creación de pensamiento propio y crítico, una capacidad que “en Venezuela está muy viva” dentro del proyecto socialista comunal, pero que en muchas sociedades ha sido inhibida.

Ecuador: destrucción institucional y retorno del capital corporativo

Al reflexionar sobre las implicaciones de los gobiernos de extrema derecha en Ecuador, Irene León, integrante de la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad (REDH), manifestó que existen muchísimas lecciones, pues el país ha atravesado un proceso “tan destructivo y en un plazo tan corto” que aún requiere un análisis profundo para encontrar salidas.

Recordó que, tras un período de transformaciones con políticas redistributivas, economía orientada al bien común y el horizonte constitucional del buen vivir, Ecuador fue sometido a “un golpe blando, un golpe suave” que condujo a una transición indefinida. Ese proceso implicó “un desmontaje de la institucionalidad”, destruyendo el sistema estatal que garantizaba la vida en común sin ofrecer alternativas que organizaran la economía, la justicia o la reproducción de la vida en comunidad.

León explicó que esta destrucción abrió paso al retorno de intereses corporativos y a mecanismos de vigilancia sobre el pueblo, acompañados de campañas comunicacionales que convencieron a sectores de que “había que cambiarlo todo supuestamente para estar mejor”. El resultado, afirmó, es un país irreconocible: “Ecuador era el país más seguro de América Latina y ahora está considerado entre los más violentos del mundo”.

Sostiene que en Ecuador el retroceso ha sido tan profundo que incluso un país históricamente reconocido como petrolero —miembro de la OPEP y con una economía sostenida en ese recurso— “hoy prácticamente ha dejado de hablar de su propio petróleo”. Explicó que este sector, antes gestionado con criterios de soberanía nacional, ha vuelto a quedar en manos de corporaciones, anulando la capacidad del Estado de administrarlo en función del bien común.

En conversa con la periodista venezolana, Nerliny Carucí, la socióloga ecuatoriana describió este proceso como un “caos inducido” que permitió la entrada indiscriminada de capitales, incluyendo “capitales ilícitos”, mientras desaparecían cooperativas y pequeñas iniciativas económicas.

A pesar de este retroceso, la socióloga ecuatoriana subrayó que “felizmente el pueblo tiene memoria”, y que la visión de la Revolución Ciudadana sigue presente, al punto de que este movimiento continúa siendo la principal fuerza política del país.

“Ecuador vive un proceso destructivo, pero siempre con la esperanza de reconstrucción: con la Constitución y sus principios de vida colectiva, aún es posible volver a construir el país en adelante”, afirmó.

La comuna como horizonte de futuro

Desde su experiencia en Ecuador, Irene León destacó que uno de los aprendizajes más importantes para Venezuela es reconocer que “la comuna, la visión del Estado comunal, es el acumulado más significativo que ha logrado Venezuela en estos años del proceso de la Revolución Bolivariana”.

Consideró que se trata de un proyecto político y civilizatorio que reúne propuestas capaces de sostener la vida no solo en lo local, sino también de proyectar alternativas para la región y la humanidad. En sus palabras, la comuna constituye “un proyecto histórico” que permite imaginar y construir un futuro común.

León advirtió que parte de lo ocurrido en Ecuador con la arremetida de la extrema derecha buscó precisamente “que perdamos el horizonte de futuro y perdamos esa perspectiva de comunidad”. Por ello, reiteró que la experiencia venezolana debe valorar y profundizar su camino comunal, pues representa “un proyecto increíble, histórico, que plantea desafíos no solo para Venezuela, sino para la región y el mundo”.

La comuna como antídoto frente al proyecto neocolonial estadounidense

Ante la pregunta sobre si las comunas y los consejos comunales interfieren con los intereses de Estados Unidos, Irene León fue categórica: “Absolutamente, están en las antípodas”.

Alegó que mientras el pueblo organizado pueda expresarse, sostener un proyecto propio y hablar de soberanía “en voz alta”, representará una capacidad de autodeterminación que Estados Unidos busca eliminar.

Para esta pensadora del Sur global, la comuna expresa una forma de soberanía que opera tanto en la gestión local como en la visión de país, convirtiéndose en “el mayor antídoto para la imposición capitalista que Estados Unidos quiere consumar en Venezuela y en toda América Latina y el Caribe”.

Irene León advirtió que el proyecto neocolonial estadounidense pretende “subsumirnos como parte del gran Estados Unidos”, incluso redefiniendo fronteras y zonas de influencia en la región. Frente a ello, afirmó que “el gran antídoto es el proyecto comunal”, pues constituye una forma de organización que impide la subordinación política, económica y cultural.

La comuna como proyecto de resistencia anticapitalista

Al referirse a la comuna como espacio de lucha antiimperialista y anticapitalista, Irene León recordó que en América Latina y en la relación Norte-Sur “estamos inmersos en un desafío a los poderes del capital”.

Sostuvo que estos poderes buscan organizar la vida desde un sentido estrictamente individual. Al respecto, la comuna propone un camino distinto: “Un proyecto alternativo que es resistencia en sí mismo”.

Para la socióloga, el proyecto comunal constituye “la antítesis del proyecto imperialista que plantea el hemisferio total unificado”, donde todos los países quedarían subordinados a la dirección estadounidense y a sus corporaciones, algo que calificó como “muy peligroso para todos nuestros pueblos”. En contraste, sostuvo, la comuna sostiene una forma de organización colectiva que desafía esa lógica de dominación.

La escuela como espacio estratégico para la vida comunal

Sobre el papel de la escuela en el contexto de la comuna, la pensadora ecuatoriana Irene León destacó que este espacio constituye “el punto de encuentro desde la primera niñez, el punto de encuentro de los pueblos, de la gente hasta la vida adulta”, donde se desarrolla un proceso formativo históricamente vinculado a la vida en comunidad.

Aunque reconoció que “la escuela capitalista no siempre ha respondido a esa idea”, subrayó que la propuesta educativa asociada a la comuna implica aprender a vivir con otros, construir conocimiento colectivamente, compartir aprendizajes y generar experiencias transformadoras.

Para León, los procesos educativos están “ineludiblemente vinculados a esta creación de una nueva vida a través de la vida comunal”, pero también a cualquier iniciativa de cambio profundo.

Recordó que la educación y el conocimiento son hoy “uno de los principales escenarios de disputa, no solo de la ideología y de la vida política, sino de todo. Se dice que estamos en la sociedad del conocimiento, y todo eso empieza por la escuela desde su más pequeña instancia”.

Reflexión final

En su mensaje final al pueblo venezolano, Irene León subrayó que en este momento histórico resulta imprescindible “pensar en la libertad del presidente Nicolás Maduro y de la diputada Cilia Flores”.

Afirmó que lo ocurrido forma parte de “una de las experiencias mundiales más duras que hemos tenido que vivir en la región”, vinculada a las nuevas formas de guerra cognitiva. Declaró que el operativo para secuestrar al presidente se basó en el uso de deepfakes, “mentiras profundas” generadas mediante inteligencia artificial para manipular percepciones y convencer a la población de falsedades.

León destacó que esta campaña alcanzó una escala sin precedentes: “Se estima que una persona necesitaría 158 años para absorber todo ese material” difundido en apenas una semana. Por ello, insistió en que en toda América Latina —y especialmente en Venezuela— es necesario mantenerse atentos y atentas ante estas formas de agresión que buscan desestabilizar países enteros.

Universidad Nacional de las Comunas UnaCom

Equipo Rectoral

Magaly Newton

Secretaria General

Vicerrectora de Formación e Investigación Comunal

Vicerrector para la Economía Comunal

Democracia y Sociedad Comunal

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